{"id":426,"date":"2025-05-15T00:42:30","date_gmt":"2025-05-15T04:42:30","guid":{"rendered":"https:\/\/themastjournal.org\/?post_type=article&#038;p=426"},"modified":"2025-05-23T09:33:43","modified_gmt":"2025-05-23T13:33:43","slug":"catalina-mcauley-y-el-cuidado-de-los-enfermos-es","status":"publish","type":"article","link":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/catalina-mcauley-y-el-cuidado-de-los-enfermos-es\/","title":{"rendered":"Catalina McAuley y el cuidado de los enfermos"},"content":{"rendered":"\n<p>La \u00abvisitaci\u00f3n\u00bb a las personas enfermas pobres era uno de los tres elementos centrales en la visi\u00f3n de Catalina McAuley de la obra de misericordia a la que ella y, m\u00e1s tarde, sus compa\u00f1eras de las Hermanas de la Misericordia fueron llamadas.<sup>1<\/sup> Conceb\u00eda esta \u00abvisitaci\u00f3n\u00bb como una forma de brindar a las personas desesperadamente enfermas y moribundas tanto consuelo material como religioso. Lo que llama especialmente la atenci\u00f3n de su servicio y abogac\u00eda en favor de la gente pobre enferma no es s\u00f3lo su disposici\u00f3n a cuidar de personas con enfermedades infecciosas extremadamente peligrosas (c\u00f3lera y tifus, por ejemplo), con el consiguiente riesgo para su propia vida, sino su deseo abrumador de ofrecer a estas personas abandonadas y rechazadas la dignidad y el consuelo cristiano que ella sent\u00eda que les correspond\u00eda por derecho, como seres humanos con quienes Jesucristo mismo estaba \u00edntimamente identificado.<\/p>\n\n\n\n<p>En el siguiente ensayo deseo desarrollar este tema general centr\u00e1ndome en cuatro subtemas: El servicio innovador y valiente de Catalina a enfermos y moribundos pobres de su tiempo; la continuaci\u00f3n de su visi\u00f3n y pr\u00e1ctica en sus primeras compa\u00f1eras; el car\u00e1cter de la visitaci\u00f3n cristiana de enfermos que Catalina imagin\u00f3 y describi\u00f3, especialmente en el cap\u00edtulo 3 de su Regla; y, finalmente, las implicaciones de la pr\u00e1ctica de Catalina para el cuidado de las personas enfermas en la actualidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, primero, \u00bfqu\u00e9 sabemos del estado de los conocimientos m\u00e9dicos a principios del siglo XIX, cuando Catalina McAuley sali\u00f3 a las calles de Dubl\u00edn para atender a pobres enfermos y moribundos? Recordar algunos hechos hist\u00f3ricos puede ayudarnos a apreciar a qu\u00e9 se enfrentaba.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1837 William Gerhard, m\u00e9dico de Filadelfia, public\u00f3 un art\u00edculo en el que demostraba, por primera vez en la historia de la medicina, que la fiebre tifoidea y el tifus eran dos enfermedades distintas, con s\u00edntomas y causas diferentes, a pesar de la tendencia predominante a clasificarlas a ambas simplemente como \u00abfiebre\u00bb. En 1839, William Budd, un m\u00e9dico rural brit\u00e1nico, inici\u00f3 su hist\u00f3rico estudio sobre el origen y la transmisi\u00f3n de la fiebre tifoidea, y en 1856 concluy\u00f3, por primera vez en la historia de la medicina, que la fiebre tifoidea se propaga por la materia fecal humana infectada, aunque entonces no pudo identificar su causa org\u00e1nica espec\u00edfica. En 1854, John Snow, otro m\u00e9dico brit\u00e1nico, demostr\u00f3 durante un brote en Londres que el c\u00f3lera es una enfermedad transmitida por el agua, que se propaga en una poblaci\u00f3n a trav\u00e9s del agua potable contaminada, pero en aquel momento no pudo precisar el agente responsable.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1864, Louis Pasteur, ayudado por los avances en el microscopio inventado casi 200 a\u00f1os antes por Anton van Leeuwenhoek (1632-1723), convenci\u00f3 a cient\u00edficos para que aceptaran la existencia y el car\u00e1cter general de los g\u00e9rmenes, microorganismos vivos que causan enfermedades infecciosas. En 1865 Joseph Lister inaugur\u00f3 la cirug\u00eda antis\u00e9ptica, utilizando \u00e1cido carb\u00f3lico para prevenir la infecci\u00f3n quir\u00fargica. En 1880, el pat\u00f3logo estadounidense Daniel Elmer Salmon identific\u00f3 el bacilo de la fiebre tifoidea (<em>Salmonella typhosa<\/em>). En 1882 Robert Koch identific\u00f3 por primera vez el bacilo causante de la tuberculosis, dando as\u00ed cuenta de la llamada \u00abtisis\u00bb que hab\u00eda llevado a la muerte a tantas personas, y en 1883 identific\u00f3 el microorganismo responsable del c\u00f3lera. En 1909, Charles Nicolle demostr\u00f3 por fin el modo de transmisi\u00f3n del tifus epid\u00e9mico a trav\u00e9s de los piojos infectados.<sup>2<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, a finales del siglo XIX, los avances de la microbiolog\u00eda y la epidemiolog\u00eda, posibilitados en parte por los avances de la \u00f3ptica, permitieron por fin a profesionales de la medicina conocer los microorganismos concretos responsables y los respectivos modos de transmisi\u00f3n de un amplio abanico de enfermedades infecciosas que hab\u00edan asolado la vida humana durante siglos: \u00e1ntrax, c\u00f3lera, disenter\u00eda, difteria, viruela, tuberculosis, fiebre tifoidea y tifus, por citar s\u00f3lo algunas de las enfermedades infecciosas m\u00e1s temidas, y hasta entonces a menudo mortales. De hecho, no fue hasta 1935 y las dos d\u00e9cadas siguientes, cuando se crearon por primera vez las sulfamidas, la penicilina y otros agentes antibi\u00f3ticos, que la medicina dispuso, por fin, de medios eficaces para tratar los brotes de estas enfermedades masivas. Y no fue hasta 1977-1980 cuando la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud pudo por fin declarar erradicada la viruela como enfermedad humana, habi\u00e9ndose logrado previamente el descubrimiento del virus que la causa con la ayuda del microscopio electr\u00f3nico (construido por primera vez en 1931).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Catalina McAuley muri\u00f3 en 1841, cuando Louis Pasteur ten\u00eda s\u00f3lo diecinueve a\u00f1os. Por lo tanto, vivi\u00f3 y trabaj\u00f3 en un mundo que a\u00fan no se hab\u00eda beneficiado de los descubrimientos que llegar\u00edan m\u00e1s tarde en el siglo: un mundo todav\u00eda plagado de causas peligrosas, pero a\u00fan no identificadas de enfermedades graves y muerte; un mundo en el que los pobres eran especialmente vulnerables debido al hacinamiento y la decadencia de sus viviendas, su deficiente eliminaci\u00f3n de aguas residuales y sus suministros de agua desprotegidos.<\/p>\n\n\n\n<p>El conocimiento de estos hechos hist\u00f3ricos es esencial para una comprensi\u00f3n completa de la atenci\u00f3n \u00edntima de Catalina McAuley a las personas pobres enfermas y de los riesgos deliberados que implicaban sus visitaciones a enfermos en los barrios bajos de Dubl\u00edn. De hecho, al menos en una ocasi\u00f3n, en 1832, Sir Philip Crampton, eminente m\u00e9dico dublin\u00e9s, aconsej\u00f3 encarecidamente a Catalina que abandonara la visitaci\u00f3n de enfermos. No es que no fuera consciente de los peligros que ello conllevaba; al contrario, Clare Moore, una de sus primeras colaboradoras, afirma que ten\u00eda \u00abun miedo natural al contagio\u00bb (\u00abCr\u00f3nicas de Bermondsey\u00bb, Sullivan 112). Pero, como tambi\u00e9n se\u00f1ala Clare, Catalina \u00absuper\u00f3 ese sentimiento\u00bb en aras del consuelo y la consolaci\u00f3n que podr\u00eda aportar a quienes sufr\u00edan no s\u00f3lo los dolores f\u00edsicos de la enfermedad y la muerte, sino a\u00fan m\u00e1s, los dolores espirituales del abandono y la desesperanza.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">I. El cuidado de Catalina McAuley a enfermos pobres<\/h2>\n\n\n\n<p>Karl Rahner habla de la \u00abaudacia\u00bb (parres\u00eda) apost\u00f3lica que impuls\u00f3 el discurso p\u00fablico de los primeros seguidores de Jes\u00fas. Se\u00f1ala su audacia al proclamar p\u00fablicamente el Evangelio en un mundo hostil a su misi\u00f3n. Creyendo que hab\u00edan sido realmente \u00abenviados\u00bb por Jes\u00fas a ese mismo mundo, y por su bien, superaron sus temores y su preferencia por el silencio, y dieron testimonio con palabras de la revelaci\u00f3n que hab\u00edan recibido, aceptando el peligro que ello implicaba (Investigaciones Teol\u00f3gicas 7: 260-67). Catalina McAuley manifest\u00f3 una audacia apost\u00f3lica comparable en su discurso, pero a\u00fan m\u00e1s en sus acciones. Su presencia personal entre gente pobre desesperadamente enferma y su cuidado \u00edntimo de la gente, en toda clase de condiciones sucias, desagradables y agotadoras, era una proclamaci\u00f3n enf\u00e1tica de la solidaridad misericordiosa con quienes estaban en necesidad, que ella cre\u00eda que estaba en el coraz\u00f3n del Evangelio. As\u00ed, su visitaci\u00f3n a las personas pobres y enfermas emulaba la audacia de aquel a quien segu\u00eda: Jes\u00fas, que toc\u00f3 las llagas de los leprosos (Mc 1,41).<\/p>\n\n\n\n<p>Catalina empez\u00f3 a visitar a enfermos pobres en sus propias viviendas mientras viv\u00eda con los Callaghan en Coolock House (1803-1822), donde ejerci\u00f3 de compa\u00f1era de la se\u00f1ora Callaghan, pero obviamente pudo dedicar m\u00e1s tiempo a esta labor tras la muerte de Catherine Callaghan y su marido William. Sin embargo, sus primeras experiencias como enfermera no tuvieron que ver con pacientes pobres, sino con las enfermedades y muertes de sus propios parientes y amistades cercanas. Su madre, Elinor McAuley, muri\u00f3 en 1798, cuando Catalina ten\u00eda unos veinte a\u00f1os; Catherine Callaghan muri\u00f3 en 1819, tras una enfermedad \u00abprolongada y tediosa\u00bb que la mantuvo postrada en cama durante tres a\u00f1os (\u00abManuscrito Limerick\u00bb, Sullivan 145); la prima de Catalina, Ann Conway Byrn, muri\u00f3 en agosto de 1822, dejando cuatro hijos, dos de los cuales fueron adoptados por Catalina; William Callaghan muri\u00f3 en noviembre del mismo a\u00f1o; el sacerdote Joseph Nugent, amigo cercano de Catalina, muri\u00f3 de tifus en mayo de 1825; su hermana Mary muri\u00f3 de c\u00e1ncer en agosto de 1827; Edward Armstrong, su confesor, muri\u00f3 en mayo de 1828; y en enero de 1829 su cu\u00f1ado William Macauley muri\u00f3 de \u00abdolor de garganta ulcerado con fiebre\u00bb, dejando cinco hijos, todos los cuales fueron adoptados por Catalina (\u00abManuscrito de Limerick\u00bb, Sullivan 161). Durante todas estas \u00faltimas enfermedades Catalina cuid\u00f3 de enfermos d\u00eda y noche, a veces durante meses, a veces s\u00f3lo durante unos d\u00edas o semanas. Fueron sin duda estas experiencias de cuidar a sus familiares y amistades las que le ense\u00f1aron a cuidar a las personas enfermas y moribundas, y las que a\u00f1os m\u00e1s tarde, despu\u00e9s de haber experimentado muchas m\u00e1s muertes de sus seres queridos, la llevaron a escribir: \u00abla tumba nunca parece cerrarse para m\u00ed\u00bb (Neumann, ed. 100).<\/p>\n\n\n\n<p>A la muerte de William Callaghan en 1822, Catalina hered\u00f3 la mayor parte de los bienes de Callaghan. Continu\u00f3 viviendo en el pueblo de Coolock, al norte de Dubl\u00edn, mientras planeaba su futuro trabajo y constru\u00eda la gran casa que hab\u00eda dise\u00f1ado para este fin en <em>Baggot Street<\/em>, Dubl\u00edn. Las Cr\u00f3nicas de Bermondsey cuentan que, tanto antes como durante este periodo, \u00abten\u00eda por costumbre visitar asiduamente a enfermos pobres, tanto en las m\u00edseras calles y callejuelas de la parroquia de Santa Mar\u00eda [Liffey Street], Dubl\u00edn, como en el pueblo cercano a su residencia\u00bb (Sullivan 101). Durante una de estas visitas Catalina conoci\u00f3 a la Sra. Harper.<\/p>\n\n\n\n<p>El Manuscrito Limerick recoge su respuesta:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>En una ocasi\u00f3n descubri\u00f3 a una pobre man\u00edaca que hab\u00eda disfrutado de las comodidades de la vida, siendo de buena familia, pero que luego fue abandonada por todos y sufr\u00eda de extrema pobreza.&nbsp;Inmediatamente se hizo cargo de esta pobre criatura y, en lugar de internarla en un asilo, la llev\u00f3 a su propia casa, donde la mantuvo hasta su muerte.&nbsp;La se\u00f1orita McAuley tuvo mucho que sufrir a causa de esta mujer, ya que, con la perversidad que a veces acompa\u00f1a a la locura, concibi\u00f3 un odio absoluto hacia su benefactora, y de ordinario empleaba con ella el lenguaje m\u00e1s virulento y despectivo. Adem\u00e1s, era de h\u00e1bitos muy sucios y ten\u00eda la inveterada costumbre de robar todo lo que ca\u00eda en sus manos, escondiendo las cosas que no pod\u00eda usar, lo que causaba grandes molestias a la familia.&nbsp;Sin embargo, la paciencia de su protectora nunca parec\u00eda perturbada por estas continuas molestias, ni permit\u00eda que la servidumbre se burlara [sic] de la pobre criatura sobre el tema.&nbsp;(\u00abManuscrito Limerick\u00bb, Sullivan 151-52)<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Aunque sus habitaciones a\u00fan no estaban totalmente terminadas, la Casa de Catalina en <em>Baggot Street<\/em> se inaugur\u00f3 el 24 de septiembre de 1827, y las dos primeras asociadas de Catalina &#8211; su prima adoptiva, Catalina Byrn, y Anna Maria Doyle &#8211; se trasladaron ese mismo d\u00eda para comenzar las obras de Misericordia que Catalina hab\u00eda planeado. En junio de 1828, la propia Catalina resid\u00eda con bastante regularidad en <em>Baggot Street<\/em>, cuando no estaba cuidando a los hijos peque\u00f1os de su difunta hermana en casa de su cu\u00f1ado. Coolock House se vendi\u00f3 en septiembre siguiente, y en noviembre de ese a\u00f1o Catalina pidi\u00f3 permiso al Arzobispo Daniel Murray para visitar a las personas pobres enfermas, no s\u00f3lo en sus propias casas, sino tambi\u00e9n en los hospitales de Dubl\u00edn. As\u00ed comenz\u00f3, a finales de noviembre de 1828, tres a\u00f1os antes de la fundaci\u00f3n de las Hermanas de la Misericordia, la visitaci\u00f3n diaria de enfermos pobres que iba a caracterizar la vida de casi todas las Hermanas de la Misericordia hasta bien entrado el siglo XX.<\/p>\n\n\n\n<p>Los primeros a\u00f1os del siglo XIX \u2013 antes y despu\u00e9s de la Ley de Emancipaci\u00f3n Cat\u00f3lica de 1829 \u2013 no fueron los mejores tiempos ecum\u00e9nicos en Dubl\u00edn, y el temor mutuo al proselitismo, tanto por parte de cat\u00f3licos como de protestantes, hab\u00eda llevado a excluir a ministras\/os de todas las confesiones religiosas de visitar a pacientes en hospitales. Adem\u00e1s, salvo el hospital San Vicente, abierto por las Hermanas de la Caridad irlandesas en 1834 (Scanlan 8), todos los hospitales de Dubl\u00edn en tiempos de Catalina estaban bajo direcci\u00f3n protestante.<sup>3<\/sup> Este hecho explica el cuidado de Catalina \u2013 algunos dir\u00edan que su astucia \u2013 para conseguir entrar en los pabellones de pobres de los hospitales de la zona sur de Dubl\u00edn. (Seg\u00fan Mary Vincent Harnett, dejaba los hospitales del norte de la ciudad al ministerio de las Hermanas de la Caridad irlandesas que resid\u00edan all\u00ed [Vida 57]). El Manuscrito Limerick es particularmente detallado sobre el m\u00e9todo de Catalina:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>En esa \u00e9poca no estaba permitido que ning\u00fan integrante de cualquier cuerpo religioso de Dubl\u00edn visitara los hospitales p\u00fablicos.&nbsp;La se\u00f1orita McAuley deseaba remediar este mal, y sabiendo que el mayor n\u00famero de pacientes recibidos en estos hospitales eran cat\u00f3licos romanos, resolvi\u00f3 hacer un esfuerzo para tener acceso a ellos con el prop\u00f3sito de comunicarles instrucci\u00f3n y consuelo.&nbsp;Como sab\u00eda que las personas acceder\u00edan de mejor grado a la petici\u00f3n de quienes ocupaban una buena posici\u00f3n social, que, a la hecha por individuos de rango humilde, resolvi\u00f3, para promover el objeto que ten\u00eda en vista, hacer sus primeras visitas en su propio carruaje. Esto lo hizo, no por ning\u00fan motivo de ostentaci\u00f3n o exhibici\u00f3n, sino por el deseo de eliminar los obst\u00e1culos que el mundo pudiera poner al cumplimiento de sus designios caritativos; deseaba vencer los prejuicios del mundo con sus propias armas, y habi\u00e9ndolo logrado felizmente, se deshizo de su carruaje en el transcurso de unos pocos meses y nunca m\u00e1s volvi\u00f3 a utilizarlo.&nbsp;Su primera visitaci\u00f3n fue al hospital de Sr. Patrick Dunne, donde uno de sus amigos protestantes era m\u00e9dico jefe.&nbsp;Fue acompa\u00f1ada por tres de sus asociadas,<sup>4<\/sup> y mientras uno o dos de los gobernadores la llevaban a trav\u00e9s del establecimiento, y le mostraban varios objetos de curiosidad como los medios que la ciencia moderna ha empleado para mitigar el dolor humano, sus j\u00f3venes amigas estaban dispersas por los pabellones ofreciendo consuelo a sus pacientes.&nbsp;En el curso de la conversaci\u00f3n, aprovech\u00f3 la oportunidad para preguntar si habr\u00eda alguna objeci\u00f3n por parte de los administradores a su visita de vez en cuando, con el fin de impartir consuelo religioso a las personas internas pobres que sufr\u00edan; la respuesta fue que no hab\u00eda la m\u00e1s m\u00ednima objeci\u00f3n en su camino, y que era perfectamente bienvenida a visitar a pacientes tan a menudo como lo deseara. Hizo una visita similar al Hospital Mercer y tuvo el mismo \u00e9xito.&nbsp;(\u00abManuscrito Limerick\u00bb, Sullivan I 59-60)<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de los hospitales Sir Patrick Dun y Mercer, Catalina y sus asociadas visitaban tambi\u00e9n a enfermos pobres en el Hospital Coombe Lying-In y en el Hospital para Incurables de Donnybrook. Recorrieron a pie distancias considerables hasta estos hospitales, as\u00ed como hasta las casuchas de enfermos pobres, por lo que con el tiempo fueron apodadas \u00ablas monjas caminantes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En su libro, La enfermera irlandesa, Pauline Scanlan ofrece algunos datos hist\u00f3ricos sobre los hospitales de la \u00e9poca de Catalina. Por ejemplo, se\u00f1ala que el Hospital Mercer, situado en una casa de piedra utilizada originalmente como hogar para ni\u00f1as pobres, se fund\u00f3 en 1734 \u00abpara la recepci\u00f3n y alojamiento de personas pobres enfermas que pudieran padecer enfermedades de curaci\u00f3n tediosa y peligrosa, como la epilepsia, la locura, la lepra y otras similares\u00bb (2). El quir\u00f3fano del Hospital Sir Patrick Dun, inaugurado en la calle Lower Grand Canal en 1809, era todav\u00eda, en tiempos de Catalina, una habitaci\u00f3n individual, \u00abcalentada por una estufa\u00bb y sin \u00abagua caliente ni fr\u00eda\u00bb. Se dice que el nuevo quir\u00f3fano construido en 1898 fue \u00abel primer quir\u00f3fano antis\u00e9ptico moderno\u00bb de Irlanda (Scanlan 19). El Hospital Coombe Lying-In, \u00abfundado en 1826 para mujeres embarazadas pobres que viv\u00edan en la zona de Coombe, en Dubl\u00edn\u00bb, al sur del r\u00edo Liffey, ten\u00eda treinta y una camas (Scanlan 7). El Hospital para Incurables fundado, con una enfermera, en Fleet Street en 1744 se traslad\u00f3 m\u00e1s tarde, en el siglo XVIII, a Donnybrook Road, donde entonces albergaba a cerca de cien pacientes (Scanlan 2).<\/p>\n\n\n\n<p>Como se\u00f1ala Scanlan: \u00abdurante el siglo XVIII y durante la primera mitad del XIX, la mayor\u00eda de las enfermeras estaban clasificadas como empleadas dom\u00e9sticas, y la enfermer\u00eda se consideraba una funci\u00f3n para menestrales\u00bb (55). En un informe sobre las condiciones en los hospitales de Irlanda, publicado en 1835, el m\u00e9dico-autor se refiere a los \u00abproblemas causados por la ignorancia y la falta de formaci\u00f3n de las enfermeras y comadronas\u00bb, para quienes la limpieza, la dieta adecuada de sus pacientes y la ventilaci\u00f3n no sol\u00edan ser prioridades (Scanlan 64). Otros comentaristas han se\u00f1alado que la intoxicaci\u00f3n durante el servicio era frecuente en el personal de enfermer\u00eda de algunos hospitales de Irlanda e Inglaterra durante la primera mitad del siglo XIX. La proporci\u00f3n de enfermeras por paciente sol\u00eda ser elevada; el suministro de agua, escaso; los pabellones, superpoblados; los servicios de lavander\u00eda, deficiente; y las tareas de las enfermeras, muy variadas. En estas circunstancias, no es de extra\u00f1ar que las enfermeras, analfabetas y sin formaci\u00f3n, estuvieran agotadas y fueran negligentes, y que sus pacientes, enfermos pobres sin medios para pagar, fueran los menos atendidos. Seg\u00fan Scanlan, un informe sobre la Casa de la Industria de Dubl\u00edn escrito en 1807 afirma que \u00abcuarenta y ocho lun\u00e1ticos, as\u00ed como otros pacientes, estaban siendo alojados dos por cama, en ese momento\u00bb (56). Fue a ese manicomio al que Catalina McAuley no enviar\u00eda, algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde, a la se\u00f1ora Harper.<\/p>\n\n\n\n<p>El estado de los cuidados de enfermer\u00eda en los hospitales de Dubl\u00edn a principios del siglo XIX puede deducirse de la historia de Mary Ann Redmond, una joven rica del sur de Irlanda que ten\u00eda \u00abuna hinchaz\u00f3n blanca en la rodilla\u00bb. Michael Blake, vicario general de la di\u00f3cesis de Dubl\u00edn, era muy amigo de Catalina McAuley. Tambi\u00e9n conoc\u00eda a Mary Ann Redmond y en julio de 1830 pidi\u00f3 a Catalina que la visitara en su alojamiento de Dubl\u00edn. Cuando los m\u00e9dicos de Mary Ann decidieron amputarle la pierna, Michael Blake rog\u00f3 a Catalina que permitiera que la operaci\u00f3n se llevara a cabo en <em>Baggot Street<\/em>, en lugar del hospital. En una carta escrita catorce a\u00f1os m\u00e1s tarde, Clare Moore, que estaba presente en <em>Baggot Street<\/em> en aquel momento, dice que \u00abla caridad de la Rvda. Madre consinti\u00f3 f\u00e1cilmente. La alojaron en la gran habitaci\u00f3n que ahora est\u00e1 dividida en noviciado y enfermer\u00eda. Madre Mary Ann [Doyle] y Madre Angela [Dunne] estuvieron presentes durante la operaci\u00f3n, aunque sus gritos eran espantosos. La atendimos noche y d\u00eda durante m\u00e1s de un mes, al cabo del cual fue trasladada un poco al campo, donde sufri\u00f3 durante dos o tres meses y muri\u00f3 en gran agon\u00eda\u00bb (Sullivan 89-90). Las Cr\u00f3nicas de Bermondsey se\u00f1alan que \u00abDurante el mes que esta joven estuvo en el convento, [Catalina] la cuid\u00f3 d\u00eda y noche como si fuera su hija\u00bb (Sullivan 104).<sup>5<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Pero dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, el cuidado de Catalina por las personas enfermas se enfrent\u00f3 a una prueba a\u00fan m\u00e1s dura. Tres meses despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n de las Hermanas de la Misericordia, el 12 de diciembre de 1831, una violenta epidemia de c\u00f3lera asi\u00e1tica asol\u00f3 Inglaterra e Irlanda, llegando a Dubl\u00edn a finales de marzo de 1832. Mientras tanto, en <em>Baggot Street<\/em>, Anne O&#8217;Grady acababa de morir de consunci\u00f3n el mes anterior, y Mary Elizabeth Harley, una de las dos j\u00f3venes que hab\u00edan ido a George&#8217;s Hill con Catalina, tambi\u00e9n se estaba muriendo de consunci\u00f3n, muerte acelerada por la humedad de la cocina del s\u00f3tano donde hab\u00eda sido asignada a trabajar en George&#8217;s Hill. Varias otras en <em>Baggot Street<\/em> tambi\u00e9n estaban enfermas, tres con virulento escorbuto, y as\u00ed el futuro mismo de las Hermanas de la Misericordia estaba amenazado por la enfermedad y la muerte (\u00abManuscrito Dubl\u00edn\u00bb, Sullivan 206). En medio de este grave sufrimiento comunal lleg\u00f3 una petici\u00f3n p\u00fablica de ayuda.<\/p>\n\n\n\n<p>A finales de abril, a medida que aumentaba el n\u00famero de casos de c\u00f3lera y de v\u00edctimas mortales, y se extend\u00eda la contaminaci\u00f3n en las instalaciones hospitalarias existentes, la Directiva de Sanidad de Dubl\u00edn decidi\u00f3 abrir algunos hospitales temporales para enfermos de c\u00f3lera: en la parte occidental de la ciudad, la Penitenciar\u00eda Grangegorman se convirti\u00f3 en hospital, y se puso al cuidado de las Hermanas de la Caridad irlandesas; al este, se transform\u00f3 el Dep\u00f3sito Townsend Street, y se pidi\u00f3 a las Hermanas de la Misericordia que se hicieran cargo de la enfermer\u00eda all\u00ed. As\u00ed, pocos d\u00edas despu\u00e9s de la muerte de Elizabeth Harley, el 25 de abril, Arzobispo Murray acudi\u00f3 a <em>Baggot Street<\/em>, a petici\u00f3n de Catalina, para dar permiso a la comunidad de emprender esta peligrosa labor. \u00c9l mismo, el d\u00eda anterior, hab\u00eda publicado una carta pastoral sobre la epidemia (Meagher 154-56). Aunque el hospital Grangegorman se cerr\u00f3 al cabo de tres meses, el Townsend Street permaneci\u00f3 abierto el resto del a\u00f1o, y las Hermanas de la Misericordia atendieron all\u00ed a las v\u00edctimas del c\u00f3lera durante m\u00e1s de siete meses, desde principios de mayo hasta diciembre de 1832. En el punto \u00e1lgido de la epidemia mor\u00edan en Dubl\u00edn m\u00e1s de 600 personas al d\u00eda. El hospital Townsend Street, inicialmente pensado para albergar a cincuenta pacientes, pronto se ampli\u00f3, aunque, en el transcurso de un d\u00eda, la misma cama era ocupada a menudo por varios pacientes sucesivamente. Mary Austin Carroll afirma que en el hospital Townsend Street se trataron 3.700 casos de c\u00f3lera (Leaves 2: 295).<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los primeros manuscritos biogr\u00e1ficos sobre Catalina McAuley reflejan esta extraordinaria experiencia. En su \u00abMemoria de la Fundadora\u00bb (\u00abManuscrito Dubl\u00edn\u00bb), Clare Augustine Moore dice:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>Las muertes eran tantas, tan repentinas y tan misteriosas que la gente pobre e ignorante cre\u00eda que los m\u00e9dicos hab\u00edan envenenado a sus pacientes y, como era necesario enterrarlos inmediatamente, se dec\u00eda que muchos hab\u00edan sido enterrados vivos.&nbsp;Algunos sin duda lo fueron, pero hay razones para creer que muy pocos.&nbsp;Fue en estas circunstancias cuando la Rvda. Madre ofreci\u00f3 sus servicios al hospital del c\u00f3lera Townsend Street, que fueron aceptados con gratitud. Una vez que el Arzobispo aprob\u00f3 esta medida, las hermanas comenzaron sus tareas para gran consuelo de pacientes y m\u00e9dicos; pero la fatiga que sufrieron fue terrible.&nbsp;Rvda. Madre describi\u00f3 a algunas de nosotras a las hermanas que regresaban pasadas las 9 [p.m.], aflojaban sus cordones en las escaleras y se deten\u00edan, vencidas por el sue\u00f1o.&nbsp;(Sullivan 207)<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>En su carta del 26 de agosto de 1845, Clare Moore dice que Catalina estuvo en el hospital \u00abmucho&#8230; y una vez que una pobre mujer fue confinada recientemente o en ese momento, y muri\u00f3 justo despu\u00e9s de c\u00f3lera, la querida Rvda. Madre tuvo tanta compasi\u00f3n del beb\u00e9 que se lo llev\u00f3 a casa bajo su chal y lo puso a dormir en una camita en su propia celda, pero como puede suponer, el peque\u00f1o llor\u00f3 toda la noche y la Rvda. Madre no pudo descansar, as\u00ed que al d\u00eda siguiente se lo dieron a alguien para que lo cuidara\u00bb (Sullivan 97-8).<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan Mary Ann Doyle y Clare Moore,<sup>6<\/sup> las hermanas iban a Townsend Street en turnos de cuatro horas, empezando a las ocho o las nueve de la ma\u00f1ana. Cuatro hermanas prestaban servicio a la vez, a pesar de que entonces s\u00f3lo hab\u00eda once en la comunidad de <em>Baggot Street<\/em>, y de que la escuela para ni\u00f1as pobres y el refugio para mujeres sin hogar funcionaban ya a pleno rendimiento. La propia Catalina permanec\u00eda en el hospital todo el d\u00eda, supervisando el cuidado de pacientes y el trabajo de las enfermeras contratadas. Clare Moore afirma que Catalina \u00abapenas sal\u00eda del hospital\u00bb. All\u00ed se la pod\u00eda ver entre muertos y moribundos, rezando junto al lecho del cristiano agonizante&#8230; y elevando su coraz\u00f3n hacia Dios por medio de la caridad (\u00abCr\u00f3nicas Bermondsey\u00bb, Sullivan 112). Como las muertes por c\u00f3lera eran tan numerosas y r\u00e1pidas, se extendi\u00f3 entre los pobres el temor de que estuvieran enterrando vivos a las\/los pacientes. En consecuencia, la propia Catalina asumi\u00f3 personalmente la responsabilidad de muertos y moribundos. Como se\u00f1ala Mary Austin Carroll:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>Ella no permit\u00eda que se enterrara a nadie hasta que se hubiera asegurado por inspecci\u00f3n personal de que la vida estaba realmente extinguida, ni permit\u00eda que las enfermeras cubrieran los rostros de los que se supon\u00eda que estaban muertos, hasta que transcurriera un tiempo determinado.&nbsp;Eran precauciones necesarias, que probablemente salvaron a miles de un destino m\u00e1s terrible que la muerte por c\u00f3lera&#8230; Ella fue muy severa con las enfermeras que descuidaban a sus enfermos, o que parec\u00edan tener demasiada prisa por deshacerse de los muertos; tampoco perdon\u00f3 a algunos m\u00e9dicos que, impasibles ante los horrores de la terrible crisis, s\u00f3lo pensaban en el honor de descubrir un [remedio] espec\u00edfico contra la peste, y que, en su ardor por experimentar, parec\u00edan olvidar que sus pacientes eran seres humanos.&nbsp;(Vida 226)<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s del miedo a ser enterrados vivos, la gente pobre \u2013 especialmente quienes no hab\u00edan tenido experiencia previa de la violencia del c\u00f3lera ni de la decoloraci\u00f3n de sus v\u00edctimas \u2013 tem\u00eda dejar que los carros del c\u00f3lera llevaran a sus parientes enfermos a los hospitales porque cre\u00edan que los m\u00e9dicos estaban envenenando a los pacientes. Ni siquiera la carta pastoral del arzobispo Murray pudo convencerles plenamente de que no era as\u00ed. Al parecer, en el hospital Townsend Street s\u00f3lo la presencia constante de Catalina McAuley, las Hermanas de la Misericordia y algunos cl\u00e9rigos cat\u00f3licos \u2013 entre ellos los amigos de Catalina, Michael Blake y Thomas O&#8217;Carroll \u2013 pod\u00eda tranquilizar adecuadamente a pacientes y familiares. Seg\u00fan Mary Vincent Harnett, la gente \u00abse reconciliaba m\u00e1s cuando ve\u00eda a las hermanas aceptar y administrar las recetas de los m\u00e9dicos\u00bb (Vida 88).<\/p>\n\n\n\n<p>El c\u00f3lera es una violenta enfermedad diarreica \u00abcaracterizada por una devastadora p\u00e9rdida intestinal de l\u00edquidos y electrolitos, cuya reposici\u00f3n constituye el elemento vital del tratamiento\u00bb. Sin ello, \u00abpuede producirse la muerte por deshidrataci\u00f3n o desequilibrio salino\u00bb (<em>Compa\u00f1ero de Medicina de Oxford<\/em>&nbsp;1: 213, 596). En tiempos de Catalina, a las\/los pacientes se les trataba con sangr\u00edas, aplicaciones de calor, dosis de calomelanos y paliativos como el opio, el l\u00e1udano y el brandy. Las hermanas iban de cama en cama durante todo el d\u00eda, administrando estos remedios y secando el sudor helado de los cuerpos de sus pacientes. No es de extra\u00f1ar que Mary Ann Doyle, tras arrastrarse repetidamente de cama en cama, se lesionara las rodillas. El famoso poema de Catalina, \u00abC\u00f3lera y colerina\u00bb, fue escrito en esta \u00e9poca, como un homenaje humor\u00edstico a las dos articulaciones doloridas de Mary Ann.<em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1os m\u00e1s tarde, el Dr. Andrew Furlong, un m\u00e9dico que hab\u00eda trabajado codo con codo con Catalina durante siete meses en el hospital Townsend Street, declar\u00f3 que el Dr. Hart, el m\u00e9dico jefe del hospital, dijo de las Hermanas de la Misericordia: \u00abFueron de la mayor utilidad, y&#8230; el hospital no podr\u00eda funcionar sin ellas. Manten\u00edan a las ochenta enfermeras en orden, lo que era dif\u00edcil de hacer\u00bb. Al parecer, el Dr. Hart dio a Catalina \u00abel control m\u00e1s completo\u00bb y, seg\u00fan Mary Austin Carroll, \u00absol\u00eda atribuir la escasez de muertes (alrededor del treinta por ciento), en comparaci\u00f3n con [el] alto porcentaje en otros lugares, a su sabia administraci\u00f3n\u00bb (<em>Leaves<\/em>&nbsp;2:295).<\/p>\n\n\n\n<p>En los nueve a\u00f1os que le quedaban de vida, Catalina sigui\u00f3 dando gran prioridad al cuidado de pobres enfermos y moribundos, incluso cuando visitarlos le costaba mucho a su propia salud. Cuando fund\u00f3 la casa filial de Kingstown (Dun Laoghaire) en 1835, las Cr\u00f3nicas Bermondsey se\u00f1alan que, aunque inmediatamente puso en marcha una escuela para las ni\u00f1as pobres y abandonadas que ve\u00eda all\u00ed (Neumann, ed. 86-7), \u00abtambi\u00e9n visitaban a enfermos, yendo a menudo muy lejos, y nuestra buena Fundadora, a pesar de la dificultad que experimentaba para caminar, nunca escatim\u00f3 en esas labores de caridad y misericordia\u00bb (Sullivan 114).<\/p>\n\n\n\n<p>En la primera d\u00e9cada de las Hermanas de la Misericordia, veinte miembros de la congregaci\u00f3n murieron de fiebre tifoidea, tifus, tisis y erisipela (una grave infecci\u00f3n estreptoc\u00f3cica de la piel y los tejidos subcut\u00e1neos). La propia Catalina muri\u00f3 el 11 de noviembre de 1841 de tuberculosis pulmonar complicada con empiema. Como es bien sabido que sufr\u00eda con frecuencia ataques de enc\u00edas doloridas, tan graves que apenas pod\u00eda comer la dieta de un lactante (Neumann, ed. 195), tambi\u00e9n es posible que padeciera escorbuto, una afecci\u00f3n derivada de la deficiencia de vitamina C. Es dudoso que en <em>Baggot Street<\/em> hubiera muchas frutas y verduras frescas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">II. La continuaci\u00f3n de la visi\u00f3n y pr\u00e1ctica de Catalina<\/h2>\n\n\n\n<p>En los a\u00f1os que siguieron a la muerte de Catalina, sus compa\u00f1eras y seguidoras de las Hermanas de la Misericordia continuaron con su incansable cuidado de las personas pobres enfermas y moribundas y, en repetidas ocasiones, emprendieron peligrosos ministerios entre enfermos pobres que la habr\u00edan preocupado y complacido a la vez. No es posible relatar aqu\u00ed todas las visitaciones de enfermos que tuvieron lugar en las nueve fundaciones de las Hermanas de la Misericordia que Catalina estableci\u00f3 fuera de Dubl\u00edn, pero tres acontecimientos pueden servir para ilustrar la devoci\u00f3n de sus compa\u00f1eras a enfermos desesperados: la epidemia de c\u00f3lera de 1848-1849, la guerra de Crimea y los casos de viruela end\u00e9mica en Londres en 1862.<\/p>\n\n\n\n<p>La hambruna irlandesa &#8211; a menudo llamada la Gran Inanici\u00f3n o la Gran Hambruna &#8211; comenz\u00f3 en 1845 con la plaga de la cosecha de patata, entonces el \u00fanico alimento de un tercio de irlandeses (\u00d4&#8217; Tuathaigh 203). Dur\u00f3 cinco a\u00f1os, durante los cuales se calcula que murieron entre 800.000 y 1.000.000 de personas por inanici\u00f3n, por las enfermedades que normalmente acompa\u00f1an a la hambruna (tifus, fiebre tifoidea o recurrente, disenter\u00eda, hidropes\u00eda y escorbuto) y por una devastadora invasi\u00f3n de c\u00f3lera. Cada ciudad y pueblo de Irlanda donde viv\u00edan entonces las Hermanas de la Misericordia fue asolado de una manera u otra por este desastre humano de m\u00faltiples facetas. Con la reticencia que a menudo marcaba las referencias a la Hambruna por parte de la gente com\u00fan irlandesa, los comentarios sobre la Hambruna en las cr\u00f3nicas existentes de las primeras comunidades de la Misericordia son breves. M\u00e1s detallados son sus relatos sobre la asistencia a las v\u00edctimas de las enfermedades que la acompa\u00f1aron.<\/p>\n\n\n\n<p>Las Cr\u00f3nicas Limerick, por ejemplo, recogen que en la grave epidemia de c\u00f3lera que asol\u00f3 toda Irlanda entre diciembre de 1848 y 1849, las Hermanas de la Misericordia de Limerick, dirigidas por Mary Elizabeth Moore, trabajaron en dos hospitales del c\u00f3lera. Elizabeth hab\u00eda ingresado en la comunidad de <em>Baggot Street<\/em> en junio de 1832 y fue enfermera con Catalina McAuley en el dep\u00f3sito de Townsend Street durante la epidemia de 1832. Por tanto, ella fue muy consciente de que el c\u00f3lera puede transmitirse a trav\u00e9s de las heces de las v\u00edctimas infectadas, aunque su origen sea el agua contaminada. Por eso, cuando el brote lleg\u00f3 a Limerick en la primavera de 1849, Isabel s\u00f3lo pidi\u00f3 voluntarias a la comunidad, para que la acompa\u00f1aran a atender a las v\u00edctimas del c\u00f3lera en dos hospitales de Limerick: Barrington y San Juan. Su asistencia comenz\u00f3 el 6 de marzo, permaneciendo las hermanas en estos hospitales d\u00eda y noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Marie-Therese Courtney, bas\u00e1ndose en las Cr\u00f3nicas Limerick, informa que:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>La asistencia activa constante [en estos hospitales] continu\u00f3 durante m\u00e1s de un mes, con nuevos grupos de cuatro personas relevando a otras en cada hospital.&nbsp;En su primera noche en St. John murieron diecinueve personas.&nbsp;Madre Elizabeth hac\u00eda sus rondas diarias por todos los pabellones y pacientes de ambos hospitales&#8230;&nbsp;El S\u00e1bado Santo, 7 de abril [cuando la epidemia de c\u00f3lera empez\u00f3 a declinar], ces\u00f3 la vigilancia nocturna y todas regresaron al convento, pero durante tres semanas despu\u00e9s continuaron asistiendo diariamente a enfermos en los hospitales.&nbsp;(Courtney 38, 39)<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>En Dubl\u00edn, en 1832, ninguna Hermana de la Misericordia contrajo el c\u00f3lera, pero en Limerick, en 1849, dos hermanas se infectaron. Aunque una se recuper\u00f3, la otra, Mary Philomena Potter, muri\u00f3 el 19 de abril de la enfermedad, \u00abcontra\u00edda en su servicio a enfermos en Barrington, y [de] puro agotamiento\u00bb (Courtney 39). Del mismo modo, en Galway, en el mismo a\u00f1o, donde las Hermanas de la Misericordia atend\u00edan a las v\u00edctimas del c\u00f3lera d\u00eda y noche en el Hospital de la Fiebre, a poca distancia del convento, dos hermanas murieron de la enfermedad: Mary Joseph Joyce y Mary Agnes Smyth.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez la m\u00e1s dram\u00e1tica y conocida de las experiencias de enfermer\u00eda de las primeras Hermanas de la Misericordia es su servicio desde finales de 1854 hasta mediados de 1856 en los hospitales militares brit\u00e1nicos en Turqu\u00eda y Crimea durante la Guerra de Crimea. Veintitr\u00e9s Hermanas de la Misericordia se ofrecieron como enfermeras voluntarias en estos hospitales a petici\u00f3n del gobierno brit\u00e1nico: ocho de Bermondsey, Londres, bajo la direcci\u00f3n de Mary Clare Moore; y un segundo grupo de quince (doce de Irlanda, dos de Liverpool y una de Chelsea, Londres), bajo la direcci\u00f3n de Mary Francis Bridgeman de Kinsale. El libro de Mary Angela Bolster,&nbsp;<em>Las Hermanas de la Misericordia en<\/em>&nbsp;<em>la guerra de Crimea<\/em>, se basa en diarios y cartas que se refieren principalmente a las experiencias del contingente irland\u00e9s, mientras que la correspondencia y las cr\u00f3nicas de los archivos Bermondsey se centran sobre todo en las experiencias del contingente de Bermondsey. Ambas fuentes documentan este servicio de enfermer\u00eda extraordinariamente dif\u00edcil, emprendido s\u00f3lo trece a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de Catalina McAuley.<\/p>\n\n\n\n<p>Las dos hermanas de Liverpool murieron en Crimea: Mary Winifred Sprey, de c\u00f3lera, el 20 de octubre de 1855; y Mary Elizabeth Butler, de tifus, el 23 de febrero de 1856. Ambas contrajeron sus enfermedades mortales en los pabellones donde serv\u00edan, y sus muertes fueron las m\u00e1s graves de las aflicciones f\u00edsicas que sufrieron las hermanas durante la guerra. Pero hubo otros sufrimientos y penurias diarias que tambi\u00e9n se cobraron un alto precio: la suciedad de los pabellones y habitaciones donde trabajaban y viv\u00edan; las ratas y piojos constantes; la escasez de comida, ropa y agua; las largas horas de trabajo desgarrador; el fr\u00edo glacial, alternado con el calor h\u00famedo; los retrasos burocr\u00e1ticos en la funci\u00f3n del Proveedor; la falta de ropa de cama y otros suministros m\u00e9dicos; los numerosos oficiales m\u00e9dicos que resent\u00edan la presencia de enfermeras (las primeras enfermeras de este tipo en la historia militar brit\u00e1nica); y, m\u00e1s que todo lo dem\u00e1s, la constante llegada desde el frente de soldados gravemente heridos, demacrados y aquejados de enfermedades, y las horrendas tasas de mortalidad. Unos 250.000 soldados aliados (ingleses, irlandeses, escoceses, franceses y sardos) murieron en Crimea, la mayor\u00eda por infecciones, enfermedades, especialmente el c\u00f3lera, y otras dolencias ajenas al combate. S\u00f3lo 70.000 murieron en combate.<sup>7<\/sup>&nbsp;En febrero de 1855, durante el primer invierno en Crimea, las muertes en el Hospital del Cuartel de Koulali, en Turqu\u00eda, donde las hermanas irlandesas prestaban entonces servicio, alcanzaron una media del cincuenta y dos por ciento; en el Hospital del Cuartel de Scutari, donde prestaban servicio las hermanas de Bermondsey, la tasa de mortalidad fue del cuarenta y dos por ciento (Bolster 134). M\u00e1s tarde, ese mismo a\u00f1o, algunos de los dos grupos se trasladaron al otro lado del Mar Negro, a hospitales m\u00e1s cercanos al frente. Cuando las veinti\u00fan hermanas supervivientes regresaron a Irlanda e Inglaterra en la primavera y el verano de 1856, dejaron atr\u00e1s las tumbas de las dos que hab\u00edan muerto en Crimea, pero llevaron a casa recuerdos y experiencias que fortalecer\u00edan todas sus futuras visitaciones a las personas pobres enfermas y moribundas e informar\u00edan a todos los futuros hospitales de la Misericordia en los que estas mujeres prestar\u00edan servicio.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00fanica diferencia notable entre los dos grupos de Hermanas de la Misericordia que sirvieron en la guerra de Crimea es el car\u00e1cter de su relaci\u00f3n con Florence Nightingale, la Superintendente General de la Enfermer\u00eda Femenina en los Hospitales Militares Brit\u00e1nicos en Turqu\u00eda y m\u00e1s tarde en Crimea. La relaci\u00f3n entre la se\u00f1orita Nightingale y Mary Francis Bridgeman y las hermanas irlandesas fue generalmente negativa, hasta el punto de que Florence Nightingale lleg\u00f3 a llamar, aunque en privado, a Francis Bridgeman \u00abRvda. Madre Ladrillera\u00bb, y por su parte, Francis Bridgeman y las hermanas irlandesas, actuando seg\u00fan su entendimiento de las condiciones bajo las que hab\u00edan venido a Crimea en primer lugar, renunciaron a sus puestos en el Hospital de Balaclava en febrero de 1856 y volvieron a casa, en lugar de aceptar su autoridad. La relaci\u00f3n entre Florence Nightingale y las hermanas de Bermondsey fue, de principio a fin, mutuamente positiva, hasta el punto de que se convirti\u00f3 en amiga de por vida de varias de ellas.<sup>8<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo m\u00e1s importante de la experiencia de todas estas hermanas en la guerra de Crimea es el mero hecho de que se produjera: a saber, que veintitr\u00e9s Hermanas de la Misericordia sin haber viajado antes fuera de Irlanda o Inglaterra, y sin formaci\u00f3n formal en enfermer\u00eda, y mucho menos en enfermer\u00eda en una zona de guerra, se ofrecieran voluntarias con muy poca antelaci\u00f3n (las hermanas de Bermondsey tuvieron dos d\u00edas y medio para decidir y hacer las maletas) para emprender un peligroso camino de un mes al Cercano Oriente para socorrer a soldados desesperadamente enfermos y moribundos, s\u00f3lo porque ellas y sus consejeras hab\u00edan o\u00eddo, a trav\u00e9s de los informes del corresponsal del London Times en Constantinopla (a mediados de octubre de 1854), que hab\u00eda escasez no s\u00f3lo de cirujanos y oficiales m\u00e9dicos, sino tambi\u00e9n de curanderos y enfermeras, y que las heridas, enfermedades y muertes de cientos y cientos de soldados estaban sin atender y sin aliviar. Al hablar de la visitaci\u00f3n de enfermos, Catalina McAuley hab\u00eda instado a las hermanas a \u00abprepararse r\u00e1pidamente\u00bb para esta crucial obra de misericordia (Regla 3.4, Sullivan 298). Lo m\u00e1s conmovedor de la experiencia de estas Hermanas de la Misericordia en la guerra de Crimea no es su servicio en los hospitales militares, ampliamente elogiado, sino la espontaneidad olvidadiza y la entereza de coraz\u00f3n con que acudieron inmediatamente a la zona de guerra cuando se dieron cuenta de la desesperada necesidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00faltimo evento que puede ilustrar la audaz fidelidad de las primeras Hermanas de la Misericordia a las personas pobres enfermas y moribundas es mucho m\u00e1s sencillo: La visita de Mary Clare Moore a dos familias pobres y enfermas de viruela en Londres, cuando volv\u00eda a casa despu\u00e9s de otro trabajo. Este acontecimiento se recoge en la carta de Clare a Florence Nightingale, escrita el 13 de octubre de 1862, cuando Clare ten\u00eda cuarenta y ocho a\u00f1os. En la carta, Clare, que sufr\u00eda frecuentemente de pleures\u00eda agravada por sus experiencias en la guerra de Crimea, se disculpa con Florence por no haberle escrito antes para agradecerle las frutas y verduras que Florence enviaba regularmente al convento de Bermondsey: \u00abnuestro buen obispo [Thomas Grant de Southwark] envi\u00f3 tantos papeles para copiar que no pude sacar ni un momento\u00bb. Pero luego a\u00f1ade:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>Esta ma\u00f1ana fui a la iglesia de San Jorge para llevar a casa mi escrito al obispo, pues quer\u00eda su consejo sobre algunos asuntos de nuestro convento. La infancia se ha visto obligada a faltar a la escuela a causa de la viruela, la han padecido en directo y una ha muerto, una querida ni\u00f1a de seis a\u00f1os. Su hermana menor me salud\u00f3 sacando de un horrible pedazo de trapo medio penique para la gente pobre, \u00ab\u00a1por el alma de Katie!\u00bb. No podr\u00eda describir bien su propia miseria, pues el padre ha estado agonizando durante meses. Ten\u00edamos cinco chelines para darles \u2013 una peque\u00f1a fortuna \u2013, pero no pude evitar sentir que fue la negaci\u00f3n de s\u00ed misma y la fe de la querida ni\u00f1a lo que me llev\u00f3 hasta all\u00ed, pues dud\u00e9 en aumentar mi caminata, ya muy larga para m\u00ed.<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>Luego fuimos a ver a un pobre joven en la \u00faltima fase de la enfermedad, su \u00fanico hijo de dos a\u00f1os yac\u00eda a los pies de su cama con viruela de la peor clase, su pobre esposa haciendo sacos, o m\u00e1s bien incapaz de hacerlos a causa de la enfermedad del ni\u00f1o. Pobre hombre, era muy ignorante y desatento a la religi\u00f3n; ahora est\u00e1 lleno de alegr\u00eda por haber recibido todos los sacramentos. Es un gran placer, aunque triste, dedicarse al servicio de la gente pobre.<\/em><sup>9<\/sup><em><\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Estas dos tristes escenas, en las que las desgraciadas enfermedades y muertes de los pobres de Londres son acogidas con tanta naturalidad y simpat\u00eda, en el curso de un d\u00eda ordinario, se repitieron miles de veces en las dos d\u00e9cadas que siguieron a la muerte de Catalina McAuley. En las cestas de mimbre que las primeras Hermanas de la Misericordia llevaban a las personas pobres enfermas no hab\u00eda curaciones, ni restauraciones milagrosas de la salud, s\u00f3lo unos pocos chelines, algo de pan o carb\u00f3n para el hogar. Sin embargo, estas mujeres trataban de llevar a las personas pobres mucho m\u00e1s que peque\u00f1as ayudas pr\u00e1cticas, y mucho m\u00e1s que las habilidades de enfermer\u00eda que hab\u00edan adquirido. Quer\u00edan llevar los \u00fanicos dones que realmente ten\u00edan para dar: esperanza y confianza en el consuelo de un Dios misericordioso.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">III. El concepto que Catalina McAuley tiene de la visita cristiana a enfermos<\/h2>\n\n\n\n<p>Catalina estaba profundamente convencida de que el mayor sufrimiento de la gente pobre, especialmente en sus terribles enfermedades y muertes, era su falta de conocimiento religioso, su falta de sensibilizar sobre el tierno amor y la Misericordia de Dios. De todas las pobrezas inducidas en Irlanda por la larga Era Penal, la ignorancia religiosa de la misericordiosa fidelidad de Dios no era la menor, un subproducto de larga duraci\u00f3n de la escolarizaci\u00f3n proscrita, de las misas prohibidas, de al menos un siglo de sacerdotes proscritos y, m\u00e1s tarde, de capillas diminutas y abarrotadas en callejones y campos de labranza. Estas privaciones tuvieron sus efectos negativos a largo plazo, no tanto en las l\u00edneas generales de la fe religiosa de los pobres como en su creencia personal de que eran realmente amados por Dios. Mientras yac\u00edan sobre sus pilas de paja en sus miserables casuchas, era demasiado f\u00e1cil pensar que Dios estaba demasiado lejos para darse cuenta de su dif\u00edcil situaci\u00f3n o para preocuparse por sus sufridas familias.<\/p>\n\n\n\n<p>Por tanto, el fin primordial de la visita a enfermos pobres, tal como Catalina la conceb\u00eda y describ\u00eda, era llevarles el alivio y la consolaci\u00f3n de Dios: darles a conocer &#8211; con las palabras, la presencia, la oraci\u00f3n y la ternura &#8211; que Dios, en Cristo, estaba realmente presente para ellos y en ellos, y que, aunque sufrieran penosamente, Dios actuaba realmente en ellos, sacando de su aflicci\u00f3n una alegr\u00eda duradera. El principal objetivo de Catalina cuando se arrodillaba o se sentaba junto a la cama de las personas pobres enfermas y moribundas era alentar, por todos los medios humanos a su alcance, su esperanza y confianza en estas realidades cristianas.<\/p>\n\n\n\n<p>No es que se viera a s\u00ed misma como una emisaria privilegiada de Dios. M\u00e1s bien ve\u00eda a las personas pobres que sufr\u00edan como la presencia viva de su Dios afligido. En su Regla para las Hermanas de la Misericordia cita tres veces Mateo 25, 40: \u00abLes aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de \u00e9stos, mis hermanos menores, me lo hicieron a m\u00ed\u00bb. En el primer p\u00e1rrafo del cap\u00edtulo \u00abDe la visita a los enfermos\u00bb, escribe:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>La misericordia, camino principal se\u00f1alado por Jesucristo a quienes desean seguirle, ha impulsado en todas las \u00e9pocas de la Iglesia a sus fieles de modo particular a instruir y consolar a los pobres enfermos y moribundos, pues en ellos consideraban la persona de nuestro divino Maestro, que ha dicho: \u00abLes aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de \u00e9stos, mis hermanos menores, me lo hicieron a m\u00ed\u00bb. (Regla 3.1, \u00e9nfasis a\u00f1adido)<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>M\u00e1s adelante en este cap\u00edtulo, ella escribe:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>A quienes Jesucristo ha permitido que le asistan en las Personas de sus Pobres sufrientes, animen sus corazones con gratitud y amor y, poniendo toda su confianza en \u00c9l, tengan siempre presente su incansable paciencia y humildad, esforz\u00e1ndose por imitarle cada d\u00eda m\u00e1s perfectamente en la abnegaci\u00f3n, la paciencia y la entera resignaci\u00f3n. As\u00ed obtendr\u00e1n la corona de gloria y el gran t\u00edtulo de Hijos del Alt\u00edsimo, prometido con toda seguridad a quienes tienen misericordia. (Regla 3.3, cursiva a\u00f1adida)<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Y en el p\u00e1rrafo seis ella escribe:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>Saldr\u00e1n siempre dos hermanas juntas. Se observar\u00e1 la mayor cautela y seriedad al pasar por las calles, caminando ni a paso lento ni apresurado, manteni\u00e9ndose cerca, sin inclinarse, conservando el recogimiento de la mente y avanzando como si esperasen encontrarse con su Divino Redentor en cada pobre morada, ya que \u00c9l ha dicho: \u00abDonde est\u00e9n dos o tres en mi nombre all\u00ed estar\u00e9 yo\u00bb. (Regla 3.6)<\/em><sup>10<\/sup><em><\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de la discreci\u00f3n con que Catalina introduce aqu\u00ed la actividad fuera del claustro en la Regla y en la vida cotidiana de las religiosas \u2013 una pr\u00e1ctica no muy com\u00fan en la Iglesia de su tiempo \u2013, la solemnidad del p\u00e1rrafo sexto se explica principalmente por su visi\u00f3n del impresionante final del camino: el encuentro con su Redentor \u00aben cada pobre morada\u00bb. Para Catalina, la visitaci\u00f3n a enfermos era una comuni\u00f3n intensa y reverente con Jesucristo, quien, seg\u00fan ella, \u00abtestimoniaba en todas las ocasiones un tierno amor por la gente pobre y declaraba que considerar\u00eda como hecho a s\u00ed mismo todo lo que se les hiciera\u00bb (Regla 1.2). De ah\u00ed que ella creyera que las Hermanas de la Misericordia deb\u00edan acercarse a este encuentro privilegiado \u00abconservando el recogimiento de esp\u00edritu\u00bb (Regla 3.6).<\/p>\n\n\n\n<p>Incluso durante sus primeros d\u00edas con los Callaghan en <em>Coolock House<\/em>, Catalina ten\u00eda en mente principalmente las necesidades espirituales de las personas pobres. El Manuscrito Limerick dice de ella durante este per\u00edodo:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>Su caridad no se limitaba solo al alivio de sus necesidades temporales; ella se compadec\u00eda de su ignorancia espiritual y de su indigencia&#8230; Su solicitud por los intereses de la gente pobre pronto atrajo a su alrededor a personas que esperaban obtener de ella consejo, alivio y consuelo. Cualquiera que necesitara alivio, mitigar una aflicci\u00f3n o hacer frente a un problema acud\u00eda a ella en busca de consuelo, y ella se lo proporcionaba en la medida de sus posibilidades; su celo la convirti\u00f3 en una especie de misionera en el peque\u00f1o distrito que la rodeaba (Sullivan 144).<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Probablemente en esa \u00e9poca, pero sin duda despu\u00e9s de que se abriera <em>Baggot Street<\/em>, Catalina comenz\u00f3 la pr\u00e1ctica de transcribir oraciones que sirvieran de consuelo a las personas pobres enfermas. El Manuscrito Limerick cuenta c\u00f3mo, despu\u00e9s de que se trasladara permanentemente a <em>Baggot Street<\/em> en 1829, ella aprovechaba las primeras horas de la ma\u00f1ana para transcribir:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>Las hermanas, como ahora se llamaban a s\u00ed mismas\u2026, se levantaban temprano y ten\u00edan ejercicios devotos regulares de oraci\u00f3n y lectura espiritual. Aunque \u00e9stos eran de considerable duraci\u00f3n, no bastaban para la devoci\u00f3n de la se\u00f1orita McAuley, quien, adem\u00e1s de las meditaciones privadas, sol\u00eda levantarse m\u00e1s temprano que las dem\u00e1s con una o dos de las hermanas para rezar todo su Salterio favorito y leer alg\u00fan libro espiritual. Una de estas hermanas se hab\u00eda ofrecido voluntaria para llamar, y ocurr\u00eda con frecuencia que, equivoc\u00e1ndose de hora en las ma\u00f1anas de invierno, sol\u00eda llamar a las tres en lugar de a las cuatro y media, hora a la que se hab\u00edan propuesto levantarse. En estas ocasiones la se\u00f1orita McAuley llenaba el tiempo intermedio seleccionando y transcribiendo ciertos pasajes de libros piadosos que pod\u00edan ser \u00fatiles para la instrucci\u00f3n y consuelo de aquellas personas pobres y enfermas. Ella hizo una buena colecci\u00f3n de ellos cuando un d\u00eda, mientras buscaba alg\u00fan documento en su escritorio, cerca del cual hab\u00eda una vela encendida, su manuscrito se incendi\u00f3, lo que ella no percibi\u00f3 hasta que fue demasiado tarde para salvarlo. (Sullivan 161-62)<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Aunque este manuscrito fue destruido, no ocurri\u00f3 lo mismo con otros similares. Se conservan copias manuscritas de las Oraciones para enfermos y moribundos en los archivos de muchas de las primeras comunidades de Hermanas de la Misericordia en Irlanda e Inglaterra. Aunque ninguna de las copias que he visto parece ser de pu\u00f1o y letra de Catalina, la pr\u00e1ctica de transcribir colecciones de oraciones para leer junto a la cama de enfermos y moribundos pobres comenz\u00f3 sin duda bajo su direcci\u00f3n. Las Cr\u00f3nicas de Bermondsey afirman que, incluso cuando Catalina viv\u00eda en Coolock. \u00abera su principal pasatiempo copiar oraciones y libros piadosos\u00bb (Sullivan 100).<\/p>\n\n\n\n<p>En los archivos de Dubl\u00edn de las Hermanas de la Misericordia hay al menos dos colecciones de oraciones para rezar durante la visitaci\u00f3n a enfermos. Una de ellas, simplemente etiquetada como \u00abOraciones, etc.\u00bb, puede haber estado destinada a ser utilizada junto a la cama de las hermanas enfermas y moribundas; la otra, etiquetada como \u00abDevociones para la visitaci\u00f3n de enfermos\u00bb, estaba claramente destinada a ser utilizada junto a la cama de las personas pobres enfermas y moribundas. En ambas colecciones hay oraciones \u00abcuando a\u00fan se espera la recuperaci\u00f3n\u00bb, actos de resignaci\u00f3n, oraciones \u00abcuando no se espera la recuperaci\u00f3n\u00bb y oraciones \u00abpor una muerte feliz\u00bb. Probablemente, estas oraciones no se compusieron de la nada, sino que se transcribieron de libros de oraciones publicados. Numerosas oraciones por los enfermos aparecen en los libros de oraciones que se sabe que utilizaban Catalina y la comunidad de <em>Baggot Street<\/em>: por ejemplo, <em>Gu\u00eda completa de piedad cat\u00f3lica<\/em> de William A. Gahan y <em>Devociones al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas<\/em> de Joseph Joy Dean. Aunque las colecciones de oraciones de los archivos de Dubl\u00edn no parecen proceder de ninguno de estos libros publicados, es posible que procedan de libros de oraciones comparables disponibles en la \u00e9poca de Catalina. El esp\u00edritu de todas las oraciones de las colecciones existentes es el de una valoraci\u00f3n realista de la vida humana y una humilde confianza en la compasi\u00f3n de un Dios misericordioso. Por ejemplo, la \u00abOraci\u00f3n, cuando a\u00fan se espera la recuperaci\u00f3n\u00bb est\u00e1 dirigida a Jesucristo, y comienza as\u00ed:<em><\/em><\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>A tu infinita bondad, oh, Jes\u00fas, encomendamos a esta tu sierva a quien has tenido a bien visitar con esta enfermedad. y te suplicamos que la tomes bajo tu cuidado, seas t\u00fa mismo su m\u00e9dico, y bendigas los remedios que se emplear\u00e1n, para que as\u00ed sean conducentes al restablecimiento de su salud. La compasi\u00f3n que siempre has manifestado hacia las personas enfermas nos alienta a esperar que la fortalecer\u00e1s y la confortar\u00e1s en sus sufrimientos. Perm\u00edtele, te lo suplicamos, llevar con esp\u00edritu cristiano, humildad y paciencia cualquier parte de la cruz que le hayas asignado.<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>Santifica su enfermedad y, si es agradable a tu santa voluntad y beneficioso para sus intereses eternos, devu\u00e9lvele la salud. Ay\u00fadala, dir\u00edgela, Se\u00f1or, que eres justo y misericordioso. Confiamos en que tendr\u00e1s misericordia de esta sierva tuya por los m\u00e9ritos de tus sufrimientos y de tu muerte. Am\u00e9n, Jes\u00fas.<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>La existencia de estas oraciones manuscritas ilustra lo que Catalina ten\u00eda en mente cuando, en el cap\u00edtulo de la Regla sobre la \u00abvisitaci\u00f3n de enfermos\u00bb, escribi\u00f3: \u00abUna de las hermanas debe ser capaz de leer con mucha claridad y tener suficiente juicio para seleccionar lo que es m\u00e1s adecuado para cada caso. Ella debe hablar de una manera f\u00e1cil, suave e impresionante para no avergonzar o fatigar al pobre paciente\u00bb (Regla 3.7).<\/p>\n\n\n\n<p>Catalina se dio cuenta de que las necesidades f\u00edsicas de las personas enfermas y moribundas tienen una prioridad natural, al menos cronol\u00f3gica. Por eso ella aconsejaba que:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>Debe emplearse una gran ternura y cuando no se espere la muerte de inmediato, ser\u00e1 bueno aliviar primero la angustia y esforzarse por todos los medios posibles para promover la limpieza, la facilidad y la comodidad del Paciente, ya que siempre nos sentimos m\u00e1s disponibles para recibir consejo e instrucci\u00f3n de quienes nos demuestran compasi\u00f3n. (Regla 3.8)<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Pero ella tambi\u00e9n cre\u00eda que \u00ablas hermanas [que visitan a enfermos pobres] tendr\u00e1n siempre muy presente el bien spiritual\u00bb (Regla 3.9). De acuerdo con la teolog\u00eda de su tiempo, el p\u00e1rrafo noveno del cap\u00edtulo sobre la visitaci\u00f3n de enfermos habla de \u00ablos terribles juicios de Dios hacia pecadores impenitentes\u00bb y afirma que \u00absi no buscamos su perd\u00f3n y misericordia de la manera que \u00c9l ha establecido, seremos miserables por toda la Eternidad\u00bb (Regla 3.9). En el lenguaje m\u00e1s bien \u00e1spero de la teolog\u00eda sacramental contempor\u00e1nea, Catalina est\u00e1 aqu\u00ed simplemente afirmando que el objetivo principal de la visitaci\u00f3n es ayudar al paciente a realizar su \u00fanica alegr\u00eda segura: una relaci\u00f3n correcta con Dios; por lo tanto, ella insta a las hermanas que visitan a enfermos a \u00aborar con voz audible y de la manera m\u00e1s enf\u00e1tica, para que Dios mire con piedad a sus pobres criaturas y las lleve al arrepentimiento\u00bb, porque como ella dice, \u00absi nuestros corazones no se ven afectados en vano debemos esperar afectar los suyos\u00bb. Adem\u00e1s, las hermanas no deben dudar en \u00abinterrogar [a pacientes] sobre los principales misterios de nuestra Santa Fe, y si es necesario instruirles\u00bb (Regla 3.9).<\/p>\n\n\n\n<p>En el pen\u00faltimo p\u00e1rrafo de este cap\u00edtulo de la Regla, Catalina trata de la muerte de los enfermos pobres. Ella dice:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>Cuando el restablecimiento es irremediable, debe hacerse saber con gran cautela y, si el tiempo lo permite, gradualmente, asegur\u00e1ndoles la paz y el gozo que sentir\u00e1n cuando est\u00e9n enteramente resignadas a la voluntad de Dios, induci\u00e9ndolas a orar, para que \u00c9l tome todo lo que les concierne bajo su divino cuidado y disponga de ellas como le plazca. Que las hermanas, si es posible, prometan atenci\u00f3n a cualquier objeto que ocupe su dolorosa y ansiosa solicitud, a fin de que la mente se mantenga serena para pensar s\u00f3lo en Dios. (Regla 3.10)<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Entre las varias alteraciones hechas en el texto de Catalina de la Regla cuando fue aprobada en Roma, la \u00faltima frase de este p\u00e1rrafo fue omitida y dos frases largas y cautelosas fueron sustituidas, en el sentido de que cuando las hermanas visitan a las personas agonizantes ya no son libres, en el lenguaje simple de Catalina, de \u00abprometer atenci\u00f3n a cualquier objeto que comprometa la ansiosa solicitud [del paciente]\u00bb, sino, ahora, incluso en circunstancias calamitosas: \u00abSi la conversaci\u00f3n versa sobre la enajenaci\u00f3n de bienes por testamento, eviten h\u00e1bilmente las hermanas tomar parte en ella&#8230; Cuando se hable de nuevo de procurar socorro a la indigencia de la familia del enfermo, prometan, en cuanto de ellas dependa, ocuparse de ello, en la forma que su estado lo permita&#8230;\u00bb (Sullivan 279). Resulta dif\u00edcil imaginar a un Vicente de Pa\u00fal, a una Catalina de G\u00e9nova o a una Catalina McAuley escribiendo tales frases para cubrir los \u00faltimos momentos de un pobre hombre o mujer que yace sobre paja en su casucha, con su familia llorando en las sombras.<\/p>\n\n\n\n<p>Evidentemente, Catalina se guiaba profundamente por el ejemplo de los santos y las santas. Seg\u00fan la carta de Clare Moore del 1\u00b0 de septiembre de 1844, al menos a partir de junio de 1829, la comunidad de <em>Baggot Street<\/em> escuchaba cada d\u00eda una lectura de la vida de santos y santas: \u00abDesayuno 8 u 8 y 1\/4, e inmediatamente despu\u00e9s en el Refectorio, la Rvda. Madre lee el santo del d\u00eda\u00bb (Sullivan 90). Es razonable suponer que estas lecturas proced\u00edan de las <em>Vidas de los santos<\/em> de Alban Butler, la recopilaci\u00f3n ampliamente difundida que se public\u00f3 por primera vez en 1756-59. Entre los muchos cambios significativos que Catalina hizo a la Regla de las Hermanas de la Presentaci\u00f3n cuando la revis\u00f3 para las Hermanas de la Misericordia, estaba la adici\u00f3n de tres nombres a la lista de \u00abSantas y santo a quienes se recomienda que las Hermanas de este Instituto Religioso tengan particular devoci\u00f3n\u00bb: Catalina de G\u00e9nova, Catalina de Siena y Juan de Dios (16.4). Estas adiciones particulares demuestran la importancia decisiva que Catalina conced\u00eda al cuidado misericordioso de las personas enfermas.<sup>12<\/sup> Los dem\u00e1s santos que menciona en la Regla le sirvieron igualmente de inspiraci\u00f3n. En el cap\u00edtulo sobre la \u00abvisitaci\u00f3n de enfermos\u00bb, ella enumera a nueve santas\/os que \u00abconsagraron su vida a esta obra de Misericordia\u00bb: Vicente de Pa\u00fal, Camilo de Lellis, Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Luis Gonzaga y Angela Merici, as\u00ed como Juan de Dios, Catalina de Siena y Catalina de G\u00e9nova.<\/p>\n\n\n\n<p>IV. Algunas implicaciones de la pr\u00e1ctica de Catalina para el cuidado de enfermos en la actualidad<\/p>\n\n\n\n<p>En su ensayo sobre \u00abLa Iglesia de los santos\u00bb, Karl Rahner dice:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>La naturaleza de la santidad cristiana aparece a partir de la vida de Cristo y de sus Santos; y lo que all\u00ed aparece no puede traducirse absolutamente en una teor\u00eda general, sino que debe experimentarse en el encuentro con lo hist\u00f3rico que tiene lugar de un caso individual a otro. La historia de la santidad cristiana (de lo que, en otras palabras, es asunto de cada cristiano&#8230;) es en su totalidad una historia \u00fanica y no el eterno retorno de lo mismo. De ah\u00ed que esta historia tenga sus fases siempre nuevas, \u00fanicas; de ah\u00ed que deba ser descubierta siempre de nuevo (aunque siempre en la imitaci\u00f3n de Cristo, que sigue siendo el modelo inagotable), y esto por todos los cristianos. He aqu\u00ed la tarea especial que los santos canonizados deben cumplir para la Iglesia. Son iniciadores y modelos creativos de la santidad que resulta adecuada y es tarea de su \u00e9poca. Crean un nuevo estilo; muestran de forma experimental que se puede ser cristiano incluso de \u00abesta\u00bb manera; hacen que ese tipo de persona sea cre\u00edble como tipo cristiano. Por tanto, su significado no comienza s\u00f3lo despu\u00e9s de su muerte. Su muerte es m\u00e1s bien el sello puesto a su tarea de ser modelos creativos, una tarea que tuvieron en la Iglesia durante su vida y su-pervivencia significa que el ejemplo que han dado permanece en la Iglesia como una forma permanente&#8230; Pues la historia de lo espiritual significa precisamente que algo se hace real para permanecer, no para desaparecer de nuevo. (Investigaciones teol\u00f3gicas 3,91-104)<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo permanecer\u00e1 viva la \u00abforma permanente\u00bb del valiente cuidado de Catalina McAuley de las personas enfermas y moribundas en el momento hist\u00f3rico actual, especialmente entre las Hermanas de la Misericordia, sus asociadas\/os y quienes la admiran? \u00bfCu\u00e1les son las implicaciones de la pr\u00e1ctica de Catalina para nuestro cuidado de enfermos hoy? Concluyo este ensayo con unas breves reflexiones sobre esta cuesti\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En sus \u00abMemorias de la Fundadora\u00bb, Clare Augustine Moore, cuya hermana Mary Clare Moore fue una de las primeras colaboradoras de Catalina, recuerda la primavera de 1832 en Baggot Street:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>Tres fueron atacadas por un virulento escorbuto y todas las dem\u00e1s enfermaron. Esto ocurri\u00f3 poco despu\u00e9s de la muerte de Hermana M. Elizabeth, el lunes de Pascua.<sup>13<\/sup> La Rvda. Madre, que a pesar de su amor por las austeridades fue siempre muy amable con las personas enfermas, hizo todo lo que pudo para restablecerles. El Cirujano General, el difunto Sir P[hilip] Crampton, fue llamado, olvido a cu\u00e1l de ellos; [y] \u00e9l, que siempre tuvo menos fe en la medicina que en la administraci\u00f3n, indag\u00f3 sobre su alimentaci\u00f3n y ocupaciones, y de inmediato declar\u00f3 que una amelioraci\u00f3n <\/em>[sic]<em> de la dieta ser\u00eda la mejor cura, y especialmente orden\u00f3 cerveza. Intent\u00f3 convencerla de lo realmente insano de la visitaci\u00f3n, pero ella nunca pudo entenderlo, y siempre mantuvo que el aire fresco deb\u00eda ser bueno, olvidando que deb\u00eda ser tomado por nosotras principalmente en Townsend Street y Bull Alley.<sup>14<\/sup> (Sullivan 206-7)<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>La pregunta para Catalina McAuley y para quienes la siguen se reduce realmente a esto: \u00bfHasta qu\u00e9 punto planeamos evitar el escorbuto virulento y el tifus, o sus equivalentes modernos? Si nuestra respuesta a esta pregunta no es un rechazo completo e incondicional de todo da\u00f1o e inconveniente para nosotras mismas, entonces \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n las Townsend Streets, los Bull Alleys, los Depots, las casuchas, los hospitales de fiebre de nuestros d\u00edas? \u00bfQui\u00e9n sufre y muere all\u00ed, y c\u00f3mo y por qu\u00e9 acudiremos a sus cabeceras como hizo Catalina? \u00bfY qu\u00e9 actitudes hacia nuestras propias vidas personales y comunitarias y qu\u00e9 a\u00f1adidos a nuestros estilos de vida tendremos que abandonar en el camino? \u00bfHasta d\u00f3nde querremos distanciarnos de quienes est\u00e1n desesperadamente enfermos y moribundos? \u00bfCon qu\u00e9 teor\u00edas justificaremos dejar el cuidado de enfermos pobres a quienes, entre nosotras, prestan servicio en hospitales? Como Hermanas de la Misericordia, en particular, \u00bfc\u00f3mo dividiremos nuestro voto com\u00fan de servicio a \u00abpobres, enfermos y carentes de educaci\u00f3n\u00bb en tres listas separadas de ministerios? \u00bfY c\u00f3mo nos eximiremos del compromiso personal con todo el voto y nos conformaremos con s\u00f3lo una parte de \u00e9l?<\/p>\n\n\n\n<p>Estas son preguntas personales y comunitarias muy, muy dif\u00edciles, especialmente para las Hermanas de la Misericordia, pero lo son. Creo que son preguntas que Catalina podr\u00eda hacerse, especialmente en vista de la pobreza, las enfermedades, las muertes y las epidemias que ahora nos miran inequ\u00edvocamente a la cara, en EUA y en el mundo en general. No ser\u00edan preguntas tan dif\u00edciles si no nos hubi\u00e9ramos domesticado hasta cierto punto &#8211; por la Iglesia, por nuestro propio modo de funcionar, por nuestros puestos de trabajo y salarios, por nuestras necesidades \u00abfinancieras\u00bb percibidas -; y burocratizado por nuestros gobiernos c\u00edvicos, por nuestra cultura, por nuestra propia gesti\u00f3n interna y por nuestros conceptos de ministerio y vocaci\u00f3n. \u00bfEs posible que hayamos perdido parte de nuestra agilidad, de nuestra libertad, de nuestra disposici\u00f3n a responder a necesidades desesperadas? \u00bfEs posible que nosotras, que nos hemos comprometido a aliviar la miseria y a abordar sus causas (Constituciones 3), nos hayamos centrado tanto en el cambio sist\u00e9mico que aborda las causas del sufrimiento que nos hayamos distra\u00eddo un poco de aliviar las miserias una a una? \u00bfHemos perdido en parte la convicci\u00f3n de que tambi\u00e9n merece la pena que dediquemos nuestro tiempo a aliviar la miseria de una sola persona pobre y desesperadamente enferma, de una sola familia pobre y enferma?<\/p>\n\n\n\n<p>Si ma\u00f1ana estalla una epidemia de c\u00f3lera, \u00bfqui\u00e9n ir\u00e1 al Depot? S\u00ed, los hospitales modernos se encargar\u00e1n de ello, pero \u00bfqu\u00e9 pasa con la epidemia de drogadicci\u00f3n y violencia relacionada con las drogas en nuestras ciudades? \u00bfQui\u00e9n ir\u00e1 all\u00ed con poca antelaci\u00f3n? \u00bfQui\u00e9n pasar\u00e1 all\u00ed la noche? \u00bfQui\u00e9n puede? \u00bfCu\u00e1ntas Hermanas de la Misericordia de Estados Unidos visitar\u00e1n esta semana los pabellones para pobres de los hospitales del condado, o los pabellones para enfermos de SIDA? Si la familia de una pobre moribunda llama esta noche a uno de nuestros conventos, \u00bfqui\u00e9n ir\u00e1 a verla? \u00bfSabr\u00e1 siquiera la familia que puede enviar a buscarnos? \u00bfY qu\u00e9 haremos cuando visitemos a enfermos? \u00bfHablaremos del amor misericordioso de Dios, o nos habremos vuelto t\u00edmidas a la hora de hablar de Dios? \u00bfHablaremos de la confianza en la presencia de Dios y de la resurrecci\u00f3n que surge de la muerte humana, o rehuiremos esta desesperada necesidad espiritual de las personas gravemente enfermas y moribundas? \u00bfCu\u00e1ndo perderemos el sue\u00f1o o el peso por haber estado consolando a enfermos desesperados? \u00bfCu\u00e1ndo morir\u00e1 la pr\u00f3xima Hermana de la Misericordia por cuidar a enfermos?<\/p>\n\n\n\n<p>Planteo estas preguntas, humildemente y con compasi\u00f3n, no porque crea que mi propia vida responde a ellas ni siquiera m\u00ednimamente, ni porque piense que admiten respuestas f\u00e1ciles, sino porque son las preguntas que me atormentan cada vez que reflexiono profundamente sobre estos aspectos de la vida de Catalina McAuley. No creo que nuestras vidas puedan ser una imagen de la suya, como tampoco las dolencias y desesperaciones del siglo XXI son una imagen de las dolencias y desesperaciones del siglo XIX en Irlanda. Pero hay algo permanente en el tierno cuidado personal de Catalina a enfermos y moribundos: un verdadero instinto y virtud evang\u00e9licos que son una llamada permanentemente v\u00e1lida para nosotras; una llamada de Dios a nosotras, precisamente como Hermanas de la Misericordia; una llamada que no queda obsoleta por el uso de un lenguaje de finales del siglo XX sobre la autoprotecci\u00f3n o la autorrealizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Notas<\/h3>\n\n\n\n<p>1. Las otras dos obras de misericordia, mencionadas en todas las fuentes primeras de la Misericordia, eran la instrucci\u00f3n de las ni\u00f1as pobres y la acogida y formaci\u00f3n de las j\u00f3venes sin techo y de las sirvientas.<\/p>\n\n\n\n<p>2. A la hora de se\u00f1alar estos avances m\u00e9dicos y de dialogar sobre las enfermedades en otras partes de este ensayo, dependo de la informaci\u00f3n contenida en las siguientes fuentes: Frederick F. Cartwright, <em>Disease and History<\/em> (Nueva York: Thomas Y. Crowell, 1972); <em>The Encyclopedia Americana<\/em>; <em>The Encyclopedia Britannica<\/em>; <em>The Oxford Companion to Medicine<\/em>, 2 vols., ed., John Walton, Paul B. Beeson, y Ronald Bodley Scott (Nueva York: Oxford University Press). John Walton, Paul B. Beeson y Ronald Bodley Scott (Nueva York: Oxford University Press, 1986); y John H. Talbott, <em>A Biographical History of Medicine<\/em> (Nueva York: Grone and Stratton, 1970).<\/p>\n\n\n\n<p>3. Los primeros hospitales propiedad de las Hermanas de la Misericordia y gestionados por ellas en Irlanda fueron el Hospital de la Misericordia de Cork, inaugurado en 1857, y el Hospital <em>Mater Misericordiae<\/em>, abierto en Dubl\u00edn en 1861. En 1854, las Hermanas de la Misericordia de <em>Baggot Street<\/em> se hicieron cargo de la gesti\u00f3n de <em>Charitable Infirmary<\/em> de <em>Jervis Street<\/em>, en Dubl\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>4. Anna Maria Doyle, Catherine Byrn y Frances Warde.<\/p>\n\n\n\n<p>5. Es de suponer que Mary Ann Redmond abandon\u00f3 <em>Baggot Street<\/em> antes del 8 de septiembre de 1830, d\u00eda en que Catalina se dirigi\u00f3 al convento de la Presentaci\u00f3n, en George&#8217;s Hill, para comenzar el noviciado requerido antes de fundar las Hermanas de la Misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p>6. Mary Clare Moore era hermana de Mary Clare Augustine Moore. Mary Clare ingres\u00f3 en la comunidad de Baggot Street en 1830; Mary Clare Augustine, en 1837. No ten\u00edan parentesco con Mary Elizabeth Moore, que ingres\u00f3 en la comunidad en 1832, y a la que se hace referencia m\u00e1s adelante en este ensayo.<\/p>\n\n\n\n<p>7. R. Ernest Dupuy y Trevor N. Dupuy, <em>The Harper Encyclopedia of Military History<\/em> (Nueva York: Harper Collins, 1993), 907.<\/p>\n\n\n\n<p>8. En su volumen sobre la guerra de Crimea, Mary Angela Bolster, RSM, ha documentado bien, a trav\u00e9s de sus cartas y diarios, la perspectiva de las hermanas irlandesas; la correspondencia y las cr\u00f3nicas de los archivos de Bermondsey de las Hermanas de la Misericordia documentan la perspectiva de las hermanas de Bermondsey; y los propios papeles y correspondencia de Florence Nightingale documentan su perspectiva de cada grupo. No es posible aqu\u00ed abordar m\u00e1s a fondo esta cuesti\u00f3n, ni discutir otra documentaci\u00f3n clerical y gubernamental relacionada con ella, ni analizar las causas de estas experiencias contrapuestas.<\/p>\n\n\n\n<p>9. Mary Clare Moore a Florence Nightingale, 13 de octubre de 1862 (Greater London Record Office HI\/ ST\/NC2-V26\/62). He modernizado algunos signos de puntuaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>10. El texto completo del manuscrito de Catalina McAuley de la Regla se encuentra en Sullivan, Catalina McAuley y la tradici\u00f3n de la Misericordia, 294-328. He presentado aqu\u00ed la redacci\u00f3n original de Catalina, sin la inserci\u00f3n de Daniel Murray (despu\u00e9s de \u00abpace\u00bb): \u00absin detenerse a conversar, ni saludar a quienes encuentran\u00bb. Tambi\u00e9n he sustituido \u00abo tres\u00bb por \u00abetc. etc.\u00bb de Catalina en su cita de Mateo 18, 20.<\/p>\n\n\n\n<p>11. Estos archivos y manuscritos se encuentran en el Centro Internacional de la Misericordia, Baggot Street, Dubl\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>12. He dialogado brevemente sobre el significado de la pr\u00e1ctica de estos tres santos para la propia formaci\u00f3n espiritual de Catalina en \u00abLectura y oraciones espirituales de Catalina McAuley\u00bb, <em>Irish Theological Quarterly<\/em> 57 (1991) 2: 124-146.<\/p>\n\n\n\n<p>13. Mary Elizabeth Harley muri\u00f3 realmente el mi\u00e9rcoles de Pascua, el 25 de abril de 1832.<\/p>\n\n\n\n<p>14. Bull Alley, que abarcaba varias calles, era uno de los peores barrios marginales del Dubl\u00edn de principios del siglo XIX, al igual que los alrededores de <em>Townsend Street<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Obras citadas<\/h3>\n\n\n\n<p>1. Bolster, Evelyn [Mary Angela]. <em>Las Hermanas de la Misericordia en la Guerra de Crimea<\/em>. Cork: Mercier Press, 1964.<\/p>\n\n\n\n<p>2. [Carroll, Mary Austin]. <em>Hojas de las Cr\u00f3nicas de las Hermanas de la Misericordia.<\/em> Vol. 2. Nueva York: Catholic Publication Society, 1883.<em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>3. [Carroll, Mary Austin]. <em>Vida de Catalina McAuley<\/em>. Nueva York: D. &amp; J. Sadlier, 1866.<\/p>\n\n\n\n<p>4. Courtney, Marie-Therese. \u00abEl c\u00f3lera asola Limerick\u00bb. <em>Hermanas de la Misericordia en Limerick<\/em>. n.p.: n.p., 1988. 38-42.<\/p>\n\n\n\n<p>5. [Harnett, Mary Vincent]. <em>La vida de Rvda. Madre Catalina McAuley<\/em>. Ed. Richard Baptist O&#8217;Brien. Dubl\u00edn: John Fowler, 1864.<\/p>\n\n\n\n<p>6. McAuley, Catalina. <em>La cartas de Catalina McAuley<\/em>, 1827-1841. Ed. Mary Ignatia Neumann. Baltimore: Helicon, 1969.<\/p>\n\n\n\n<p>7. Meagher, William. <em>Comentarios sobre la vida y el car\u00e1cter de Su Gracia Reverend\u00edsima Daniel Murray.<\/em> Dubl\u00edn: Gerald Bellew, 1853.<em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>8. \u00d3 Tauthaigh, Gearoid. <em>Irlanda antes de la hambruna<\/em>, 1798-1848. Dubl\u00edn: Gill and Macmillan, 1990.<\/p>\n\n\n\n<p>9. Rahner, Karl. \u00abLa Iglesia de los santos\u00bb. <em>Investigaciones teol\u00f3gicas<\/em>. Vol. 3. Trans. Karl-H. Kruger. Londres: Darton, Longman, &amp; Todd, 1967. 91-104.<\/p>\n\n\n\n<p>10. Rahner, Karl. \u00abParres\u00eda\u00bb. <em>Investigaciones teol\u00f3gicas<\/em>. Vol. 7. Trans. David Bourke. Londres: Darton, Longman &amp; Todd, 1971. 260-67.<\/p>\n\n\n\n<p>11. Scanlan, Pauline. <em>La monja enfermera: Un estudio sobre enfermer\u00eda en Irlanda<\/em>&#8230; 1718-J98J. Nure, Manorhamil-ton, Co. Leitrim: Drumlin Publications, 1991.<\/p>\n\n\n\n<p>12. Sullivan, Mary C. <em>Catalina McAuley y la tradici\u00f3n de la Misericordia<\/em>. Notre Dame, Indiana: Universidad de Notre Dame Press, 1995. Este volumen contiene los textos de todos los primeros manuscritos biogr\u00e1ficos mencionados en este ensayo.<\/p>\n\n\n\n<p>13. Walton, John, Paul B. Beeson y Ronald Bodley Scott, eds. <em>El compa\u00f1ero de medicina de Oxford.<\/em> 2 Vols. New York: Oxford University Press, 1986.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-pale-cyan-blue-background-color has-background\">Publicado originalmente en ingl\u00e9s en\u00a0<em>The MAST Journal\u00a0<\/em>Volumen 6 N\u00famero 2 (1996).\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-article pdfprnt-bottom-right\"><a href=\"https:\/\/themastjournal.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/article\/426?print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><span class=\"pdfprnt-button-title pdfprnt-button-pdf-title\">Print or Save as PDF<\/span><\/a><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La \u00abvisitaci\u00f3n\u00bb a las personas enfermas pobres era uno de los tres elementos centrales en la visi\u00f3n de Catalina McAuley de la obra de misericordia a la que ella y, m\u00e1s tarde, sus compa\u00f1eras de las Hermanas de la Misericordia fueron llamadas.<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":311,"template":"","categories":[65,69,79],"volume_number":[76],"ppma_author":[110],"class_list":["post-426","article","type-article","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-carisma-de-la-misericordia","category-praxis-teologica","category-santos-y-personas-santas-es","volume_number-v30-n1-es","author-marysullivan-es"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - 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