{"id":722,"date":"2025-05-15T00:43:08","date_gmt":"2025-05-15T04:43:08","guid":{"rendered":"https:\/\/themastjournal.org\/articles\/the-spirits-fire-and-catherines-passion\/"},"modified":"2025-05-22T15:01:37","modified_gmt":"2025-05-22T19:01:37","slug":"the-spirits-fire-and-catherines-passion-es","status":"publish","type":"article","link":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/the-spirits-fire-and-catherines-passion-es\/","title":{"rendered":"El fuego del Esp\u00edritu y la pasi\u00f3n de Catalina"},"content":{"rendered":"\n<p>En todo el Instituto rezamos para ser \u00abFormadas por el Fuego del Esp\u00edritu\u00bb.<sup>1<\/sup> Aunque todav\u00eda no vemos todo lo que el fuego de Dios desea crear en nosotras, nos encontramos, incluso cuando estamos solas, cantando el estribillo suplicante de Dolores Nieratka: \u00abEsp\u00edritu de toda sabidur\u00eda, Esp\u00edritu de la tierra, Enciende la brillante visi\u00f3n, Acelera el renacimiento. Esp\u00edritu de toda sabidur\u00eda, Esp\u00edritu de Dios, Toca nuestros corazones con tu fuego.<sup>2<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>De alguna manera sabemos, m\u00e1s all\u00e1 de toda duda, que el \u00e1vido fuego de nuestra vocaci\u00f3n personal y comunitaria como Hermanas de la Misericordia est\u00e1, incluso ahora, trabajando constantemente entre nuestros huesos secos y tendones. M\u00e1s que cualquier otra cosa en este mundo, deseamos rendirnos a esta llama. Nos damos cuenta de que no somos la fuente de la forma ardiente en la que esperamos convertirnos, sino s\u00f3lo la yesca lista: pobre, titilante, totalmente dependiente del fuego dise\u00f1ador de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>En este momento de discernimiento de la llama que se forma en nuestro interior, leemos &#8211; quiz\u00e1 por en\u00e9sima vez &#8211; nuestras Constituciones y Declaraci\u00f3n de Direcci\u00f3n, tratando de comprender lo que la \u00abconversi\u00f3n\u00bb significar\u00e1 realmente para nosotras. Sabemos, por encima de toda explicaci\u00f3n humana, que estos documentos no son simple ni principalmente creaci\u00f3n nuestra. En estos compromisos verbales que arden, elaborados hace cuatro a\u00f1os, la llama de la diligente remodelaci\u00f3n de nuestro \u00abestilo de vida y ministerios\u00bb por parte de Dios est\u00e1 acumulando energ\u00eda cada d\u00eda y buscando nuestra colaboraci\u00f3n. En estas palabras humanas, la visi\u00f3n encendida del propio Dios se nos ofrece realmente como la forma luminosa de nuestro renacimiento, si tan s\u00f3lo nos sometemos a ella. Nos damos cuenta de que la conversi\u00f3n a la que ahora se nos llama insistentemente no es s\u00f3lo un c\u00f3modo avivamiento de las brasas bajas y familiares. Sentimos que el Esp\u00edritu regenerador que hay en nosotras desea encender un fuego mucho m\u00e1s cr\u00edtico y profundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie puede realizar nuestra conversi\u00f3n personal y comunitaria por nosotras. Ni predecesoras ni supuestas sucesoras. Pero hay una persona que nos acompa\u00f1a incansablemente en nuestro encuentro actual con el fuego del Esp\u00edritu y que asiste ardientemente a nuestra remodelaci\u00f3n: una persona que nos ama y se preocupa profundamente de que nos reencendamos; una persona que es ella misma un ejemplo perdurable de la profundidad de la conversi\u00f3n que nace del Esp\u00edritu de Dios. Hemos dicho, quiz\u00e1 sin comprender del todo nuestras propias palabras, que deseamos estar \u00abanimadas\u00bb por su \u00abpasi\u00f3n por los pobres\u00bb y por el Evangelio que tan radicalmente inflam\u00f3 su vida. Ahora nos insta a conformar nuestras vidas y ministerios a la plena realidad de estas palabras; y, para animarnos, nos ofrece humildemente el recuerdo de su propio amor apasionado, su esperanza y su audacia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El amor de Catalina<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Cuando hablamos de la pasi\u00f3n de Catalina McAuley &#8211; su pasi\u00f3n por la Misericordia, su pasi\u00f3n por los pobres, su pasi\u00f3n por la vida y la obra de las Hermanas de la Misericordia &#8211; creo que estamos hablando de la creencia m\u00e1s profunda que animaba todo su ser y todo lo que hac\u00eda: su ardiente creencia en la unidad del amor de Dios y el amor al pr\u00f3jimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella sent\u00eda un amor incondicional por Dios y un amor ardiente por Jesucristo y por todo lo que Jes\u00fas es y ha hecho por nosotros. Cre\u00eda fervientemente que Cristo est\u00e1 realmente presente y llamando, con amor y por amor, en los rostros y las vidas de las personas pobres, enfermas, sin hogar, sin formaci\u00f3n, sin educaci\u00f3n y sin consuelo, moribundas y desesperadas. Ella cre\u00eda que las Hermanas de la Misericordia, y quienes desean asociarse con nosotras, est\u00e1n llamadas a encontrar este gran amor de Dios, y a llevar este gran amor y consuelo de Dios en y a cuantos sufren. Todo este ardor flu\u00eda vibrantemente de la creencia profunda y consumidora de Catalina de que Jes\u00fas el Cristo realmente se identifica con todos los seres humanos, y que podemos amar ardientemente al Dios que no vemos s\u00f3lo amando ardientemente a las hermanas y hermanos que s\u00ed vemos.<\/p>\n\n\n\n<p>El texto evang\u00e9lico sobre el reino de Dios en Mateo 25, al que se refiere dos veces en su Regla, no era un ideal lejano e inalcanzable, sino la llamada diaria y cotidiana de Jes\u00fas, a ella y a nosotras. \u00abVengan, benditos de mi Padre, &#8230; porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era emigrante y me recibieron, estaba desnudo y me vistieron, estaba enfermo y me visitaron, estaba encarcelado y me vinieron a ver&#8230; Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de \u00e9stos, mis hermanos menores, me lo hicieron a m\u00ed\u00bb (Mt 25,34 &#8211; 36,40).<\/p>\n\n\n\n<p>Catalina cre\u00eda verdaderamente en esta palabra de Jes\u00fas. Por eso, en su deseo cotidiano de amar al pr\u00f3jimo, era sincera, vehemente, de todo coraz\u00f3n. No fue comedida, cauta, autoprotectora, cautelosa, en la donaci\u00f3n de s\u00ed misma en el amor. En el coraz\u00f3n de su creencia en su vocaci\u00f3n como Hermana de la Misericordia estaba su deseo de parecerse a Jes\u00fas, y se daba cuenta de que, como \u00e9l, deb\u00eda sacrificarse por ese amor. Por lo tanto, estaba completamente dispuesta a renunciar a su propio placer y comodidad, a dejar de lado sus propias necesidades y preferencias, a renunciar a lo que la habr\u00eda consolado, a desplazarse, a entregarse, a dejarse moldear radicalmente por el fuego del Esp\u00edritu en aras del amor y la presencia de Cristo en quienes lo necesitaban. Ella realmente cre\u00eda y viv\u00eda el mayor mandamiento: \u00abAmar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios con <em>todo<\/em> tu coraz\u00f3n, con <em>toda<\/em> tu alma, con <em>toda<\/em> tu mente, con <em>todas<\/em> tus fuerzas [y] amar\u00e1s al pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb (Marcos 12,30-31).<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se habla de amor, es demasiado f\u00e1cil parecer superficial y sublime. Lo que intento decir es que Catalina se tom\u00f3 muy en serio la afirmaci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abTodo lo que hayan hecho a uno solo de estos, mis hermanos menores, me lo hicieron a m\u00ed\u00bb. Se levantaba de la cama a las 5:30 cada ma\u00f1ana, impulsada por esta creencia. Pas\u00f3 todos los d\u00edas durante siete meses en un hospital para enfermos de c\u00f3lera, imbuida de esta convicci\u00f3n. Acogi\u00f3 a mujeres e infantes sin hogar, embargada por esta convicci\u00f3n. Se arrodill\u00f3 junto a la cama de sus j\u00f3venes compa\u00f1eras agonizantes, dominada por esta creencia. Cre\u00f3 escuelas para ni\u00f1as abandonadas, impulsada por esta creencia. Emprendi\u00f3 largos y fatigosos caminos, consumida por esta creencia. Camin\u00f3 por las calles de Dubl\u00edn, Kingstown, Limerick, Galway y Birr, con todo tipo de clima, consumida por esta creencia. Entr\u00f3 reverentemente en las moradas de enfermos y pobres, llena de esta creencia. Cuando dec\u00eda: \u00abDios sabe que prefiero pasar fr\u00edo y hambre a que los pobres de Kingstown o de cualquier otro lugar se vean privados de cualquier consuelo que podamos ofrecerles\u00bb<sup>3<\/sup> lo dec\u00eda en serio, y a menudo pas\u00f3 fr\u00edo y hambre por ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Catalina cre\u00eda que nuestra vocaci\u00f3n como Hermanas de la Misericordia es una llamada a dar <em>todo lo<\/em> que somos y tenemos por el bien de los queridos pobres de Dios. Por lo tanto, no se conten\u00eda, no consultaba sus propios intereses, no racionaba su presencia a quienes la necesitaban, no guardaba dinero o energ\u00eda para un d\u00eda lluvioso, no se retiraba de amar. A menudo renunciaba a su propia cama, era la \u00faltima en comer en las comidas, eleg\u00eda los medios de transporte m\u00e1s baratos, a menudo dorm\u00eda en el suelo de las nuevas fundaciones antes que retrasar la obra de Misericordia hasta que estos conventos estuvieran terminados, y su ropa interior era, seg\u00fan sus compa\u00f1eras, de la \u00abm\u00e1s miserable descripci\u00f3n\u00bb, ella que una vez hab\u00eda vestido con gran estilo y conducido un hermoso carruaje suizo. Como dijo una de sus primeras compa\u00f1eras: \u00abCada talento y cada penique que pose\u00eda nuestra querida fundadora los hab\u00eda dedicado a los pobres\u00bb (Clare Augustine Moore, \u00abMemorias\u00bb).<sup>4<\/sup> Y una mujer que acogi\u00f3 a un ni\u00f1o abandonado en la Casa de Misericordia dijo una vez de ella: \u00abMe hizo sentir lo que son la verdadera caridad y religi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Catalina cre\u00eda que ser Hermana de la Misericordia es un sacrificio de s\u00ed misma por el reino de Dios, un sacrificio encendido por la propia donaci\u00f3n de Jes\u00fas, un sacrificio prometido en la profesi\u00f3n de los votos, pero consumado s\u00f3lo en la voluntad de toda la vida de derramarse, en la donaci\u00f3n diaria, la entrega constante, que estos votos implican y deben evocar. Para ella, era una forma gozosa de pasar la vida. El mismo d\u00eda de su muerte, le dijo a Mary Vincent Whitty, una joven profesa de <em>Baggot Street<\/em>: \u00abSi te entregas enteramente a Dios &#8211; todo lo que tienes para servirle -, cada poder de tu mente y de tu coraz\u00f3n, tendr\u00e1s un consuelo que no sabr\u00e1s de d\u00f3nde viene\u00bb (Carta a Mary Cecilia Marmion, 12 de noviembre de 1841).<sup>5<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Catalina cre\u00eda que ella y nosotras a menudo no somos capaces de mantener la plenitud del don que una vez nos propusimos: olvidamos que nos hemos entregado por completo a los amorosos prop\u00f3sitos de Dios, empezamos a guardar peque\u00f1as porciones de nuestra vida, pasamos por alto la \u00abletra peque\u00f1a\u00bb de los votos que hemos profesado. Pero tambi\u00e9n cre\u00eda que el Esp\u00edritu fiel de Dios renueva y alimenta cada d\u00eda este don de nosotras mismas, y que nunca somos demasiado mayores para aprender a ser m\u00e1s plenamente lo que decimos ser.<\/p>\n\n\n\n<p>Clare Moore dice que el deseo de Catalina de \u00abparecerse\u00bb a Jes\u00fas en su propio amor misericordioso era \u00absu resoluci\u00f3n diaria, y la lecci\u00f3n que repet\u00eda constantemente\u00bb. Sol\u00eda decir a las primeras hermanas: \u00abEsfu\u00e9rcense siempre por asemejarse a \u00c9l, deben intentar parecerse a \u00c9l en alguna cosa al menos, para que cualquier persona que las vea, o hable con ustedes, pueda recordar Su bendita vida en la tierra\u00bb (Cr\u00f3nicas de Bermondsey).<sup>6<\/sup> Atesoraba los hechos evang\u00e9licos y las palabras de Jes\u00fas, y a menudo dec\u00eda a sus primeras compa\u00f1eras: \u00abSi sus benditas palabras deben ser reverenciadas por todas, con qu\u00e9 amorosa devoci\u00f3n debe la religiosa grabarlas en su memoria y tratar de reducirlas a la pr\u00e1ctica\u00bb (Cr\u00f3nicas de Bermondsey).<sup>7<\/sup> Ella deseaba que fu\u00e9ramos una comunidad de amor tan transparente, un fuego de amor ardiente por las personas, que la gente realmente nos viera a cada una de nosotras como el Cristo amoroso, incluso mientras nos acercamos al Cristo amoroso que hay en ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>La propia Catalina era el mejor ejemplo de lo que quer\u00eda decir. El celo generoso de su propia caridad, la llama inextinguible de su propio amor, eran realmente fervientes e incansables, incluso cuando estaba &#8211; como a veces admit\u00eda &#8211; cansada, nerviosa, enferma, perpleja u oprimida por los cuidados. En la dedicaci\u00f3n de la capilla de <em>Baggot Street<\/em> en junio de 1829, cuando ella, a los cincuenta y un a\u00f1os, apenas comenzaba la obra de amor de sus \u00faltimos a\u00f1os, su buen amigo, Michael Blake, predic\u00f3 el serm\u00f3n y dijo de ella: \u00abVeo a la se\u00f1orita McAuley como una&#8230; especialmente dotada de bendici\u00f3n: su coraz\u00f3n rebosa de la caridad del Redentor cuyo fuego que todo lo consume bulle en su interior\u00bb (El Manuscrito Limerick).<sup>8<\/sup> Catalina cre\u00eda profundamente en este Fuego habilitador del amor de Dios. Estaba dispuesta a ser impulsada por \u00e9l cada ma\u00f1ana, y a ser consumida por \u00e9l cada d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En una hoja en blanco en el anverso de su ejemplar de <em>Diario de meditaciones para cada d\u00eda del a\u00f1o<\/em>, Catalina escribi\u00f3 esta oraci\u00f3n, que rezaba cada ma\u00f1ana por la comunidad de <em>Baggot Street<\/em>: \u00abVen Esp\u00edritu Santo, habita en nuestros corazones y enciende en ellos el fuego de tu divino amor&#8230; conc\u00e9denos, te pedimos, la plenitud de tu divino Esp\u00edritu, y reg\u00e1lanos estar abiertas a las inspiraciones de tu Gracia&#8230;\u00bb. Esta sencilla oraci\u00f3n, con todo el amor generoso y la propia donaci\u00f3n que pide y promete, es el coraz\u00f3n de lo que ella cre\u00eda, para s\u00ed misma y para nosotras. Ella la reza ahora por nosotras, mientras contemplamos el fuego modelador del Esp\u00edritu e intentamos comprender lo que significa realmente decir: \u00abEl amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo que se nos ha dado\u00bb (Rm 5,5).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La esperanza de Catalina<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Catalina conceb\u00eda su vida y la de nuestra comunidad como una peregrinaci\u00f3n, un camino, un avanzar con esperanza, \u00abconfiando enteramente en la Providencia de Dios\u00bb (Neumann, ed. 353).<sup>9<\/sup> Menos de dos meses antes de morir, dijo a Mary Ann Doyle: \u00abSiempre hemos confiado en gran medida en la Divina Providencia y lo continuaremos haciendo\u00bb (Neumann, ed. 376).<sup>10<\/sup> Pero no fue pasiva en este camino. Como escribi\u00f3 a Frances Warde: \u00abmientras depositamos toda nuestra confianza en Dios, debemos actuar como si todo dependiera de nuestro esfuerzo\u00bb (Neumann, ed. 256).<sup>11<\/sup> As\u00ed, un movimiento confiado y en\u00e9rgico hacia adelante, en la fuerza de la presencia eficaz de Dios, caracteriz\u00f3 toda su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando viv\u00eda con los Callaghan, ten\u00eda la esperanza de poder alquilar alg\u00fan d\u00eda algunas habitaciones para acoger a las j\u00f3venes que corr\u00edan peligro en las calles de Dubl\u00edn. Cuando recibi\u00f3 la herencia de los Callaghan y empez\u00f3 a construir la gran casa de <em>Baggot Street<\/em>, tem\u00eda la magnitud de lo que hab\u00eda emprendido y esperaba que Dios la ayudara a llevarlo a cabo. Cuando Edward Armstrong, su m\u00e1s firme defensor, muri\u00f3 en mayo de 1828, ella esperaba tener el valor de seguir el consejo que \u00e9l le dio en repetidas ocasiones: \u00abNo pongas toda tu confianza en ning\u00fan ser humano, sino s\u00f3lo en Dios\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el clero y los laicos criticaron duramente a la comunidad de <em>Baggot Street<\/em>, y la llamaron advenediza y charlatana, y ella temi\u00f3 que las obras de Misericordia que hab\u00edan comenzado llegaran a su fin, esper\u00f3 que Dios la guiara a trav\u00e9s de esta controversia. Cuando ella y sus compa\u00f1eras decidieron fundar una nueva congregaci\u00f3n religiosa y tres de ellas se fueron a George&#8217;s Hill, esperaba que la comunidad de <em>Baggot Street<\/em> sobreviviera en su ausencia. Cuando las Hermanas de la Presentaci\u00f3n le insinuaron que no la dejar\u00edan profesar si no permanec\u00eda en su orden, confi\u00f3 en la misteriosa ayuda de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Catalina expres\u00f3 una sola esperanza para las Hermanas de la Misericordia: que vivieran en uni\u00f3n y caridad, y confiaran en la ayuda misericordiosa de Dios.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Caroline Murphy muri\u00f3 mientras Catalina estaba en George&#8217;s Hill, y luego Anne O&#8217;Grady, Elizabeth Harley y su propia sobrina Mary Teresa murieron en los dos primeros a\u00f1os, ella esperaba que la muerte no destruyera la joven comunidad. Cuando las fundaciones fueron a Tullamore, Carlow y Cork con muy poco dinero para vivir, y a Charleville sin perspectivas de postulantes, y a Birr sin ingresos asegurados, esperaba que Dios las proveyera. Cuando nombr\u00f3 a mujeres j\u00f3venes como superioras de las nuevas fundaciones &#8211; Mary Ann Doyle ten\u00eda 25 a\u00f1os, Frances Warde 27, Clare Moore 23, Juliana Hardman 28 &#8211; se someti\u00f3 a su autoridad y confi\u00f3 en que Dios las dirigir\u00eda. Cuando el ministerio de cada nueva fundaci\u00f3n result\u00f3 ser diferente del de la anterior, y diferente del de <em>Baggot Street<\/em>, confi\u00f3 en la misericordia de estas mujeres y en la gu\u00eda infalible de Dios. Al final, Catalina expres\u00f3 una sola esperanza para las Hermanas de la Misericordia: que vivieran en uni\u00f3n y caridad, y confiaran en la ayuda misericordiosa de Dios. Si hac\u00edan esto, todo lo dem\u00e1s vendr\u00eda por a\u00f1adidura.<\/p>\n\n\n\n<p>La esperanza de Catalina no era un deseo f\u00e1cil de su propio bienestar o realizaci\u00f3n personal, ni una invocaci\u00f3n hist\u00f3rica de la resurrecci\u00f3n de Cristo, sino una \u00abesperanza contra toda esperanza\u00bb (Romanos 4,18) ante la aflicci\u00f3n humana generalizada. La suya era una esperanza tenaz y activa al servicio del bienestar deseado por Dios para las personas pobres, enfermas, agonizantes, abandonadas e injustamente tratadas. Era el tipo de esperanza tenaz que suscita con urgencia el sufrimiento humano y conduce a la fatiga piadosa de la cruz de Jes\u00fas, donde comienza toda aut\u00e9ntica oraci\u00f3n por la acci\u00f3n de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Ninguna historia de la vida de Catalina ilustra tan tiernamente su esperanza como su agotador servicio en el improvisado hospital del c\u00f3lera. Como explica Clare Augustine Moore:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>El primer brote de c\u00f3lera estall\u00f3 en Irlanda en 1832, y la gente estaba muy mal preparada para \u00e9l por los terribles relatos de su virulencia en otros pa\u00edses. Ciertamente fue una visita terrible. Las muertes fueron tantas, tan repentinas y misteriosas que la gente pobre e ignorante cre\u00eda que los m\u00e9dicos envenenaban a sus pacientes, y como era necesario enterrarlos inmediatamente, se dec\u00eda que muchas personas hab\u00edan sido enterradas vivas&#8230; Fue en estas circunstancias cuando la Rvda. Madre ofreci\u00f3 sus servicios al hospital del c\u00f3lera, Townsend Street&#8230; Habiendo aprobado el Arzobispo esta medida, las hermanas comenzaron sus tareas para gran consuelo de pacientes y m\u00e9dicos; pero la fatiga que sufr\u00edan era terrible. La Rvda. Madre describi\u00f3 a algunas de nosotras a las hermanas que regresaban pasadas las 9, se aflojaban los cordones en las escaleras y se deten\u00edan, vencidas por el sue\u00f1o (\u00abMemorias\u00bb).<\/em><em><sup>12<\/sup><\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>La propia Catalina permaneci\u00f3 en el hospital la mayor parte del d\u00eda, atendiendo a quienes pod\u00edan salvar la vida, consolando a agonizantes, evitando entierros err\u00f3neos y supervisando a las enfermeras voluntarias. La imagen de su cuerpo desplomado en las escaleras de caracol de <em>Baggot Street<\/em> es un v\u00edvido emblema de la magnitud de su entrega y del tipo de esperanza hasta las \u00faltimas consecuencias que ella y el fuego del Esp\u00edritu desear\u00e1n ver en nosotras al final del d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La audacia de Catalina<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Catalina ten\u00eda una opini\u00f3n extraordinariamente humilde de s\u00ed misma y de su papel como fundadora de las Hermanas de la Misericordia, un t\u00edtulo que nunca utiliz\u00f3 para s\u00ed misma. Era humilde a sus propios ojos, y a menudo atribu\u00eda los sufrimientos y pruebas de la comunidad a sus propios errores y fracasos, hasta tal punto que Clare Moore dice de ella: \u00abMe dol\u00eda o\u00edrla condenarse y culparse tanto a s\u00ed misma\u00bb (Carta a Clare Augustine Moore, 1\u00b0 de septiembre de 1844).<sup>13<\/sup> Cualquiera que hayan sido las causas externas de la estimaci\u00f3n que Catalina ten\u00eda de s\u00ed misma &#8211; una puede f\u00e1cilmente imaginar algunas de ellas, y lamentarlas &#8211; su humildad fue concebida y arraigada en otra parte, en su ferviente reflexi\u00f3n sobre la vida de Jes\u00fas, sobre su humilde presencia entre quienes serv\u00eda, y sobre las humillaciones de su pasi\u00f3n y muerte, que se dice que la conmovieron hasta las l\u00e1grimas.<\/p>\n\n\n\n<p>Su veracidad ante el misterio de la insondable modestia de Dios en Jes\u00fas fue evidentemente una aflicci\u00f3n profundamente pac\u00edfica dentro de la intimidad de su propio coraz\u00f3n, pero no la hizo t\u00edmida p\u00fablicamente. Al contrario, su humildad parece haber sido la condici\u00f3n de posibilidad de la audacia que Dios le dio como defensora de las personas empobrecidas, y de su abierta y audaz promoci\u00f3n de las Hermanas de la Misericordia <em>por el bien de<\/em> los pobres. Ten\u00eda en estos asuntos la virtud apost\u00f3lica de la audacia &#8211; lo que la Escritura llama <em>parres\u00eda &#8211;<\/em>, el atreverse p\u00fablicamente, el valor de hablar y actuar en nombre de la audaz misi\u00f3n de Dios en Cristo Jes\u00fas.<sup>14<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Catalina estaba apasionadamente convencida de que la vida religiosa en el Instituto de las Hermanas de la Misericordia era nada menos que un don de Dios dado a la Iglesia y al mundo para la edificaci\u00f3n de la redenci\u00f3n de todo el pueblo amado de Dios, especialmente de las personas m\u00e1s desatendidas y oprimidas. Para ella, el florecimiento del Instituto se deb\u00eda precisamente al florecimiento de la ardiente misi\u00f3n de Dios entre la gente pobre de este mundo. Por eso no ocult\u00f3 a la comunidad a puerta cerrada, como un tesoro privado y personal de sus primeras integrantes. Deseaba firmemente que el Instituto creciera, tanto en n\u00famero como en extensi\u00f3n geogr\u00e1fica, para que el reino del amor redentor de Dios &#8211; \u00abel fuego que Cristo arroj\u00f3 sobre la tierra\u00bb, como ella lo llamaba &#8211; fuera cada vez m\u00e1s grande.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Catalina siempre busc\u00f3 formas audaces pero naturales de llegar y permitir que la vida y la obra de las Hermanas de la Misericordia se conocieran mejor&#8230;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro lugar y nuestro tiempo no son Irlanda ni la d\u00e9cada de 1830. Pero, aun as\u00ed, lo que Catalina hizo para alimentar el crecimiento continuo de las Hermanas de la Misericordia puede inspirarnos mientras buscamos refundar nuestro estilo de vida e invitar a muchas otras mujeres a unirse a nosotras en el compromiso de los votos con la misi\u00f3n permanente de la Misericordia de Dios. Hemos dicho que deseamos ser \u00abmoldeadas por el fuego del Esp\u00edritu\u00bb. Un aspecto crucial de nuestra formaci\u00f3n a largo plazo ser\u00e1 la curaci\u00f3n de nuestro silencio y timidez sobre nosotras mismas, y el renacimiento de nuestra audacia apost\u00f3lica al proclamar por qu\u00e9 somos lo que somos, y al animar a otras a unirse a nosotras, hasta que la misi\u00f3n liberadora de Cristo entre las personas marginadas y despreciadas de este mundo se haya completado.<\/p>\n\n\n\n<p>Catalina siempre busc\u00f3 formas audaces pero naturales de llegar y permitir que la vida y el trabajo de las Hermanas de la Misericordia se conocieran mejor por las familias y los sacerdotes, y especialmente por las mujeres que podr\u00edan considerar unirse a la comunidad. Por ejemplo, la oraci\u00f3n vespertina de la primera comunidad de <em>Baggot Street<\/em> estaba abierta a la gente del barrio, y las mujeres y ni\u00f1as que viv\u00edan cerca se un\u00edan a esta oraci\u00f3n. Al parecer, \u00a1s\u00f3lo robaron una silla! La capilla de <em>Baggot Street<\/em> estaba abierta al p\u00fablico, y muchas personas acud\u00edan all\u00ed para la eucarist\u00eda dominical (hasta 1834, cuando el p\u00e1rroco cerr\u00f3 la capilla al p\u00fablico). A excepci\u00f3n de la primera ceremonia de recepci\u00f3n en <em>Baggot Street<\/em> en enero de 1832, todas las ceremonias de recepci\u00f3n y profesi\u00f3n estaban abiertas al p\u00fablico. En las fundaciones situadas fuera de Dubl\u00edn casi siempre ten\u00edan lugar en la iglesia parroquial, y eran precedidas por una procesi\u00f3n hasta la iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Catalina y las dem\u00e1s hermanas mantuvieron un buen contacto con sacerdotes y directores espirituales, y les dieron a conocer la vida y el trabajo de las Hermanas de la Misericordia para que estuvieran bien informados cuando aconsejaran a las mujeres. Involucr\u00f3 a las mujeres laicas en los ministerios de <em>Baggot Street<\/em> y de las nuevas fundaciones, y acogi\u00f3 a asociadas y voluntarias. Ella escribi\u00f3 cartas a posibles candidatas, explic\u00e1ndoles la vida religiosa de la comunidad e invit\u00e1ndolas a venir y ver.<\/p>\n\n\n\n<p>Organiz\u00f3 un Serm\u00f3n de Caridad p\u00fablico anual en el que el predicador describ\u00eda la vida y el prop\u00f3sito de las Hermanas de la Misericordia y solicitaba la participaci\u00f3n personal y financiera para esa vida. En Dubl\u00edn, despu\u00e9s del primer a\u00f1o, estos sermones se celebraban en la iglesia parroquial. En las iglesias parroquiales de las dem\u00e1s fundaciones se celebraban sermones similares. Tambi\u00e9n se encargaba de que, en el primer mes de cada nueva fundaci\u00f3n, se celebrara una recepci\u00f3n o ceremonia de profesi\u00f3n en la ciudad y se invitara al p\u00fablico. Siempre que pod\u00eda, y a veces los obispos respectivos no lo permit\u00edan, aceptaba a mujeres pobres en la comunidad, con poca o ninguna dote.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de todos los sentimientos dolorosos engendrados en los irlandeses por el gobierno brit\u00e1nico durante la \u00e9poca penal, y a pesar de las actitudes contrarias a los conventos, fund\u00f3 dos conventos en Inglaterra: en Londres y en Birmingham. El de Bermondsey fue el primer convento cat\u00f3lico fundado en Londres desde la Reforma. Siempre esperaba que cada nueva fundaci\u00f3n fuera completada y continuada por nuevas integrantes procedentes de esa localidad, y rezaba la Oraci\u00f3n de Treinta D\u00edas en cada nuevo lugar por este don de Dios. Inst\u00f3 a que la renovaci\u00f3n anual de votos en cada comunidad de fuera de Dubl\u00edn se hiciera en la iglesia parroquial, y ella misma dirigi\u00f3 esta renovaci\u00f3n en Birr el 1\u00b0 de enero de 1841.<\/p>\n\n\n\n<p>En innumerables formas p\u00fablicas, Catalina trat\u00f3 de llegar a las mujeres que podr\u00edan llegar a ser miembros de la comunidad y animarlas a integrarse en las Hermanas de la Misericordia. Ella cre\u00eda que Cristo estaba encendiendo el fuego de este tipo de amor misericordioso y esperanza en la tierra, y que era su obligaci\u00f3n constante alimentarlo y ayudarlo a encenderse, dando a conocer m\u00e1s ampliamente el prop\u00f3sito esperanzador, amoroso y alegre de la comunidad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Zapatos de Catalina<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>El d\u00eda de su muerte, muy temprano por la ma\u00f1ana, Catalina pidi\u00f3 a Teresa Carton un poco de papel de estraza y cordel; despu\u00e9s at\u00f3 sus zapatos caseros y pidi\u00f3 que se pusiera el fardo en el fuego de la cocina y se removieran las brasas hasta que se consumiera su contenido. Ella, que hab\u00eda caminado y caminado por el bien de quienes lo necesitaban, entregaba ahora sus zapatos gastados a Dios y a nosotras. Como Mois\u00e9s ante la zarza ardiente y Josu\u00e9 ante el mensajero de Dios, entr\u00f3 descalza en su \u00faltimo encuentro hist\u00f3rico con el Dios misericordioso a quien tanto hab\u00eda amado y en quien tanto hab\u00eda confiado.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus zapatos han pasado ahora, en un sentido verdadero, a nosotras, para que podamos caminar por las calles por las que ella camin\u00f3, con la misma misericordia, esperanza y alegr\u00eda; para que podamos encontrar y llevar el mismo consuelo de Dios en y a todas las personas desesperadamente necesitadas; y para que, siguiendo sus pasos, podamos proclamar con valent\u00eda la misi\u00f3n salvadora de Cristo y nuestra propia adhesi\u00f3n, dada por Dios, al florecimiento de esta obra sagrada.<\/p>\n\n\n\n<p>El fuego del Esp\u00edritu por el que nosotras, como Catalina, anhelamos ser transformadas no se encuentra en un lugar remoto y abstracto. Est\u00e1, incluso ahora, ardiendo en las cocinas ordinarias y cotidianas de nuestras mentes y corazones, donde comienza toda verdadera conversi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Notas<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>1. Comit\u00e9 Directivo del Cap\u00edtulo, Carta a las Hermanas y Asociadas del Instituto de las Hermanas de la Misericordia de las Am\u00e9ricas, 20 de julio de 1994.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Dolores Nieratka, RSM, \u00abEsp\u00edritu\u00bb. Esta canci\u00f3n de encuentro fue cantada durante el Proceso de Reflexi\u00f3n de la Comunidad Regional, septiembre-octubre de 1994.<\/p>\n\n\n\n<p>3. Carta a Hermana M. Teresa White, en Las Cartas de Catalina McAuley, ed. por Hermana Mary Ignatia Neumann, RSM. Baltimore: Helicon, 1969, p. 142.<\/p>\n\n\n\n<p>4. Clare Augustine Moore, \u00abMemorias\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>5. Los textos completos de todos los manuscritos de archivo citados en esta reflexi\u00f3n se presentan en mi pr\u00f3ximo libro, <em>Catalina McAuley: La tradici\u00f3n de la Misericordia<\/em>, que publicar\u00e1 Four Courts Press (Blackrock, Dubl\u00edn) en 1995.<\/p>\n\n\n\n<p>6. Carta a Mary Cecilia Marmion, 12 de noviembre de 1841.<\/p>\n\n\n\n<p>7. Cr\u00f3nicas de Bermondsey.<\/p>\n\n\n\n<p>8. Ibid.<\/p>\n\n\n\n<p>9. El Manuscrito de Limerick.<\/p>\n\n\n\n<p>10. Carta a Hermana M. Ann Doyle en Neumann, ed., Cartas, p. 353.<\/p>\n\n\n\n<p>11. Carta a Hermana M. Ann Doyle en Neumann, ed., Cartas, p. 376.<\/p>\n\n\n\n<p>12. Carta a Hermana M. Frances Warde en Neumann, ed., Cartas, p. 256.<\/p>\n\n\n\n<p>13. Clare Augustine Moore, \u00abMemorias\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>14. Carta a Clare Augustine Moore, 1\u00b0 de septiembre de 1844.<\/p>\n\n\n\n<p>15. Ver el ensayo de Karl Rahner, \u00abParresia (audacia)\u00bb, en <em>Investigaciones teol\u00f3gicas<\/em> 7 (Londres: Darton, Longman y Todd, 1971), 260-67.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-pale-cyan-blue-background-color has-background\">Publicado originalmente en ingl\u00e9s en&nbsp;<em>The MAST Journal&nbsp;<\/em>Volumen 5 N\u00famero 2 (1993).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-article pdfprnt-bottom-right\"><a href=\"https:\/\/themastjournal.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/article\/722?print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><span class=\"pdfprnt-button-title pdfprnt-button-pdf-title\">Print or Save as PDF<\/span><\/a><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En todo el Instituto rezamos para ser \u00abFormadas por el Fuego del Esp\u00edritu\u00bb. 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