{"id":428,"date":"2025-05-15T00:44:59","date_gmt":"2025-05-15T04:44:59","guid":{"rendered":"https:\/\/themastjournal.org\/?post_type=article&#038;p=428"},"modified":"2025-05-23T09:34:55","modified_gmt":"2025-05-23T13:34:55","slug":"consolar-y-animar-la-obra-generativa-de-catalina-mcauley-es","status":"publish","type":"article","link":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/consolar-y-animar-la-obra-generativa-de-catalina-mcauley-es\/","title":{"rendered":"Consolar y animar:\u00a0La obra generativa de Catalina McAuley"},"content":{"rendered":"\n<p>En este ensayo deseo explorar los conceptos de Catalina McAuley de consolar y animar, con los que creo que defini\u00f3 tanto su propia y \u00fanica contribuci\u00f3n a la fundaci\u00f3n de las Hermanas de la Misericordia, como dos obras esenciales de quienes personalmente impulsar\u00edan la refundaci\u00f3n de la misi\u00f3n de las Hermanas de la Misericordia en este siglo y en el siguiente. \u00abConsolar\u00bb y \u00abanimar\u00bb figuran entre las palabras m\u00e1s utilizadas en el vocabulario personal de Catalina. Son verbos extrovertidos, vigorizantes y vivificadores, que representan para ella tanto la acci\u00f3n misericordiosa de Dios respecto a nuestra persona, como dos aspectos de la respuesta misericordiosa que Dios nos pide en Cristo Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>La atracci\u00f3n caracter\u00edstica de Catalina por estos verbos (y sus formas sustantivas y adjetivadas) es una pista ling\u00fc\u00edstica importante de su definici\u00f3n operativa de una actitud de misericordia, y de la sencillez de su autocomprensi\u00f3n como \u00abfundadora\u00bb.<sup>1<\/sup> Estas palabras, que ella utiliza con tanta frecuencia, no s\u00f3lo dan una idea de su cristolog\u00eda, pneumatolog\u00eda y eclesiolog\u00eda impl\u00edcitas, sino que tambi\u00e9n definen los esfuerzos centrales de lo que ella considerar\u00eda el proyecto evang\u00e9lico fundamental de las Hermanas de la Misericordia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Consolar a las personas afligidas:<\/h2>\n\n\n\n<p>En su carta del 28 de agosto de 1844, Clare Moore, una de las primeras asociadas de Catalina, relata la conmovedora historia de Catalina y Mary Ann Redmond:<\/p>\n\n\n\n<p><em>En julio [de 1830], antes de que Rvda. Madre fuera a George&#8217;s Hill, fue enviada por Dr. [Michael]&nbsp;Blake para atender a una joven con una hinchaz\u00f3n blanca en la rodilla.&nbsp;Su padre y su madre hab\u00edan muerto, y no ten\u00eda a nadie con ella, salvo una joven prima inexperta y una enfermera rural de avanzada edad.&nbsp;Se llamaba Mary Ann Redmond y era de Waterford o Cork.&nbsp;Los primeros m\u00e9dicos que la atendieron juzgaron necesario amputarle la extremidad. Dr. Blake le pidi\u00f3 a Rvda. Madre que le permitiera estar en Baggot St. para la operaci\u00f3n, ya que estaba tan sola y sin amistades.&nbsp;La caridad de Rvda. Madre consinti\u00f3 de inmediato, fue alojada en la gran habitaci\u00f3n que ahora est\u00e1 dividida en Noviciado y Enfermer\u00eda.&nbsp;Madre Mary Ann [Doyle] y Hermana Mary Angela [Dunne] estuvieron presentes en la operaci\u00f3n; sus gritos eran espantosos, la atendimos noche y d\u00eda, durante m\u00e1s de un mes, al cabo del cual fue trasladada un poco apartada, al campo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>De este evento las Cr\u00f3nicas de Bermondsey dicen: \u00abSe\u00f1orita McAuley le ofreci\u00f3 un hogar en <em>Baggot Street<\/em> para poder asistirla y consolarla bajo esta terrible operaci\u00f3n, la cual se realiz\u00f3 all\u00ed, aunque sin ning\u00fan resultado ben\u00e9fico. Durante el mes que la joven estuvo en el convento, la vigil\u00f3 d\u00eda y noche con la solicitud de una madre\u2026\u00bb<sup>2<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Esta breve narraci\u00f3n de Catalina McAuley consolando a Mary Ann Redmond, velando por ella d\u00eda y noche con la solicitud de una madre, es una muestra reveladora del car\u00e1cter de Catalina: una historia luminosa a trav\u00e9s de la cual se puede entrar en otras historias de la narraci\u00f3n m\u00e1s amplia de su vida y comenzar a sondear la calidad precisa de su Misericordia. Porque la vida de Catalina fue, en gran medida, lo que ella entend\u00eda que deb\u00eda ser toda narraci\u00f3n cristiana de la vida: una representaci\u00f3n, en un nuevo tiempo y lugar, de la historia continua de la propia donaci\u00f3n consoladora de Dios en la historia humana, en, con y para las personas empobrecidas y sufrientes.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00abLes aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de \u00e9stos, mis hermanos menores, me lo hicieron a m\u00ed\u00bb (Mat 25, 40)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Si se estudia la vida de Catalina y se reflexiona atentamente sobre sus palabras escritas y sobre las memorias de sus primeras asociadas, no es dif\u00edcil encontrar la historia arquet\u00edpica de la Misericordia de Dios a la luz de la cual Catalina ley\u00f3 y configur\u00f3 su propia vida. Esa historia es el ejemplo de Jes\u00fas de Nazaret y la invitaci\u00f3n a seguirle que hace expl\u00edcita en su autoidentificaci\u00f3n con las personas empobrecidas: \u00abLes aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de \u00e9stos, mis hermanos menores, me lo hicieron a m\u00ed\u00bb (Mt 25, 40). En las palabras m\u00e1s serias y deliberadas que Catalina ha escrito &#8211; las secciones de la Regla de las Hermanas de la Misericordia que ella misma compuso &#8211; ella expres\u00f3 repetidamente esta convicci\u00f3n fundamental de su vida:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Al emprender el arduo, pero muy meritorio deber de instruir a los Pobres, las hermanas a quienes Dios ha tenido a bien llamar a este estado&#8230; animar\u00e1n su celo y fervor con el ejemplo de&#8230;&nbsp;Jesucristo, que dio testimonio en todas las ocasiones de un&nbsp;tierno amor a sus pobres y declar\u00f3 que considerar\u00eda hecho a s\u00ed mismo todo lo que se les hiciera.&nbsp;(1.2)<sup>3<\/sup><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Inst\u00f3 a sus hermanas a recordar esto:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La Misericordia, camino principal se\u00f1alado por Jesucristo a quienes desean seguirle, en todas las \u00e9pocas de la Iglesia ha impulsado a fieles de modo particular a instruir y consolar a enfermos y moribundos pobres, tal como en ellos consideraban a la persona de nuestro Divino Maestro que ha dicho:&nbsp;\u00abLes aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de \u00e9stos, mis hermanos menores, me lo hicieron a m\u00ed\u00bb. (3.1)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed entend\u00eda Catalina McAuley la esencia de la Misericordia cristiana: profunda semejanza interior y exterior con Jesucristo y solidaridad misericordiosa con \u00c9l en la persona de sus pobres y necesitados, en sus moradas y en la suya propia. Las habitaciones de su casa, sus mesas y sillas, sus camas y su comida, su cuerpo y su esp\u00edritu, sus brazos y sus piernas, su salud y su enfermedad eran para \u00abel cuidado de sus car\u00edsimos pobres\u00bb (388).<sup>4<\/sup> Y fue este tipo de entrega ardiente lo que busc\u00f3 en las primeras Hermanas de la Misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Catalina parece haberse puesto en el lugar de quienes sufren y haber sentido su sufrimiento como propio.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El Amplio Manuscrito de Derry, en su forma actual, comienza con la afirmaci\u00f3n de que, incluso antes de la muerte de William Callaghan, Catalina:<\/p>\n\n\n\n<p><em>se&nbsp;deleitaba proyectando medios para ofrecer refugio a mujeres j\u00f3venes desprotegidas. Entonces no ten\u00eda expectativas de la gran fortuna que m\u00e1s tarde fue suya, pero su benefactor hab\u00eda hablado una vez de dejarle mil libras, y ella pens\u00f3 que, si ten\u00eda eso, o incluso unos pocos cientos, alquilar\u00eda un par de habitaciones y trabajar\u00eda para y con sus protegidas. La idea la persegu\u00eda en sue\u00f1os.&nbsp;Noche tras noche se ve\u00eda a s\u00ed misma en un lugar muy grande, donde un gran n\u00famero de mujeres j\u00f3venes trabajaban como lavanderas o en labores sencillas, mientras que ella misma estaba rodeada de una multitud de menores harapientos a quienes lavaba y vest\u00eda muy afanosamente. Por lo tanto, se plane\u00f3 que las instalaciones [en Baggot Street] contuvieran dormitorios para mujeres j\u00f3venes que, por falta de protecci\u00f3n adecuada, pudieran estar expuestas al peligro, una escuela femenina para pobres, y apartamentos para se\u00f1oras que pudieran elegir, por un tiempo definido o indefinido, dedicarse al servicio de los pobres.<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La casa de <em>Baggot Street<\/em> se convirti\u00f3, de diversas maneras pr\u00e1cticas y misericordiosas, en un lugar de refugio, protecci\u00f3n, formaci\u00f3n y consuelo para docenas de mujeres j\u00f3venes e infantes en situaci\u00f3n de orfandad, sin hogar y angustia. Seg\u00fan la carta de Clare Moore del 26 de agosto de 1845: \u00abla peque\u00f1a Mary Quinn [una hu\u00e9rfana] sol\u00eda sentarse [a la mesa] entre Rvda. Madre y Madre Francis Warde\u00bb. Durante la epidemia de c\u00f3lera de 1832, al menos un beb\u00e9 fue llevado a casa en el chal de Catalina. De nuevo, es Clare Moore quien cuenta la historia de c\u00f3mo cuidaban a las personas enfermas y moribundas v\u00edctimas del c\u00f3lera:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Fuimos temprano por la ma\u00f1ana, cuatro hermanas, que fueron relevadas por otras cuatro en dos o tres horas, y as\u00ed hasta las 8 de la tarde.&nbsp;La Rvda. Madre iba mucho.&nbsp;Sol\u00eda ir en el coche de Kirwan, y una vez que una pobre mujer hab\u00eda sido recluida recientemente o en ese momento y muri\u00f3 justo despu\u00e9s de c\u00f3lera, la querida Rvda. Madre tuvo tanta compasi\u00f3n del beb\u00e9 que lo llev\u00f3 a casa bajo su chal y lo puso a dormir en una camita en su propia celda, pero como pueden adivinar la cosita llor\u00f3 toda la noche, la Rvda. Madre no pudo descansar, as\u00ed que al d\u00eda siguiente se lo dieron a alguien para que lo cuidara.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Parece que Catalina se puso en el lugar de quienes sufren y sinti\u00f3 su sufrimiento como propio. En noviembre de 1840 escribi\u00f3 apenada a Catherine Meagher en Naas sobre el desempleo generalizado en Dubl\u00edn y su incapacidad para alojar a una joven enviada a <em>Baggot Street<\/em> en busca de refugio:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Lamento much\u00edsimo que sea imposible recibir a esa joven persona. Estamos siempre tan colmadas [50-60 en la Casa de Misericordia] en esta temporada, tantos y\u00e9ndose de Dubl\u00edn, despidiendo personal de servicio y tan pocos tom\u00e1ndolo.&nbsp;Todos los d\u00edas recibimos pedidos lamentosos de criaturas j\u00f3venes e interesantes, pasteleras y modistas que, en esta temporada, no pueden encontrar empleo y est\u00e1n totalmente desprotegidas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Estoy segura de que habl\u00e9 con dos de ellas ayer, quienes estaban hambrientas, aunque ten\u00edan muy buen aspecto.&nbsp;He tenido sus rostros abatidos ante m\u00ed desde entonces.&nbsp;Tem\u00ed herir sus sentimientos si les ofrec\u00eda comida y no ten\u00eda dinero (255-6).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Para nombrar con mayor precisi\u00f3n la obra de Misericordia de Catalina McAuley es \u00fatil estudiar su vocabulario caracter\u00edstico, las palabras que utiliz\u00f3 repetidamente para expresar sus prop\u00f3sitos, valores y deseos. Las elecciones editoriales que hizo al transcribir y componer la Regla y las Constituciones de las Hermanas de la Misericordia son una fuente especialmente fruct\u00edfera para tal conocimiento, como lo son las palabras clave en sus cartas y otros escritos. Por otra parte, como su vocabulario personal influy\u00f3 indirectamente en la redacci\u00f3n de los primeros testimonios de su vida, las palabras concretas que sus compa\u00f1eras usaron repetidamente al recordarla tambi\u00e9n ofrecen una visi\u00f3n clara de la misericordia de Catalina.<\/p>\n\n\n\n<p>De especial importancia para identificar la Misericordia que era central en su car\u00e1cter y comportamiento es su uso repetido y en cierto modo intercambiable de las palabras \u00abanimar\u00bb y \u00abconsolar\u00bb. En las cartas que escribi\u00f3 a sus hermanas a partir de 1837, despu\u00e9s de la primera fundaci\u00f3n fuera de Dubl\u00edn, utiliz\u00f3 con frecuencia estas palabras para referirse al consuelo que ella misma sent\u00eda o deseaba, al consuelo que quer\u00eda dar a los dem\u00e1s y, especialmente, al consuelo que Dios da. \u00abConsuelo\u00bb es, creo, la forma distintiva de Catalina de nombrar tanto el efecto del trabajo y las relaciones activamente misericordiosas, como la profunda misericordia de Dios que ella cre\u00eda que inspira y hace posible todo consuelo humano genuino.<sup>5<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo, en sus cartas Catalina dice que pod\u00eda hablar con James Maher (Carlow) \u00abcon toda la confianza de quien se dirige a un amigo de larga experiencia, y tal consuelo no me corresponde a menudo\u00bb (116&#8211;17); anticipa el \u00abconsuelo\u00bb que le dar\u00e1 el lavadero terminado, al poder ver establecido alg\u00fan medio de mantener a nuestras mujeres y ni\u00f1as pobres de la Casa de Misericordia (122); se\u00f1ala que Andrew Fitzgerald (Carlow College) \u00abme dio un gran consuelo, porque mientras condenaba el hecho [en la controversia de Kingstown], me hizo razonar y trajo paz a mi coraz\u00f3n y a mi mente\u00bb (125); y admite ante Frances Warde, \u00abqu\u00e9 consuelo ser\u00eda tenerte una vez m\u00e1s entre nosotras\u00bb en <em>Baggot Street<\/em> (170).<sup>6<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Desde Birr escribe: \u00abTenemos dos grandes comodidades aqu\u00ed, excelente pan al estilo del pan casero de Dubl\u00edn, y agua de vertiente pura y cristalina\u00bb (292); \u00abqu\u00e9 consuelo le da [a ella] o\u00edr de la constante alegr\u00eda [de Mary Teresa White]\u00bb (303); est\u00e1 \u00abmuy consolada de encontrar que todo en Birr va tan bien\u00bb (315); \u00abla consuela m\u00e1s de lo que puede expresar encontrar a [las novicias] iniciadas en el verdadero esp\u00edritu de su estado\u00bb (326-7); y se siente \u00abconsolada al o\u00edr que la aparente gran cruz [de Frances Warde] no es tan pesada como se tem\u00eda\u00bb (342).<\/p>\n\n\n\n<p>En todos estos casos, y en otros, Catalina habla del consuelo humano que confieren la compasi\u00f3n y la presencia, de la solicitud que se extiende para compartir la necesidad o el dolor de otra persona, y de sencillas formas humanas de solidarizarse con la gente. En casi todos estos casos est\u00e1 impl\u00edcito su consuelo personal cuando se asegura el bienestar de otras personas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El concepto que ten\u00eda Catalina del consuelo y la consolaci\u00f3n era claramente b\u00edblico&#8230;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ya que Catalina misma conoci\u00f3 el dolor de la \u00abpena\u00bb, la \u00abhumillaci\u00f3n\u00bb, la \u00abperplejidad\u00bb, lo \u00abagridulce\u00bb, el \u00abpavor\u00bb, la \u00abangustia\u00bb e incluso la \u00abamargura\u00bb, como atestiguan sus cartas, sab\u00eda lo que el consuelo, la consolaci\u00f3n y el tierno afecto pod\u00edan significar para quienes sufren, ya fueran pobres, enfermos y moribundos, o sus propias hermanas j\u00f3venes. Por lo tanto, estaba deseosa de dar consuelo humano a otras personas en su aflicci\u00f3n y asegurarles el consuelo que Dios les dar\u00eda. Ella cre\u00eda que \u00absu Padre Celestial ofrecer\u00e1 consuelo [a los pobres de Kingstown]\u00bb (142); asegur\u00f3 a Frances Warde que \u00abDios le enviar\u00e1 alg\u00fan gran consuelo\u00bb en su aflicci\u00f3n personal (341); urgi\u00f3 a las hermanas cedidas por Dubl\u00edn para consolar a Clare Moore cuando la fiebre tifoidea afect\u00f3 a la fundaci\u00f3n de Londres (311); y sobre la gente pobre de Charleville escribi\u00f3, \u00abmi coraz\u00f3n se entristeci\u00f3 cuando pens\u00e9 que los pobres estaban privados del consuelo que Dios parec\u00eda querer para ellos\u00bb (138).<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las expresiones m\u00e1s tiernas del deseo de consuelo de Catalina es su carta del 21 de marzo de 1840 a Elizabeth Moore, sobre la muerte de Mary Teresa Vincent (Ellen) Potter, una joven hermana profesa de la comunidad de Limerick:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Nunca pens\u00e9 que algo en este mundo podr\u00eda afectarme tanto.&nbsp;He llorado mucho y he implorado a Dios que te d\u00e9 consuelo.&nbsp;S\u00e9 que lo har\u00e1&#8230;&nbsp;Mi coraz\u00f3n est\u00e1 apenado, no por m\u00ed ni por la dulce inocente alma que ha vuelto al seno de su Padre Celestial, sino por ti.&nbsp;Ten la certeza que ir\u00e9 a verte, aun si me desviara mucho de mi camino, y estoy segura de que sentir\u00e9 la ausencia cuando entre al convento.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Implorando de coraz\u00f3n que Dios te conceda su divino consuelo, y que conforte y bendiga a todas las queridas hermanas, me despido, tu siempre muy afectuosa M. C. McAuley (204).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Los relatos escritos por las primeras asociadas de Catalina cuentan numerosas historias de ella consolando a afligidos, de sus esfuerzos por dar valor y esperanza, aliviar el dolor, levantar el \u00e1nimo, impartir aliento y alegr\u00eda, alterar situaciones aflictivas y ofrecer seguridad y protecci\u00f3n. Por ejemplo, la entrada de las Cr\u00f3nicas de Bermondsey de 1841, que conserva los recuerdos de Clare Moore, habla de Catalina levant\u00e1ndose por la ma\u00f1ana temprano y \u00abseleccionando y transcribiendo de los libros piadosos ciertos pasajes que podr\u00edan ser \u00fatiles para la instrucci\u00f3n o el consuelo de las personas pobres enfermas\u00bb. Las Cr\u00f3nicas tambi\u00e9n se\u00f1alan que \u00absu compasi\u00f3n la llev\u00f3 a hacer los mayores sacrificios en favor de sufrientes y afligidos\u00bb. Por ejemplo, durante la epidemia de c\u00f3lera, \u00abse la pod\u00eda ver entre muertos y moribundos, rezando junto al lecho del cristiano agonizante, inspir\u00e1ndole sentimientos de contrici\u00f3n por sus pecados, sugiri\u00e9ndole actos de resignaci\u00f3n, esperanza y confianza, y elevando su coraz\u00f3n hacia Dios por la caridad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El concepto de Catalina de consuelo y consolaci\u00f3n era claramente b\u00edblico y estaba \u00edntimamente relacionado con su teolog\u00eda de la Misericordia de Dios y con su cristolog\u00eda. Para ella, el consuelo o la consolaci\u00f3n de Dios era la constataci\u00f3n, dada por Dios, de que las vidas humanas son, a pesar de toda aflicci\u00f3n y aparente devastaci\u00f3n, finalmente sostenidas y redimidas por el cuidado misericordioso de Dios manifestado en Jesucristo y en la acci\u00f3n de quienes le siguen. Catalina hizo suya, pues, la tarea prof\u00e9tica anunciada por Deutero-Isa\u00edas y cumplida irrevocablemente en Jes\u00fas: \u00abConsuelen, consuelen a mi pueblo, dice su Dios: hablen al coraz\u00f3n de Jerusal\u00e9n, an\u00fancienle que se ha cumplido su condena y est\u00e1 pagado su crimen, ya que de la mano del Se\u00f1or ha recibido doble castigo por sus pecados\u00bb (Isa\u00edas 40, 1-2).<\/p>\n\n\n\n<p>En los rostros de las v\u00edctimas del c\u00f3lera, de las j\u00f3venes indigentes, de los pobres moribundos, de las mujeres desempleadas sin hogar y de sus propias compa\u00f1eras enfermas y moribundas, lleg\u00f3 a conocer, como San Pablo: \u00abPadre compasivo y Dios de todo consuelo, que nos consuela en cualquier tribulaci\u00f3n, para que nosotros, podamos consolar a los que pasan cualquier tribulaci\u00f3n con el mismo consuelo que recibimos de Dios\u00bb (2 Cor 1, 3-4).<\/p>\n\n\n\n<p>Catalina McAuley deseaba ser un par\u00e1clito, una abogada, una consoladora. Aunque no era una te\u00f3loga sistem\u00e1tica, los aspectos de lo que debi\u00f3 ser su teolog\u00eda operativa de participaci\u00f3n en la obra del Esp\u00edritu de Dios son evidentes, de forma fragmentaria, a lo largo de sus escritos. En una hoja suelta de su&nbsp;<em>Diario<\/em>&nbsp;<em>de Meditaciones<\/em>&nbsp;hab\u00eda escrito una \u00abOraci\u00f3n antes de la Meditaci\u00f3n\u00bb que comienza as\u00ed: \u00abVen Esp\u00edritu Santo, habita en nuestros corazones y enciende en ellos el fuego de tu divino amor\u00bb. Para Catalina, este fuego, que ella dice que \u00abCristo encendi\u00f3\u00bb, es el amor vibrantemente activo de Dios y al pr\u00f3jimo, modelado en la pr\u00e1ctica de Jes\u00fas, e inspirado y sostenido por el Esp\u00edritu de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Creo que Catalina McAuley conoci\u00f3, en su propio \u00ablado\u00bb, el poder y la presencia de este Esp\u00edritu&#8230;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Como se\u00f1ala el Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento de W. E. Vine, <em>parakletos<\/em>, que significa literalmente \u00abllamado al lado de uno\u00bb, era \u00abusado en un tribunal de justicia para denotar un asistente legal, un abogado defensor, un abogado; luego, en general, uno que defiende la causa de otro&#8230; En el sentido m\u00e1s amplio, significa socorrer, consolar\u00bb (200). Jes\u00fas fue tal consejero, y prometi\u00f3 \u00abotro Consejero\u00bb (Juan 14, 16), el Esp\u00edritu de la Verdad asegurado a sus disc\u00edpulos en Juan 14, 26, 15, 26 y 16, 7. Creo que Catalina McAuley conoci\u00f3, a su propio \u00ablado\u00bb, el poder y la presencia de este Esp\u00edritu, y que, por tanto, se supo expl\u00edcitamente llamada a ser la voz humana, las manos y los pies de este Consejero consolador, literalmente, al lado y en defensa de las personas pobres y afligidas.<sup>7<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>En un importante conjunto de cartas escritas durante la \u00faltima enfermedad de Catalina, Mary Vincent Whitty, que entonces ten\u00eda veintid\u00f3s a\u00f1os, registra el \u00faltimo uso que Catalina hizo de la palabra \u00abconsuelo\u00bb. Escribiendo a Mary Cecilia Marmion en Birmingham, el 12 de noviembre de 1841, el d\u00eda despu\u00e9s de la muerte de Catalina, Mary Vincent relata una escena junto a la cama de Catalina el d\u00eda previo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Le dijo a Hermana Teresa [Carton], ahora temiendo que se me olvide otra vez, les dir\u00e1s a las hermanas que se tomen una buena taza de t\u00e9 &#8211; creo que la sala de la Comunidad ser\u00eda un buen lugar &#8211; cuando yo no est\u00e9 y que se consuelen unas a otras &#8211; pero Dios las consolar\u00e1 &#8211; me dijo, si te entregas enteramente a Dios &#8211; todo lo que tienes para servirle, cada poder de tu mente y de tu coraz\u00f3n &#8211; tendr\u00e1s un consuelo que no sabr\u00e1s de d\u00f3nde viene.<sup>8<\/sup><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En este \u00faltimo acto humano de consuelo, el car\u00e1cter misericordioso de Catalina McAuley se manifiesta con notable sencillez y familiaridad. La misma atenci\u00f3n pr\u00e1ctica a las necesidades de otras personas que hab\u00eda marcado toda su vida, el mismo reconocimiento de toda la vida de que los seres humanos deben consolarse mutuamente, y la misma convicci\u00f3n permanente de que, finalmente, todo el consuelo viene de Dios se concentran aqu\u00ed en una \u00abtaza de t\u00e9\u00bb para quienes sufren.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Animar el esp\u00edritu humano<\/h2>\n\n\n\n<p>El rasgo sobresaliente del comportamiento de Catalina McAuley precisamente como fundadora no es que fuera sobresaliente, aunque lo era. M\u00e1s bien fue su animaci\u00f3n del celo de sus compa\u00f1eras. Su modo colaborativo y solidario de liderazgo eclesial fue, en muchos aspectos importantes, un modelo nuevo y femenino de administraci\u00f3n eclesial. Estuvo dispuesta a trabajar con sus asociadas y a aceptar lo que \u00e9stas aportaban a sus esfuerzos comunes, incluso cuando su talento, sus conocimientos o su valor pod\u00edan parecer inferiores a lo que se necesitaba en ese momento; estuvo dispuesta a aprender de ellas y con ellas a medida que se desarrollaba la d\u00e9cada; sufri\u00f3 con ellas y ocup\u00f3 su lugar a su lado, en la pobreza, la incertidumbre, la enfermedad y la muerte; y se hizo a s\u00ed misma, gradual y finalmente, completamente prescindible para su trabajo y su futuro. En todo esto, su \u00fanica e insustituible contribuci\u00f3n como fundadora fue animarlas, es decir, recordarles continuamente el verdadero esp\u00edritu de lo que pretend\u00edan y encender, por todos los medios humanos a su alcance, la vida y el deseo que Dios les hab\u00eda dado y que ya hab\u00eda en ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Catalina escribi\u00f3 a menudo sobre el \u00abverdadero esp\u00edritu\u00bb de la orden, la quintaesencia de su proyecto religioso com\u00fan. Para ella, este esp\u00edritu vital era el amor de Dios, la realidad vital fundamental que daba fuerza y prop\u00f3sito a todas las particularidades humanas de su vida y su trabajo. Su fuente era la bendici\u00f3n misericordiosa de Dios; sus dos manifestaciones externas eran su propia uni\u00f3n y caridad y su misericordia hacia las dem\u00e1s personas. Escribiendo en la Pascua de 1841 a su \u00edntima amiga Elizabeth Moore, Catalina se alegraba del esp\u00edritu de las j\u00f3venes que se preparaban para la toma de h\u00e1bito y la profesi\u00f3n de votos en <em>Baggot Street<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Todas est\u00e1n bien y felices.&nbsp;La bendici\u00f3n de la unidad a\u00fan reina entre nosotras y, oh, qu\u00e9 bendici\u00f3n, deber\u00eda hacer que todo lo dem\u00e1s fuera nada.&nbsp;Todas r\u00eden y juegan juntas, no hay una sola alma fr\u00eda o dura.&nbsp;Desde el d\u00eda que entran, toda reserva poco caritativa desaparece.&nbsp;Este es el esp\u00edritu de la Orden, en verdad, el verdadero esp\u00edritu de Misericordia derram\u00e1ndose sobre nosotras&#8230; (330-31)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Catalina cre\u00eda que este esp\u00edritu c\u00e1lido, libre y lleno de gracia era de origen divino. Era el propio don animador de Dios para la comunidad y para quienes serv\u00edan, si se entregaban a \u00e9l, lo atesoraban y actuaban en consecuencia. Era, cre\u00eda ella, \u00abalgo del fuego que [Cristo] arroj\u00f3 sobre la tierra\u00bb (226). Catalina se refiere dos veces a este vers\u00edculo del Evangelio de Lucas (12, 49) al describir a las j\u00f3venes inglesas que se preparaban para la fundaci\u00f3n en Birmingham:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ellas son todo lo que es prometedor &#8211; todas las marcas de la verdadera vocaci\u00f3n s\u00f3lida &#8211; m\u00e1s edificante en todo momento, en la recreaci\u00f3n la m\u00e1s alegre de las alegres.&nbsp;Hasta ahora parecen haber correspondido muy fielmente a las gracias recibidas, pues cada d\u00eda se nota mayor fervor y animaci\u00f3n&#8230;&nbsp;Renuevan grandemente mi pobre esp\u00edritu: cinco criaturas dignas de adornar la sociedad que se presentan alegremente para consagrarse al servicio de los pobres por amor de Cristo.&nbsp;Esto es algo del fuego que \u00c9l arroj\u00f3 sobre la tierra, encendiendo&nbsp;(226).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Catalina cre\u00eda que el verdadero esp\u00edritu de las Hermanas de la Misericordia era la animaci\u00f3n dada a sus esp\u00edritus humanos por el propio Esp\u00edritu de Dios, el Esp\u00edritu de Cristo. En consecuencia, cre\u00eda que su \u00fanica obligaci\u00f3n como fundadora era apoyar y alimentar esta animaci\u00f3n. Cada conferencia que daba, cada viaje que hac\u00eda y cada carta que escrib\u00eda a sus hermanas era para animar y sostener esta animaci\u00f3n. As\u00ed, en octubre de 1837, por ejemplo &#8211; dos meses despu\u00e9s de la muerte de su sobrina Catherine y mientras Mary de Chantal McCann agonizaba en Kingstown -, Catalina escribi\u00f3 desde Cork a Frances Warde, que tambi\u00e9n lloraba la muerte de su obispo una semana antes: \u00abVolver\u00e9 por Carlow para verte, aunque solo sea por unas horas&#8230; Que Dios te bendiga y te anime con su divino esp\u00edritu para que demuestres que es a Jesucristo a quien amas y sirves con todo tu coraz\u00f3n\u00bb (101-2).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00abAnimaci\u00f3n\u00bb fue la palabra que Catalina utiliz\u00f3 repetidamente para designar el efecto de la acci\u00f3n misericordiosa de Dios en los corazones humanos y el poder del ejemplo de Jes\u00fas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Al igual que \u00abreconfortar\u00bb \u00abconsolar\u00bb era una palabra caracter\u00edstica del vocabulario personal de Catalina, tambi\u00e9n lo era \u00abanimar\u00bb, el verbo y sus formas adjetivas y sustantivas. \u00abAnimaci\u00f3n\u00bb era la palabra que Catalina utilizaba repetidamente para designar el efecto de la acci\u00f3n misericordiosa de Dios en los corazones humanos y el poder del ejemplo de Jes\u00fas. Estar animada por el Esp\u00edritu de Cristo era manifestar toda la vivacidad, dada por Dios y humanamente sostenida, del verdadero esp\u00edritu de la orden: el esp\u00edritu de amor mutuo y de servicio a la gente empobrecida.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, inst\u00f3 a Frances Warde, incluso en su dolor, a ser \u00abalegre y feliz, animando a todas a tu alrededor\u00bb (118); y le dijo a Elizabeth Moore: \u00abDeber\u00eda decir todo lo que pudiera animarte y consolarte, porque eres un cr\u00e9dito y un consuelo para m\u00ed\u00bb (167). La v\u00edspera de su partida a Bermondsey, encontr\u00f3 a Clare Moore \u00abtoda animada\u00bb (177); e imagin\u00f3 \u00abqu\u00e9 renovada animaci\u00f3n y fuerza\u00bb traer\u00eda el regreso de las hermanas a la \u00abpobre y vieja\u00bb <em>Baggot Street<\/em> (234). Apreciaba a la reci\u00e9n llegada Frances Gibson, \u00abuna dulce criatura d\u00f3cil y animada, muy viva y encantada con sus deberes\u00bb (354); cre\u00eda que cada visita de regreso a una nueva fundaci\u00f3n \u00abanima a las nuevas principiantes y da confianza a las dem\u00e1s\u00bb (331); y, unas seis semanas antes de su muerte, inst\u00f3 a Juliana Hardman, la joven superiora de Birmingham, a \u00abrezar fervientemente por esas gracias animadoras que nos guiar\u00e1n en una paz uniforme, haciendo f\u00e1cil el yugo de nuestro Querido Redentor\u00bb (379).<\/p>\n\n\n\n<p>Catalina ten\u00eda, hay que admitirlo, una preferencia natural por el calor extrovertido, la acci\u00f3n r\u00e1pida y la vivacidad. Se quejaba de que Clare Augustine Moore, una artista, era demasiado lenta, ya que tardaba todo el d\u00eda en pintar \u00ab3 rosas u hojas de lirio\u00bb (312); le preocupaba que una futura postulante, una antigua carmelita, \u00abno est\u00e1 ni medio viva\u00bb y \u00absi se arregla, tendr\u00e9 una bonita tarea abriendo los ojos [abatidos] de la peque\u00f1a carmelita\u00bb (312); y una vez dese\u00f3 que la comunidad de Tullamore no fuera \u00abtan rastrera\u00bb a la hora de iniciar nuevas fundaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la animaci\u00f3n que ella buscaba particularmente y por la que rezaba era una realidad mucho m\u00e1s profunda: la vivaz generosidad de esp\u00edritu hecha posible por el Esp\u00edritu de Dios, dando a sus compa\u00f1eras un \u00abardiente deseo de comprender perfectamente las obligaciones de la vida religiosa y de entrar en el verdadero esp\u00edritu de su estado\u00bb (319). Aunque Catalina entend\u00eda que todas sus asociadas eran responsables, ante Dios, de alimentar y alentar la continuaci\u00f3n de esta \u00abanimaci\u00f3n\u00bb dada por Dios, parece haber reconocido que ella personalmente ten\u00eda una obligaci\u00f3n especial y expl\u00edcita de ejemplificar y promover este primer avivamiento, por su propio celo. Fue la \u00abfundadora\u00bb de las Hermanas de la Misericordia precisamente en este sentido vivificador: reconoci\u00f3 y nombr\u00f3 el don animador de Dios; dio continuamente vida, esp\u00edritu y apoyo al fruto de ese don; aprovech\u00f3 todas las oportunidades para animar y vigorizar a sus hermanas; y aliment\u00f3 deliberadamente la caridad y el celo que Dios les hab\u00eda dado. En una palabra, las <em>animaba<\/em> con sus palabras, su ejemplo, su presencia, su afecto y su compromiso concreto en las obras de Misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque Clare Augustine Moore afirma: \u00abNo puedo decir que nuestra querida fundadora tuviera talento para la educaci\u00f3n; adoraba la infancia y la malcriaba invariablemente\u00bb, todos los testimonios de las primeras colaboradoras de Catalina sugieren que fue una eficaz docente de las mujeres que fueron sus compa\u00f1eras. Es notable la precisi\u00f3n con la que recuerdan y atesoran sus \u00abdichos\u00bb e instrucciones. Catalina estaba convencida de que \u00abse aprende m\u00e1s por el ejemplo que por el precepto\u00bb, pero tambi\u00e9n ten\u00eda un agudo sentido del valor animador de la instrucci\u00f3n verbal inspiradora. Parece que consideraba las instrucciones orales que daba regularmente a la comunidad, especialmente a las novicias, y la lectura espiritual p\u00fablica que eleg\u00eda para ellas como medios muy importantes para animar el esp\u00edritu que ya estaba vivo en ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo tanto, el programa diario de la comunidad de <em>Baggot Street<\/em> inclu\u00eda un periodo de tiempo por la ma\u00f1ana para la \u00abCharla\u00bb, antes de que comenzara el trabajo del d\u00eda. En este tiempo Catalina daba instrucciones espirituales formales a la comunidad, ya fuera leyendo de un libro de su elecci\u00f3n, leyendo de una transcripci\u00f3n que hab\u00edan hecho, o simplemente habl\u00e1ndoles directamente, con o sin notas. Adem\u00e1s, instruy\u00f3 regularmente a todas las postulantes y novicias durante los cuatro a\u00f1os (1831-1835) en que conserv\u00f3 para s\u00ed la funci\u00f3n de Maestra de Novicias, y guio personalmente sus meditaciones diarias durante los retiros previos a la recepci\u00f3n y a la profesi\u00f3n. Aunque normalmente intentaba que un sacerdote fuera el director residente del retiro anual de agosto de la comunidad, al menos en una ocasi\u00f3n fue la propia Catalina quien lo imparti\u00f3. En una carta a Frances Warde a principios de agosto de 1841, se refiere ir\u00f3nicamente a su pr\u00f3ximo papel: \u00ab\u201cPadre\u201d McAuley dirige el retiro en la pobre <em>Baggot St.<\/em>\u00bb (360).<\/p>\n\n\n\n<p>Como relatan las Cr\u00f3nicas de Bermondsey, los temas de Catalina para estas instrucciones eran los que animaban su propio esp\u00edritu, los grandes temas del Evangelio derivados de la propia vida e instrucciones de Jes\u00fas:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Sus exhortaciones eran muy animadoras e impresionantes, especialmente sobre los deberes de la humildad y la caridad. \u00c9stas eran sus virtudes caracter\u00edsticas, y le encantaba explayarse sobre la descripci\u00f3n que hace San Pablo de la caridad, esforz\u00e1ndose fervientemente por ponerla en pr\u00e1ctica ella misma e instando a todas las personas a su cargo para que hicieran lo mismo.&nbsp;Amaba a todas las personas y procuraba hacerles el bien, pero prefer\u00eda especialmente a los pobres y a la infancia, a quienes se esforzaba por instruir, aliviar y consolar de todas las maneras posibles. Ense\u00f1aba a las hermanas a evitar todo lo que pudiera ser en lo m\u00e1s m\u00ednimo contrario a la caridad, incluso la m\u00e1s leve observaci\u00f3n sobre las maneras, los defectos naturales, etc., de modo que deb\u00edan tener por norma no decir nunca nada desfavorable de las dem\u00e1s.&nbsp;No se contentaba con que evitaran las m\u00e1s peque\u00f1as faltas contra esta virtud predilecta de nuestro Sant\u00edsimo Se\u00f1or, sino que deseaba que toda su conducta demostrara que esta virtud reinaba en sus corazones&#8230; Sus lecciones de caridad y humildad, apoyadas en su ejemplo constante, causaban necesariamente una profunda impresi\u00f3n en la mente de sus hijas espirituales.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La cronista de Bermondsey tambi\u00e9n se\u00f1ala c\u00f3mo Catalina aprovechaba las ocasiones casuales para desarrollar ideas importantes para el esp\u00edritu vital de la comunidad. Por ejemplo, las Cr\u00f3nicas recogen sus frecuentes comentarios sobre la Regla en el recreo vespertino:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Le gustaba explayarse sobre ciertas palabras.&nbsp;\u00abNuestro respeto mutuo y nuestra caridad deben ser \u201ccordiales\u201d; ahora \u201ccordial\u201d significa algo que revive, vigoriza y caldea; tales deben ser los efectos de nuestro amor mutuo\u00bb.&nbsp;Misericordia era para ella una palabra de predilecci\u00f3n.&nbsp;Se\u00f1alaba las ventajas de la Misericordia sobre la Caridad.&nbsp;\u00abLa Caridad de Dios no nos servir\u00eda de nada si su Misericordia no viniera en nuestra ayuda.&nbsp;Misericordia es m\u00e1s que Caridad, porque no s\u00f3lo otorga beneficios, sino que recibe y perdona una y otra vez, incluso a las personas ingratas\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El Manuscrito de Limerick, siguiendo en parte la redacci\u00f3n de las Cr\u00f3nicas de Bermondsey, habla de la comprensi\u00f3n humana de Catalina y de la cualidad animadora de su voz:<\/p>\n\n\n\n<p><em>No pose\u00eda logros mundanos, pero hab\u00eda le\u00eddo mucho y sus modales eran de lo m\u00e1s agradables y simp\u00e1ticos.&nbsp;Ten\u00eda un amplio conocimiento del coraz\u00f3n humano y pod\u00eda adaptar f\u00e1cilmente su conversaci\u00f3n a las necesidades de quienes la rodeaban.&nbsp;Todo en ella estaba subordinado al honor divino y al bien de su pr\u00f3jimo, pues nunca parec\u00eda pensar o preocuparse por s\u00ed misma.&nbsp;Su m\u00e9todo de lectura era tan agradable que todas las personas acostumbradas a reconocerlo hac\u00edan que un tema fuera completamente nuevo para ellas, algo que tal vez ya hab\u00edan o\u00eddo con frecuencia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>No todas las instrucciones de Catalina McAuley eran p\u00fablicas o verbales. Los testimonios de su vida est\u00e1n plagados de ejemplos de adaptaci\u00f3n privada al estado de \u00e1nimo de otras personas y de ense\u00f1anza indirecta a trav\u00e9s del ejemplo. Las Cr\u00f3nicas de Bermondsey relatan un incidente que Clare Moore s\u00f3lo podr\u00eda haber sabido de quien experiment\u00f3 la disculpa de Catalina:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Un acto de abajamiento de s\u00ed misma que ocurri\u00f3 en los \u00faltimos cuatro a\u00f1os de su vida no debe ser pasado por alto en silencio; fue relatado con l\u00e1grimas por la hermana que fue objeto del mismo a una amiga.&nbsp;Ella le hab\u00eda hablado, seg\u00fan le pareci\u00f3, bastante bruscamente, y pocas horas despu\u00e9s fue a ver a la hermana y le pregunt\u00f3 si recordaba qui\u00e9n hab\u00eda estado presente en aquel momento.&nbsp;Como varias hab\u00edan estado all\u00ed, la hermana contest\u00f3 que no pod\u00eda decirlo, porque no se hab\u00eda dado cuenta de cu\u00e1les eran, pero como nuestra Reverenda Madre le pidi\u00f3 que tratara de recordarlas y se las trajera, fueron llamadas, y cuando todas se reunieron nuestra querida Reverenda Madre se arrodill\u00f3 humildemente y le pidi\u00f3 perd\u00f3n por la manera en que le hab\u00eda hablado aquella ma\u00f1ana.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Incluso en su lecho de muerte, Catalina ense\u00f1\u00f3 a sus hermanas la necesidad de la caridad total. Por alguna raz\u00f3n, quiz\u00e1 asociada a su antiguo apoyo a las Hermanas de la Caridad irlandesas y a lo que \u00e9l consideraba competencia de Catalina con ellas, el Decano Walter Meyler, que se convirti\u00f3 en p\u00e1rroco de San Andr\u00e9s en 1833, era, como dice Clare Augustine Moore, \u00abno amistoso\u00bb. Su relaci\u00f3n empeor\u00f3 durante su prolongada controversia sobre la capellan\u00eda. Clare Augustine, que estaba presente en <em>Baggot Street<\/em> en aquel momento, relata los detalles:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Una de las primeras cosas que hizo fue prohibir la 2<sup>\u00aa<\/sup>&nbsp;Misa los domingos, lo que cort\u00f3 un gran recurso para la caridad, e intent\u00f3 que no se predicara el Serm\u00f3n de la Caridad en la Iglesia Parroquial, pero el Arzobispo decidi\u00f3 que as\u00ed fuera. Muchas otras pruebas surgieron de la misma fuente&#8230;&nbsp;Luego se neg\u00f3 [en 1837] a permitir que la instituci\u00f3n tuviera un capell\u00e1n propio, proponiendo que esa tarea fuera desempe\u00f1ada por uno de los cl\u00e9rigos adscritos a San Andr\u00e9s. La Pobre Fundadora, que preve\u00eda la inconveniencia de tal arreglo, se neg\u00f3 a consentir, y \u00e9l inmediatamente puso un interdicto en la capilla, de modo que durante algunos meses nosotras diariamente, y las j\u00f3venes en los d\u00edas de precepto, sal\u00edamos a Misa.&nbsp;Despu\u00e9s de casi dos meses, con mucha dificultad permiti\u00f3 al P. Colgan, O.C.C.,\u2026 decir Misa y dar la Sagrada Comuni\u00f3n el d\u00eda de Navidad; pero como declar\u00f3 que no renovar\u00eda el permiso, ella tuvo que ceder, y tuvimos que soportar muchos inconvenientes, especialmente en lo que se refer\u00eda a las confesiones de la infancia en la escuela.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Las cartas m\u00e1s en\u00e9rgicas de Catalina tratan de esta controversia. Se quej\u00f3 por escrito a John Hamilton, Archidi\u00e1cono de Dubl\u00edn, y al propio Decano Meyler, de quien recibi\u00f3 el 19 de diciembre de 1837 una carta tan dolorosa que dice que la quem\u00f3 inmediatamente despu\u00e9s de leer s\u00f3lo una parte de ella (Bolster 43-44). Sufri\u00f3 mucho por la intransigencia del decano y, como admiti\u00f3 en una carta a Frances Warde, luch\u00f3 por liberarse de toda \u00abamargura\u00bb (129).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, mientras Catalina agonizaba el 11 de noviembre de 1841, recibi\u00f3 la visita de varios sacerdotes, entre ellos Decano Meyler. Mary Vincent Whitty, que hab\u00eda entrado en <em>Baggot Street<\/em> en 1839, estaba junto a Catalina. Aunque es posible que ella no se diera cuenta de la importancia de lo que vio y oy\u00f3, las integrantes de m\u00e1s edad de la comunidad que estaban con ella seguramente s\u00ed. Al d\u00eda siguiente Mary Vincent escribi\u00f3 sobre la escena que hab\u00eda presenciado, mientras Catalina ped\u00eda perd\u00f3n a Walter Meyler: \u00abAyer le pidi\u00f3 perd\u00f3n a Dr. Meyler &#8211; si alguna vez hab\u00eda hecho o dicho algo que le disgustara &#8211; \u00e9l le dijo que no deb\u00eda pensar en eso ahora y le prometi\u00f3: cuidar\u00e9 y har\u00e9 todo lo que pueda por sus hijas espirituales &#8211; ella lo mir\u00f3 tan complacida y le dijo: lo har\u00e1s &#8211; entonces que Dios te ayude y te recompense por ello\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En su Regla, Catalina hab\u00eda exhortado a sus hermanas a conservar los lazos de uni\u00f3n y caridad establecidos por Jesucristo, y a extender esa Misericordia a otras personas. En las \u00faltimas horas de su vida, cuando ya no le era posible dar charlas espirituales, continu\u00f3 animando a sus hermanas por el medio que siempre hab\u00eda considerado m\u00e1s persuasivo: la animaci\u00f3n poderosa y duradera que ofrece el ejemplo humano.<sup>9<\/sup><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Escuchar hoy a Catalina McAuley<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Escribiendo a Mary Cecilia Marmion el viernes, 12 de noviembre de 1841, Mary Vincent Whitty habla del privilegio especial que tuvo la noche previa: \u00abTuve el consuelo, pues es el consuelo grato aunque melanc\u00f3lico de leer las \u00faltimas oraciones por ella, cerrar sus ojos y esa boca de la que he recibido tales instrucciones\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En la renovaci\u00f3n de esp\u00edritu y acci\u00f3n en la que las Hermanas de la Misericordia de las Am\u00e9ricas y sus asociadas\/os est\u00e1n ahora seriamente comprometidas\/os, guiadas\/os por la Declaraci\u00f3n de Direcci\u00f3n del Instituto, estamos, creo, llamadas\/os a escuchar y practicar de una manera m\u00e1s urgente las instrucciones de Catalina, quiz\u00e1s especialmente aquellas sobre consolar y animar.<\/p>\n\n\n\n<p>Si nos consider\u00e1ramos expl\u00edcitamente llamadas a la labor deliberada de&nbsp;<em>consolar a los afligidos<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2022 Podr\u00edamos, por ejemplo, levantarnos cada ma\u00f1ana con la decisi\u00f3n de buscar a las personas m\u00e1s gravemente afligidas, escondidas entre los pliegues de los encuentros de cada d\u00eda, y ofrecerles consuelo real de forma consciente y tangible.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2022 Podr\u00edamos considerarnos especialmente llamadas a abogar por las personas afligidas y a estar presentes en ellas, cuyos caminos quedan fuera de nuestro mapa cotidiano y cuyas sendas debemos buscar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2022 Podr\u00edamos examinar nuestras conversaciones, actividades, empleo del tiempo y uso de los recursos materiales en t\u00e9rminos de hasta qu\u00e9 punto, de hecho, dan consuelo a los afligidos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2022 Podr\u00edamos preferir conscientemente visitar lugares donde la gente sufre, en lugar de lugares para nuestro propio placer, y desplazar\u00edamos gradualmente el centro de nuestra gravedad personal de situaciones en las que nos sentimos consoladas a situaciones que claman por el consuelo que podemos dar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2022 Podr\u00edamos defender p\u00fablica y sistem\u00e1ticamente a los afligidos contra los poderes y designios que les afligen, denunciando esas estructuras aflictivas y trabajando para corregirlas o eliminarlas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2022 Podr\u00edamos preguntarnos expl\u00edcitamente al final de cada d\u00eda: \u00ab\u00bfAl lado de qu\u00e9 afligido me he solidarizado deliberadamente hoy, y qu\u00e9 he hecho para consolarle o consolarles?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Si nos consider\u00e1semos llamadas, precisamente, a la profunda labor de&nbsp;<em>animar los esp\u00edritus humanos<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2022 Podr\u00edamos considerar cada encuentro y cada acci\u00f3n en el curso de nuestros d\u00edas como dirigidos principalmente a este prop\u00f3sito expl\u00edcito: ayudar a encender y sostener la esperanza, la confianza y el amor que es la presencia vivificante del Esp\u00edritu en todas las personas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2022 Podr\u00edamos animarnos e inspirarnos mutuamente hablando m\u00e1s abiertamente de las realidades cristianas que nos animan e inspiran personalmente: podr\u00edamos hablar de estas realidades con menos reticencia y privacidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2022 Podr\u00edamos encontrar, en nuestras relaciones con colaboradores y con quienes servimos, formas sensibles de hablar de Dios y de Jes\u00fas (Cristo), para no dejar pasar semanas y meses sin dar cuenta de la esperanza que est\u00e1 viva en nosotras, o de nuestro agradecimiento y confianza en la Misericordia de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2022 Podemos ser, lisa y llanamente, alegres y exultantes, porque la \u00abbuena nueva\u00bb que nos anima y puede animar a otras personas es profundamente alegre, incluso cuando otras \u00abnoticias\u00bb son desgarradoras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2022 Podr\u00edamos considerar la \u00abeducaci\u00f3n religiosa\u00bb, entendida en sentido amplio y profundo, como la quintaesencia del ministerio de cada una de nosotras, sea cual sea la descripci\u00f3n de nuestro trabajo o nuestra ubicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2022 Podr\u00edamos defender la presencia viva de Dios en todas sus formas humanas vitales, y trabajar contra las pr\u00e1cticas que no dan vida y contra la muerte sist\u00e9mica all\u00ed donde se produzcan.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2022 Podr\u00edamos estar nosotras mismas deliberadamente animadas por la pr\u00e1ctica de Jes\u00fas, y ofrecer expl\u00edcitamente su ejemplo para la animaci\u00f3n de las dem\u00e1s personas.<\/p>\n\n\n\n<p>Si nos entreg\u00e1ramos a una renovaci\u00f3n personal tan centrada, \u00bfno recrear\u00edamos el esp\u00edritu original de nuestro Instituto de un modo tan vigoroso que ser\u00edamos tan vivas y fervientes como las \u00abprimog\u00e9nitas\u00bb de Catalina que, como ella dec\u00eda, \u00abrenuevan mucho mi pobre esp\u00edritu\u00bb? (226).<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Notas<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>1. Aunque lamento ciertas simplificaciones y generalizaciones excesivas en su tratamiento de las religiosas, aplaudo lo que Bonnie S. Anderson y Judith P. Zinsser han hecho por nuestro conocimiento de la historia de las mujeres en Europa, en sus dos vol\u00famenes, Una historia propia (Nueva York: Harper and Row, 1988). Queda por escribir una obra comparable sobre las mujeres en la historia de la Iglesia. En este sentido, la investigaci\u00f3n acad\u00e9mica sobre la vida y obra de Catalina McAuley puede contribuir a una mejor comprensi\u00f3n de la historia eclesi\u00e1stica irlandesa del siglo XIX y de la historia eclesi\u00e1stica en general.<\/p>\n\n\n\n<p>2. En este ensayo se hace referencia frecuente a varios manuscritos biogr\u00e1ficos iniciales y cartas sobre Catalina McAuley escritas por sus primeras asociadas, as\u00ed como a entradas en las Cr\u00f3nicas de ciertas fundaciones tempranas. Deseo agradecer a las archivistas, archivistas asistentes u otras hermanas su amable ayuda y destacar con respeto su fidelidad en el cuidado de los documentos de nuestra herencia: Hermanas Teresa Green (Bermondsey), Norah Boland (Brisbane), Nessa Cullen (Carlow), Mary Paschal Murray (Derry), Mary Magdalena Frisby (Dubl\u00edn) &#8211; que ha llevado durante mucho tiempo una responsabilidad especial, con gran sabidur\u00eda y solicitud, Mary Pierre O&#8217;Connor (Limerick) y Mary Celestine (Tullamore).<\/p>\n\n\n\n<p>3. Las referencias a la Regla corresponden al manuscrito de Catalina McAuley, conservado en los archivos de las Hermanas de la Misericordia, Dubl\u00edn. Los n\u00fameros de los cap\u00edtulos y de los art\u00edculos (p\u00e1rrafos) figuran entre par\u00e9ntesis, separados por un punto.<\/p>\n\n\n\n<p>4. En este ensayo las referencias a las cartas de Catalina son generalmente a la edici\u00f3n de Mary Ignatia Neumann, RSM,&nbsp;<em>Las Cartas de Catalina McAuley<\/em>&nbsp;(Baltimore: Helicon, 1969), y por lo tanto s\u00f3lo los n\u00fameros de p\u00e1gina se dan entre par\u00e9ntesis. Cuando la referencia es a la edici\u00f3n de Mary Angela Bolster, RSM, <em>La Correspondencia de Catalina McAuley<\/em> (Cork y Ross: Hermanas de la Misericordia, 1989), se indica entre par\u00e9ntesis.<\/p>\n\n\n\n<p>5. En su excelente art\u00edculo, \u00abHacia una Teolog\u00eda de la Misericordia\u00bb, en MAST [Asociaci\u00f3n de la Misericordia sobre Escrituras y Teolog\u00eda] Revista 2 (Primavera 1992), 1-8, Mary Ann Scofield, RSM, ofrece un excelente an\u00e1lisis de la concepci\u00f3n de la Misericordia, hacer que debi\u00f3 inspirar y dirigir a Catalina McAuley. En el presente art\u00edculo, en el que me centro en el lenguaje del \u00abconsolar\u00bb, s\u00f3lo deseo ofrecer otra manera de nombrar la misericordia que caracteriz\u00f3 las actitudes y el comportamiento de Catalina, utilizando una palabra que ella usaba con m\u00e1s frecuencia que \u00abmisericordioso\u00bb o \u00abmisericordia\u00bb. Las palabras y conceptos que las Hermanas de la Misericordia usamos para expresar nuestras convicciones y compromisos m\u00e1s fundamentales pueden, por la misma frecuencia con que los usamos, volverse demasiado familiares y perder as\u00ed parte de su poder para inspirarnos. Esto puede suceder con la palabra \u00abMisericordia\u00bb, que significa realidades b\u00edblicas e hist\u00f3ricas tan ricas. Tal vez la reflexi\u00f3n sobre \u00abconsolar a los afligidos\u00bb pueda renovar nuestra comprensi\u00f3n de ciertos aspectos de la Misericordia, que es el carisma fundacional de nuestro Instituto.<\/p>\n\n\n\n<p>6. <em>El Diccionario Oxford de la lengua inglesa<\/em>&nbsp;indica que los significados actuales de la palabra \u00abconsuelo\u00bb &#8211; as\u00ed como de la palabra \u00abanimado\u00bb, que se tratar\u00e1 m\u00e1s adelante &#8211; eran tambi\u00e9n los significados habituales de estas palabras a principios del siglo XIX, cuando las utilizaba Catalina McAuley.<\/p>\n\n\n\n<p>7. <em>Modelos de Dios<\/em>, de Sallie McFague (Filadelfia: Fortress Press, 1987), ofrece una persuasiva interpretaci\u00f3n de los modos de la presencia de Dios en y hacia el mundo \u00abcomo madre [progenitora], amante y amiga de los \u00faltimos y m\u00e1s peque\u00f1os de toda la creaci\u00f3n\u00bb (91). Aunque McFague no nombra expl\u00edcitamente \u00abConsolador\u00bb a ninguno de sus tres modelos, su presentaci\u00f3n experimental de estas tres met\u00e1foras de Dios &#8211; para representar el amor, la actividad y la \u00e9tica \u00abcreadora, salv\u00edfica y sustentadora\u00bb de Dios &#8211; enriquece enormemente nuestra comprensi\u00f3n de la presentaci\u00f3n escritur\u00edstica del \u00abDios de toda consolaci\u00f3n\u00bb que efect\u00faa y sostiene \u00abla consolaci\u00f3n de Israel\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>8. Este testimonio ocular es la fuente m\u00e1s antigua de la tradici\u00f3n de la \u00abbuena taza de t\u00e9\u00bb, que Mary Austin Carroll, Vida de Catalina McAuley (Nueva York: Sadlier, 1890), registra m\u00e1s tarde como una \u00abc\u00f3moda taza de t\u00e9\u00bb (437). La obra de Carroll se public\u00f3 por primera vez en 1866.<\/p>\n\n\n\n<p>9. Partes de este ensayo est\u00e1n tomadas de dos cap\u00edtulos del libro sobre Catalina McAuley que estoy terminando para su publicaci\u00f3n. El libro contendr\u00e1 los textos de los primeros manuscritos biogr\u00e1ficos sobre Catalina, as\u00ed como el texto del manuscrito original de Catalina para la primera Regla y Constituciones, junto con extensas notas y comentarios sobre su composici\u00f3n. Distribu\u00ed el texto de la Primera Parte de la Regla y mis notas finales sobre ella en la Reuni\u00f3n de la Directiva de la Federaci\u00f3n de las Hermanas de la Misericordia de las Am\u00e9ricas, en Manchester, Nuevo Hampshire, el 24 de junio de 1989.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-pale-cyan-blue-background-color has-background\">Publicado originalmente en ingl\u00e9s en\u00a0<em>The MAST Journal\u00a0<\/em>Volumen 3 N\u00famero 1 (1992).\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-article pdfprnt-bottom-right\"><a href=\"https:\/\/themastjournal.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/article\/428?print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><span class=\"pdfprnt-button-title pdfprnt-button-pdf-title\">Print or Save as PDF<\/span><\/a><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En este ensayo deseo explorar los conceptos de Catalina McAuley de consolar y animar, con los que creo que defini\u00f3 tanto su propia y \u00fanica contribuci\u00f3n a la fundaci\u00f3n de las Hermanas de la Misericordia, como dos obras esenciales de quienes personalmente impulsar\u00edan la refundaci\u00f3n de la misi\u00f3n de las Hermanas de la Misericordia en este siglo y en el siguiente.<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":309,"template":"","categories":[65,69,79],"volume_number":[76],"ppma_author":[110],"class_list":["post-428","article","type-article","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-carisma-de-la-misericordia","category-praxis-teologica","category-santos-y-personas-santas-es","volume_number-v30-n1-es","author-marysullivan-es"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - 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