«Por eso, deberíamos tener mucha confianza en Dios al cumplir con todas estas obras de misericordia, tanto espirituales como corporales, que son el sentido de nuestras vidas». – Catalina McAuley1
Desde el principio, Catalina McAuley se dio cuenta de que la llamada a ayudar a los necesitados no dependía de las etapas de la vida ni de los roles formales, sino de escuchar con atención el clamor del pueblo de Dios. Hablaba de las obras de misericordia como «el sentido de nuestras vidas», y las describió como una respuesta a Dios que dura toda la vida, ofrecida libremente y sin distinciones.
A través de las generaciones, la experiencia de las Hermanas de la Misericordia da testimonio de esta verdad. Una y otra vez, las historias hablan de hermanas que, después de dejar los roles ministeriales de tiempo completo, continuaron participando en las obras de misericordia de maneras más discretas y, a menudo, invisibles. Lo que ha cambiado en las últimas décadas no es la práctica en sí, sino nuestra capacidad para darnos cuenta de ella, ponerle nombre y reflexionar sobre ella de manera consciente. Términos actuales como los ministerios de prejubilación2 y de la segunda etapa nos ayudan a reconocer, bendecir y valorar cómo las obras de misericordia siguen desarrollándose a lo largo de toda la vida de una hermana.
Vistos desde esta perspectiva, los ministerios de prejubilación y de segunda etapa no representan un alejamiento de la tradición de la Misericordia. Más bien, la expresan. Estos términos nos ayudan a articular lo que la tradición ha sostenido implícitamente durante mucho tiempo: el llamado a la misericordia perdura, se adapta y se profundiza, aun cuando los roles cambian y la energía se transforma con el paso de los años. La misericordia misma es una historia interminable, que continúa desarrollándose en nuevas formas a lo largo de toda la vida, mientras permanece arraigada en el mismo llamado evangélico que animó a Catalina McAuley y a sus primeras compañeras en la Casa de la Misericordia.
La tercera edad: Donde continúa la obra de la misericordia
Llegamos a comprender más plenamente los ministerios de prejubilación y de segunda etapa cuando prestamos atención a lo que muchas personas ahora llaman la tercera edad de la vida.3 Los avances en la longevidad durante el siglo XX abrieron este prolongado período de vida como un capítulo nuevo y significativo.4 La tercera edad suele referirse al último tercio de la vida, antes de la aparición de las limitaciones físicas y cognitivas significativas que suelen acompañar a la edad avanzada. Para muchas Hermanas de la Misericordia, este período de la vida puede extenderse durante dos o incluso tres décadas, ofreciendo una experiencia de vida y ministerio llena de gracia que las generaciones anteriores rara vez conocieron. Durante estos años, las obras de misericordia no disminuyen; encuentran una nueva profundidad, nuevos ritmos y nuevas maneras de bendecir tanto a la hermana como a quienes ella continúa sirviendo fielmente.
En lugar de señalar un momento de desaceleración, la tercera edad abre un espacio sagrado para continuar transformándose. Con menos roles y demandas impuestos desde el exterior, esta etapa de la vida invita a prestar una atención más profunda a la vida interior, a las relaciones y a los sutiles movimientos del Espíritu de Dios. El tiempo se expande. A menudo, las hermanas respiran con mayor libertad, escuchan con más atención y perciben lo que años de servicio misericordioso han formado y vuelto a formar lentamente en su interior. Durante este período de la vida, la identidad refleja cada vez más no lo que una persona hace, sino en quién se ha convertido.
La tercera edad también invita a las hermanas a hacerse amigas de sus vidas tal como son realmente. Al mirar retrospectivamente una vida moldeada por la comunidad y el ministerio, a menudo reconocen sus «alegrías y tristezas entremezcladas».5 Los momentos de profunda consolación conviven con experiencias de pérdida, decepción y duelo no resuelto. La fidelidad y el arrepentimiento, el sentido y el misterio, el éxito y las limitaciones: todo tiene su lugar. Esta revisión de la vida no invita a las hermanas a la nostalgia ni al juicio sobre sí mismas;6 más bien, abre un camino hacia la integración y la sanación. Cuando las hermanas repasan sus vidas con sinceridad, ternura y compasión, suelen descubrir una paz cada vez mayor, una aceptación más profunda de sí mismas y una confianza renovada en la misericordia fiel y eterna de Dios.
Muchas voces en nuestra tradición afirman la importancia espiritual de la tercera edad. Myles Sheehan, SJ,7 y Joyce Rupp, OSM,8 nos recuerdan que estos años siguen invitándonos a convertirnos en las personas que Dios desea que seamos. Karl Rahner, SJ, se expresa de forma aún más audaz, al calificar los últimos años de la vida como una dimensión insustituible de la vocación, un momento en el que la vida no se ve mermada, sino que alcanza su plenitud. El sentido no se agota; como sugiere Rahner, «El sentido de la vida de uno puede que aún se defina durante estos años».9 El Papa Francisco se hizo eco de esa misma esperanza cuando describió esta época como «No es momento de rendirse y bajar las velas, sino más bien un momento de resistencia duradera, en el que una nueva misión nos espera y nos invita a mirar hacia el futuro».10
En definitiva, la tercera edad nos invita menos a hacer y más a ser, a la presencia, a la disponibilidad y al testimonio silencioso de unas vidas profundamente marcadas por años de inmersión en «las cosas de nuestra vida», las obras de misericordia.
Jubilación o prejubilación: Una cuestión de discernimiento
La transición fuera del ministerio de tiempo completo marca uno de los pasajes más significativos en la vida de una Hermana de la Misericordia. Aunque el término jubilación no siempre ha formado parte de nuestro léxico religioso, toda hermana se encuentra, en algún momento, con la realidad de apartarse de un compromiso ministerial sostenido. Muchas viven esta transición como algo abrupto y desorientador. La pérdida de roles ministeriales mantenidos durante mucho tiempo, rutinas conocidas e identidades externas puede evocar duelo, vulnerabilidad, depresión y un sentido disminuido de propósito. Las relaciones que se han forjado a lo largo de años de ministerios conjuntos pueden cambiar, la rutina diaria puede volverse más flexible y las fuentes de apoyo a las que estás acostumbrado pueden desaparecer.
Tanto los estudios como la experiencia personal demuestran que la jubilación implica mucho más que un simple cambio logístico; ello da lugar a una transición profundamente humana y espiritual.11 Aunque al principio algunas hermanas sienten alivio al librarse de exigencias que llevaban mucho tiempo soportando, más adelante pueden notar que su satisfacción disminuye o sentir la necesidad de seguir participando de forma significativa.12 Los cambios en la energía física, la reestructuración de la comunidad y la posibilidad de tener que mudarse o renegociar las condiciones de convivencia pueden complicar aún más esta transición. En conjunto, estas circunstancias exigen un enfoque compasivo y gradual al dejar los ministerios a tiempo completo.
En este contexto, la prejubilación surge como una respuesta pastoral y discernida. En lugar de suponer un final brusco, la prejubilación marca el inicio de una transición suave, que permite que los ministerios, la identidad y las relaciones se vayan redefiniendo con el tiempo. Rinde homenaje a la capacidad de adaptación de una hermana, al tiempo que reafirma el deseo de seguir siendo resistente, comprometida, conectada y atenta a las necesidades. El hecho de estar a punto de jubilarse no significa que no haya limitaciones; en cambio, integra la limitación en una reinterpretación fiel de cómo se sigue ejerciendo el ministerio a través de las obras de misericordia en la tercera edad.
Prejubilación: La misericordia adquiere una nueva forma
Como ya se ha dicho, la prejubilación suele consistir en un alejamiento gradual del ministerio a tiempo completo a lo largo de muchos años. Durante la prejubilación, las hermanas no abandonan el ministerio; lo adaptan. Ajustan sus compromisos para que correspondan a su energía y capacidad, mientras mantienen ritmos de oración, de relación y de participación. Este cambio gradual favorece la continuidad y el equilibrio y reduce la sensación de ruptura que suele acompañar el apartarse abruptamente de años de compromiso ministerial.
La prejubilación ofrece beneficios significativos y multidimensionales. Psicológicamente, ayuda a las hermanas a replantear su identidad, no como la pérdida del ministerio, sino como un cambio fiel en la manera en que continúa su llamado a la misericordia. En el ámbito relacional, fomenta conexiones sostenidas con ministerios, comunidades y redes de apoyo mutuo, lo que ayuda a mitigar el aislamiento. Emocionalmente, el ritmo sereno de la prejubilación alivia el duelo y el estrés y permite que el cambio se desarrolle con constancia y resiliencia.
En el plano espiritual,13 la etapa previa a la jubilación te abre un espacio para la reflexión profunda. Al tener menos exigencias externas, las hermanas disponen de más tiempo para la oración, el descanso reflexivo,14 la dirección espiritual, la revisión de la vida y la integración. Las prácticas que llevamos tanto tiempo apreciando, como escribir un diario, la expresión artística y creativa, el contacto con la naturaleza y compartir la fe, suelen ocupar un lugar cada vez más central en nuestra vida cotidiana. A través de estas prácticas, la etapa previa a la jubilación fomenta una espiritualidad caracterizada por la atención, la presencia y la apertura a la llamada constante de Dios. La misericordia adopta nuevas formas, aunque su origen siga siendo el mismo.
Ministerios de la segunda etapa: La misericordia continúa desplegándose
El término “ministerios de la segunda etapa” describe, en lenguaje actual, las distintas obras de misericordia a las que se dedican las hermanas tras haber dejado atrás décadas de ministerio a tiempo completo. El hecho de llamar ministerios a estos compromisos supone una importante afirmación teológica: la misericordia no termina cuando concluye el compromiso ministerial formal. Más bien, las obras de misericordia continúan dondequiera que una hermana responda al pueblo de Dios con compasión, asistencia y presencia. La propia palabra, en inglés, “encore” (en español, los «bis» después de un espectáculo), tiene un toque de alegría y desenfado. Evoca la imagen de artistas que regresan al escenario, no por obligación, sino porque sus dones todavía tienen algo que ofrecer. De manera muy parecida, las hermanas que ya están en su tercera edad intercambian sabiduría, presencia y amor a través de los ministerios de la tercera etapa de la vida, que han forjado a lo largo de una vida de servicio fiel. Su ministerio merece reconocimiento, agradecimiento y bendiciones. ¡Se merecen un aplauso!
Los ministerios de la segunda etapa son fruto de años de respuesta fiel a las necesidades del pueblo de Dios. Al tener menos exigencias y presiones que las que antes exigía el ministerio a tiempo completo, las hermanas suelen ejercer su ministerio con una libertad más tranquila, una sabiduría más profunda y una atención llena de cariño. Sus ministerios siguen un ritmo más tranquilo, menos estructurado, más relajado y muy centrado en las relaciones. La presencia es primordial: la disposición a escuchar con atención, a acompañar a los demás con compasión y a fijarte en esos momentos y personas que, de otro modo, podrían pasar desapercibidos.
Los tipos de ministerios de segunda etapa en los que participan las hermanas son innumerables. Las hermanas pueden ofrecer una presencia compasiva en las residencias para personas mayores; brindar tutoría o mentoría; visitar parroquias u hogares; brindar acompañamiento espiritual; extender la hospitalidad; participar en despensas de alimentos y labores de alcance; o servir en ministerios internos de la congregación que fomentan la vida comunitaria y brindan asistencia. Estos ministerios pueden desarrollarse en silencio y sin reconocimiento, pero siguen siendo vitales. Se nutren de toda una vida de experiencia, compasión y profundidad espiritual, y encarnan las obras de misericordia de maneras especialmente adecuadas para esta etapa de la vida.
Conclusión: La historia interminable de la Misericordia
La prejubilación y los ministerios de la segunda etapa ofrecen un lenguaje contemporáneo para una forma de vida que las Hermanas de la Misericordia siempre han practicado: «el quehacer de nuestras vidas» no se acaba cuando terminas tu dedicación a tiempo completo al ministerio. Desde Catalina McAuley en adelante, las Hermanas de la Misericordia nunca han limitado las obras de misericordia a un ministerio o etapa particular de la vida. La misericordia ha fluido constantemente de la confianza en Dios y de la disponibilidad ante la necesidad. Al reconocer la importancia de la prejubilación; al ir dejando poco a poco el ministerio a tiempo completo y al dedicarnos a los ministerios de segunda etapa, reconocemos y valoramos un modelo de vida profundamente arraigado en la tradición de la Misericordia.
Este reconocimiento de las obras de misericordia en la tercera edad tiene un profundo significado pastoral y comunitario. Ayuda a las comunidades a darse cuenta, valorar y honrar el servicio que las hermanas siguen prestando tras años de ministerio a tiempo completo, un servicio que a menudo se desarrolla de forma discreta, en el ámbito de las relaciones y de manera formativa. Además, anima a las propias hermanas a ver estos años como una etapa llena de sentido y de gracia, marcada no por una pérdida de valor, sino por una libertad cada vez mayor para dedicarse a lo que más importa.
Al fin y al cabo, los ministerios de prejubilación, los de la segunda etapa nos ayudan a ver con más claridad que la misericordia no cierra un capítulo y se acaba; cuenta una historia interminable que se despliega al ritmo de cada respiración. A medida que profundizamos en nuestro seguimiento de Jesús en la tradición de Catalina McAuley, la fecundidad adopta nuevas formas y las obras de misericordia perduran. Catalina sabía bien que la confianza en Dios nos libera para seguir respondiendo con misericordia mientras tengamos la capacidad de hacerlo. Con esa confianza, la tercera edad no supone un final, sino nuevos capítulos de la historia interminable de la Misericordia, que sigue tomando forma a través de la fidelidad, la compasión y el amor.
Notas:
- Catalina McAuley, «El espíritu del Instituto», La correspondencia de Catalina McAuley 1818-1841, ed. Mary C. Sullivan, RSM (Baltimore, MD: Universidad Católica de América (2004), 462.
- En el contexto de este artículo, «prejubilación» no se refiere a un periodo de preparación para la jubilación. Más bien, es un periodo en el que una persona va dejando poco a poco su plena dedicación al ministerio, aunque sigue ayudando a los demás de diversas formas. A las personas que deciden jubilarse antes de tiempo por voluntad propia se les conoce como «prejubiladas».
- Un video corto, interesante y entretenido sobre la tercera edad es «Jane Fonda: El tercer acto de la vida» [«Jane Fonda: Life’s Third Act,»» TEDx Women 2011, 11 minutes, https://www.ted.com/talks/jane_fonda_life_s_third_act.
- A. Kalache, I. Voelcher, y M. Louvison. «El envejecimiento activo y la revolución de la longevidad», en Handbook of active ageing and quality of life: From concepts to applications [Manual sobre el envejecimiento activo y la calidad de vida: de los conceptos a las aplicaciones], eds. F. Rojo-Pérez y G. Fernández-Mayoralas (Switzerland, Springer Nature Publishing, 2021): 43–62, https://doi.org/10.1007/978-3-030-58031-5_3.
- Carta de Catalina McAuley a la Hermana M. Frances Warde, del 28 de mayo de 1841. En la Correspondencia de Catalina McAuley, 1818-1841, ed. Mary C. Sullivan, RSM (Baltimore, MD: The Catholic University of American, 2004), 401.
- A muchas les suena la costumbre de hacer un balance de vida en distintos momentos de la misma. La revisión de la vida es una oportunidad para promover la concientización sobre recuerdos y, quizá, conflictos del pasado que no se han resuelto, con el fin de reevaluarlos y resolverlos. Entre los resultados que se suelen mencionar están un mayor conocimiento de uno mismo, una mayor serenidad y, en gran medida, el mantenimiento de un funcionamiento psicológico saludable. La reflexión sobre la propia vida también puede animarte a avanzar hacia la gerotranscendencia. Véase Sherryl White, CSJ, «Gerotranscendence: A Fresh Look at Positive Aging» [«Gerotranscendencia: una nueva perspectiva sobre el envejecimiento positivo»]. Engaging Aging [Envejecer con ilusión], Oficina Nacional de Jubilación de los Religiosos (NRRO), 10, n.º 1 (2015), 1-6. https://www.usccb.org/about/national-religious-retirement-office/upload/Engaging-Aging-Newsletter-Spring-2015.pdf. Por último, Maya Angelou dijo una vez que echar la vista atrás a nuestra vida puede ofrecernos la oportunidad de «perdonarte a ti mismo por no saber lo que no sabías antes de aprenderlo».
- Myles N. Sheehan, SJ, «El envejecimiento como oportunidad», Human Development, 28, n.º 2 (2007), 20.
- Joyce Rupp, OSM. The Years of Ripening: Reflections on Aging in the Later Years [Los años de maduración: Reflexiones sobre el envejecimiento en la tercera edad] (Maryknoll, Nueva York: Orbis Books, 2025).
- Karl Rahner, SJ, «Growing Older» [«Envejecer»] in Prayer and Meditations: An Anthology of Spiritual Writings [Oraciones y meditaciones: una antología de escritos espirituales] (Nueva York: Crossroad Publishing Company, 1981), 91.
- Papa Francisco, «Mensaje con motivo de la Segunda Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores», 2022, https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/nonni/documents/20220503-messaggio-nonni-anziani.html.
- Quizá te interese el Inventario de Estrés Vital de Holmes-Rahe. Esta herramienta de autoevaluación te da una idea de cómo los cambios repentinos en nuestras vidas están asociados con el estrés. De los 43 cambios importantes en la vida que suelen provocar mucho estrés, ¡la jubilación ocupa el puesto número 10! Recuerda que las herramientas de autoevaluación nunca son la última palabra, sino que sirven para «romper el hielo» contigo mismo o con otra persona (por ejemplo, un director espiritual, un terapeuta, etc.). El Inventario de Estrés Vital de Holmes-Rahe lo puedes encontrar en https://www.aruplab.com/files/resources/clinic/lifestresstest.pdf. La Facultad de Medicina de Stanford, de la Universidad de Stanford, ha desarrollado un nuevo enfoque para la revisión de la vida. Quizá a algunas les interese ver este breve video en el que varias personas escriben una carta a sus seres queridos, respondiendo a siete preguntas que suelen incluirse en una reflexión sobre la vida. Cuando veas el video, ten a mano unos pañuelos. Proyecto «Cartas a amigos y familiares» https://med.stanford.edu/letter/friendsandfamily.html (7 min.) Echa también un vistazo al seminario web que ofrece el Instituto San Lucas, «Transiciones exitosas hacia la jubilación», impartido por Emily Cash, Psy.D. www.sliconnect.org Puedes ver este video y otros de forma gratuita tras registrarte para una prueba de dos semanas. Puedes ver este video y otros de forma gratuita tras registrarte para disfrutar de un periodo de prueba de dos semanas.
- Algunos investigadores lo llaman el «subidón de azúcar», que puede aparecer cuando uno deja atrás el trabajo de toda su vida.
- Hay estudios que indican que la espiritualidad y la práctica religiosa están tan estrechamente relacionadas con el bienestar como lo están la alimentación, el ejercicio, la estimulación mental, la autoeficacia y los vínculos sociales. Véase Hellen Lavretsky, «Spirituality and Successful Aging» [«Oraciones y meditaciones: una antología de escritos espirituales»],Aging Health, 6, n.º 6 (2010), p. 749.
- Constituciones de las Hermanas de la Misericordia de las Américas, §16.
