La Revista de la Asociación de la Misericordia para Escrituras y Teología

Memorias del lamento 

Confieso que soy una lectora empedernida, proveniente de una familia de lectores empedernidos. En 1975, mi madre estaba gravemente enferma y hospitalizada. Un domingo por la tarde, mi padre, mi hermana y yo nos reunimos en su habitación del hospital. Después de la charla de siempre, cada uno sacó un libro y empezamos a leer. A cualquiera que pasara por allí probablemente le parecería muy raro, pero para nosotros era una tarde o una noche cualquiera en nuestra casa. Aunque pensaba que yo había acuñado el término «biblioterapia», resulta que es un enfoque terapéutico reconocido que mi familia parece haber estado aplicando de forma natural. 

Más que un simple entretenimiento, para mí la lectura también me ha servido de facilitador de lo que Gustavo Gutiérrez, el teólogo dominico peruano, denominaba «acompañamiento»: la teología y la práctica pastoral del acompañamiento a los pobres y oprimidos.1 Caminar junto a los autores de lo que he denominado «memorias del lamento» me hace más sensible a su sufrimiento y al de los demás. En este ensayo te presento a cinco escritores que han abierto su corazón y su vida al lector.  

Richard Lischer, profesor emérito de la Duke Divinity School, escribió las memorias Stations of the Heart: Parting  with a Son [Las estaciones del corazón: Despedirse de un hijo] (Nueva York: Random House, 2015) siete años después de la muerte de Adam. Es un testimonio poderoso de los últimos 90 días, colmados de gracia, de la vida de Adam, marcados por la oración, el rito y un profundo amor. Cuando el cáncer de Adam vuelve a aparecer, Lischer escribe que Adam «había descubierto a un adversario que le obligaría a sacar todo el partido a sus capacidades… Se abrían ante él dos caminos distintos: eso lo llevaría por el laberinto de la quimioterapia y la radioterapia hacia un final incierto. El otro, que tenía su origen en su bautismo y se alimentaba de los rituales de su nueva comunidad, lo guiaría a través del laberinto hasta su verdadero destino» (84). Conscientes de que «el tratamiento moderno contra el cáncer es en sí mismo un ritual al que se le ha quitado la dimensión sagrada» (85), Adam y su esposa Jenny encuentran formas de introducir esa dimensión sagrada: asistiendo a la Misa todos los días, rezando los salmos y creando su propio vía crucis. Lo más conmovedor es la realidad de que, mientras la vida se va apagando en Adam, se está gestando en Elizabeth. Nueve días después del funeral de Adam, Jenny dio a luz a su hija, Elizabeth Adam. Estaciones del corazón, una obra llena de oraciones y rituales en su esencia más profunda, está impregnada de lamento, pero se sostiene gracias a la fe en la vida de la Resurrección. 

Otro teólogo, Richard Gaillardetz, comparte su experiencia de 20 meses con el cáncer de páncreas en While I Breathe, I Hope: A Mystagogy of Dying [Mientras respiro, espero: una mistagogia de la muerte] (Collegeville, Minnesota: Liturgical Press, 2024), recopilado póstumamente a partir de sus publicaciones habituales y muy personales en «CaringBridge», una página creada por su esposa, Diana.2 Rick, el único de estos autores al que conocía personalmente, empezó al principio a publicar noticias sobre su estado de salud, y más tarde decidió añadir algunas reflexiones espirituales y teológicas. Amigos y colegas lo instaron a publicarlas. Sabiendo que no viviría para ver el libro terminado en papel, Rick le pidió a su amiga y discípula, Grace Agolia, que le ayudara a editar y terminar el proyecto. Rick terminaba cada entrada diciendo Dum spiro, spero. A menudo atribuido a Cicerón; traducido del latín, dice: «Mientras respire, tengo esperanza», lo que se convirtió en el lema de Rick y también en el título de su libro. Estas memorias incluyen las obras de otros teólogos y poetas que atizan las brasas de la esperanza. Al no limitarse a registrarlos, se vuelve evidente cómo Rick sacó fuerza de ellos. Su corazón se hacía eco de la oración de Teilhard de Chardin: «Oh Dios, haz que comprenda que eres tú… quien está deshilachando dolorosamente las fibras de mi ser para penetrar hasta la médula misma de mi esencia y llevarme contigo».3 

En su prólogo a las magníficas memorias de Paul Kalinithi, When Breath Becomes Air [Cuando el aire se convierte en vida] (Nueva York: Random House, 2016), Abraham Verghese, él mismo un médico y escritor talentoso, capta el tesoro que es este libro de memorias. A los 36 años, tras haber pasado los últimos diez formándose como neurocirujano, a Kalinithi le diagnosticaron cáncer de pulmón en estadio IV. Estudiante de literatura y medicina, Kalinithi convirtió su interés, largamente acariciado, por la escritura en estas memorias atemporales que te dejarán sin aliento. Verghese anima a los lectores a «descubrir lo que significa seguir vivo, influir profundamente en la vida de los demás después de haberte ido, a través de tus palabras». «En un mundo de comunicación asincrónica… detente y vive este diálogo con mi joven colega fallecido, que ahora no tiene edad y perdura en la memoria» (xix). 

También diagnosticada con cáncer en estadio IV, en sus memorias Hoping for More: Having Cancer, Talking Faith, and Accepting Grace [Esperando más: el cáncer, hablar de la fe y aceptar la gracia] (Eugene, Oregón: Cascade Books, 2012), la teóloga Deanna A. Thompson se descubre acogida por el Cuerpo de Cristo virtual. Las memorias de Thompson son las más teológicas de este conjunto, algo no sorprendente porque es profesora universitaria que alienta a sus estudiantes a ser participantes y no observadores; a adentrarse en el misterio por sí mismos como modo de aprendizaje; a indagar y cuestionar y no simplemente memorizar datos. Se invita a los lectores a hacer lo mismo, cosechando abundantes recompensas, pues este lamento también es un relato de abundancia. Al igual que Galliardetz, Thompson se benefició de la comunidad de CaringBridge, que rebosa amabilidad, y ahora vive con lo que los oncólogos denominan «enfermedad estable». 

Las memorias de Chimamanda Ngozi Adichie sobre el duelo, Notes on Grief [Notas sobre el duelo] (Nueva York: Alfred A. Knopf, 2021), son un relato personal breve pero impactante sobre la muerte de su padre en el verano de 2020 por COVID-19. Con toques de meditación, recuerdo y esperanza, a mí me suena como el Libro de las Lamentaciones en cuanto a estilo y cadencia, aunque esté escrito en prosa y no en verso. Kathleen O’Connor describe el Libro de las Lamentaciones como una «potente obra de arte» a través de la cual «nos adentramos en un mundo aparte, un mundo creado por la sugerencia, la imagen y la metáfora».4 O’Connor podría estar describiendo las memorias de Adiche. 

Aunque muy diferentes, cada una de estas memorias de lamento nos muestra la senda del acompañamiento. Cuando las palabras no bastan, la presencia sí lo hace. Los escritores se convierten en mentores sabios y generosos al compartir sus vidas, sus dificultades y su esperanza inquebrantable, animándonos a acompañar a los demás en el camino hacia la vida. 


Notas:

  1. Gustavo Gutiérrez, A Theology of Liberation: History, Politics and Salvation [Una teología de la liberación: historia, política y salvación] (Maryknoll, Nueva York: Orbis, 1973). Véase también Raúl E. Zagarra, «Gustavo Gutierrez Accompanied God’s Suffering People» [«Gustavo Gutiérrez acompañó al pueblo de Dios que sufre»], The Christian Century (diciembre de 2024) https://www.christiancentury.org/features/gustavo-gutierrez-accompanied-god-s-suffering-people.
  2. CaringBridge es una plataforma de salud gratuita creada en 1997 como un espacio donde los pacientes y/o sus familias pueden compartir su experiencia. Ver https://www.caringbridge.org.
  3. Teilhard de Chardin, The Divine Milieu [El entorno divino] (Nueva York: Harper & Row, 1960), 89-90 citado en Gaillardetz, Mientras respiro, espero, 22.
  4. Kathleen M. O’Connor, Lamentations and the Tears of the World [Lamentaciones y las lágrimas del mundo] (Maryknoll, Nueva York: Orbis, 2002), 4.

imagen: Disponible en pixnio (dominio público).

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sobre el autor

  • Julia Upton, RSM, es la editora de The MAST Journal. Es Rectora Emérita y Profesora Distinguida en el Departamento de Teología y Estudios Religiosos de la Universidad de St John's (Nueve York), donde ha enseñado desde 1979. Tiene un doctorado en Teología de la Universidad de Fordham.

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