{"id":425,"date":"2025-05-15T00:41:47","date_gmt":"2025-05-15T04:41:47","guid":{"rendered":"https:\/\/themastjournal.org\/?post_type=article&#038;p=425"},"modified":"2025-05-23T09:36:42","modified_gmt":"2025-05-23T13:36:42","slug":"dar-posada-al-peregrino-la-kenosis-de-catalina-mcauley-es","status":"publish","type":"article","link":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/dar-posada-al-peregrino-la-kenosis-de-catalina-mcauley-es\/","title":{"rendered":"Dar posada al peregrino: La kenosis de Catalina McAuley"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El tema de nuestras reflexiones es \u00abSembrando esperanza: abrazando la diversidad cultural\u00bb, y se me ha pedido que me centre en el legado de Catalina McAuley en relaci\u00f3n con este tema.<sup>1<\/sup> Espero hacerlo examinando no s\u00f3lo la hospitalidad de Catalina, sino tambi\u00e9n la cristolog\u00eda que molde\u00f3 su comportamiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quienes hayan visitado Dubl\u00edn conocen las puertas georgianas, de una belleza sorprendente, que constituyen el elemento visual m\u00e1s destacado de las viviendas construidas en Dubl\u00edn en el siglo XVIII y principios del XIX. Quiz\u00e1 hayan visto el afiche titulado \u00abLas puertas de Dubl\u00edn\u00bb. Hoy me gustar\u00eda centrarme en una sola de esas puertas, no en su funci\u00f3n arquitect\u00f3nica, su forma o su color, sino en su significado espiritual como met\u00e1fora de la mujer que construy\u00f3 esta puerta y como met\u00e1fora de la concepci\u00f3n de Jesucristo que informaba su mente y su coraz\u00f3n al abrirla: La puerta principal de la Casa de <em>Baggot Street<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el <em>Gran Manuscrito Derry, <\/em>que recoge las memorias de Mary Ann Doyle, leemos sobre un incidente ocurrido en esa puerta en 1829. Tal vez esta historia pueda ilustrar de forma narrativa algo de la profundidad de la acogida y el abrazo que deseamos explorar:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A principios de este a\u00f1o se produjo una circunstancia que demostr\u00f3 claramente los beneficios que la instituci\u00f3n estaba destinada a producir. Una tarde, en respuesta a una violenta llamada, la puerta, asegurada por la cadena, se abri\u00f3 cautelosamente y admiti\u00f3 la cara sonrojada de una muchacha muy joven, que implor\u00f3 un refugio para pasar la noche diciendo que hab\u00eda viajado a pie desde Killarney y no conoc\u00eda a nadie en Dubl\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El brillo intenso de sus grandes ojos oscuros, el desorden de su cabello y su vestido despertaron, naturalmente, sospechas desfavorables, pero como era evidente que se encontraba en un gran apuro, nuestra querida y caritativa fundadora no quiso negarse a aliviarla, as\u00ed que la llevaron al vest\u00edbulo y le dieron pan y leche. Entonces ella, aunque muy incoherentemente, pues estaba aturdida por la fatiga, el hambre y el terror, dijo su nombre y c\u00f3mo a causa de una disputa con su severa madrastra hab\u00eda huido de casa de su padre; al no saber de qu\u00e9 manera enmendar esta imprudencia se dirigi\u00f3 a Dubl\u00edn, donde no ten\u00eda amigos ni recursos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el campo oy\u00f3 hablar de las Hermanas de la Caridad, y pensando que el mero hecho de sus necesidades ser\u00eda una recomendaci\u00f3n suficiente, se dirigi\u00f3 a <em>Stanhope Street<\/em>, donde por supuesto le negaron la admisi\u00f3n, pero como consuelo le dijeron que en <em>Baggot Street<\/em>, una tal se\u00f1orita McAuley ten\u00eda una gran casa donde se admit\u00eda a toda clase de gente; porque as\u00ed hablaban entonces de nuestra pobre instituci\u00f3n incluso la gente piadosa y caritativa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella no fue llevada exactamente a la casa esa noche, sino que se le procur\u00f3 un alojamiento seguro en <em>Little James&#8217;s Street<\/em>, y la se\u00f1orita Doyle, reconociendo el nombre de su padre como el de un caballero profesional que se cas\u00f3 por segunda vez con una que fue acusada de mucha dureza hacia sus hijos mayores, se resolvi\u00f3 admitirla al d\u00eda siguiente y hacer la debida investigaci\u00f3n en cuanto a su identidad. Esto se comprob\u00f3 satisfactoriamente, as\u00ed como la veracidad de su historia en otros detalles, y se la protegi\u00f3 hasta que se le consigui\u00f3 un empleo unos meses despu\u00e9s; pero, aunque se comport\u00f3 bien en \u00e9l, no permaneci\u00f3 mucho tiempo, pues su padre la perdon\u00f3 y la llev\u00f3 a casa. (Sullivan, ed. 50)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es demasiado f\u00e1cil pasar por alto los elementos extraordinarios de esta historia, hasta que empezamos a pensar en nuestras propias puertas de entrada. Es tarde, no esperamos a nadie, la puerta est\u00e1 cerrada y nos vamos a la cama. Entonces suena violentamente el timbre y una desconocida con una mirada intensa nos pide cobijo para pasar la noche. Tenemos nuestras \u00absospechas desfavorables\u00bb sobre ella. Ella ya ha ido a la puerta de otras personas religiosas del pueblo, pero tienen normas cautelosas contra la admisi\u00f3n espont\u00e1nea, por lo que nos la han enviado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfEs \u00e9ste el tipo de escena que Jes\u00fas tiene en mente cuando dice: \u00abFui forastero y me recibiste\u00bb? La mujer de m\u00e1s edad de la casa de <em>Baggot Street<\/em> cree que s\u00ed. Se da cuenta de la gran angustia de la muchacha, no la rechaza, la hace entrar, le da un poco de pan y leche, y escucha su relato incoherente de haber huido de Killarney, en el suroeste de Irlanda, y haber caminado 300 kil\u00f3metros hasta Dubl\u00edn. La mujer lleva a la ni\u00f1a a un lugar seguro cercano para que pase la noche (para no perturbar el sue\u00f1o de las dem\u00e1s ni\u00f1as y mujeres refugiadas en la casa), y por la ma\u00f1ana la acoge como a una m\u00e1s de la comunidad, promete protegerla de cualquier da\u00f1o, le ense\u00f1a algunas habilidades \u00fatiles y, unos meses m\u00e1s tarde, le consigue un trabajo como empleada dom\u00e9stica en una casa de confianza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo esto puede parecer un acontecimiento \u00fanico hasta que una recuerda que \u00e9sta es la gran casa de <em>Baggot Street<\/em> donde, seg\u00fan las Hermanas de la Caridad de <em>Stanhope Street<\/em>, \u00abse dejaba entrar a todo tipo de gente\u00bb, y hasta que una recuerda que la mujer mayor es Catalina McAuley. Ella es la mujer que una vez encontr\u00f3 a una mujer demente sola y empobrecida en una casucha y la llev\u00f3 a su casa en Coolock; que una vez encontr\u00f3 a una ni\u00f1a hu\u00e9rfana tirada en la calle y la llev\u00f3 a su casa; que una vez, durante la epidemia de c\u00f3lera de 1832, envolvi\u00f3 a un ni\u00f1o hu\u00e9rfano en su propio chal y lo llev\u00f3 a casa, a una camita en su propia habitaci\u00f3n; y que en el transcurso de catorce a\u00f1os en <em>Baggot Street<\/em> dio la bienvenida a \u00abm\u00e1s de mil\u00bb personas desconocidas a trav\u00e9s de la puerta de su casa georgiana, a menudo sesenta a la vez (Sullivan, ed., p. 127).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En uno de sus muchos ensayos sobre el misterio de la Encarnaci\u00f3n, Karl Rahner habla de Jesucristo como la puerta finita en la que se ha convertido el Dios infinito, para \u00ababrir un paso hacia lo infinito para todo lo finito, dentro del cual \u00e9l mismo se ha convertido en parte, haci\u00e9ndose \u00e9l mismo el paso y la puerta, a trav\u00e9s de cuya existencia Dios mismo [se convierte en la realidad de la nada\u00bb. En la Encarnaci\u00f3n, Dios crea esta puerta santa de acogida \u00abasumiendo\u00bb nuestra humanidad, y Dios \u00abasume\u00bb nuestra humanidad \u00abvaci\u00e1ndose\u00bb en la humanidad que Dios ha asumido <em>(Investigaciones teol\u00f3gicas 4:117).<\/em> En otro lugar, Rahner dice que para convertirse en \u00abel portal y el paso\u00bb de nuestra abundante e incondicional omnipresencia, el Verbo de Dios \u00abcrea la realidad humana [de Jes\u00fas] asumi\u00e9ndola, y la asume vaci\u00e1ndose de s\u00ed mismo\u00bb <em>(Fundamentos 226).<\/em> La puerta de nuestra humanidad, en la humanidad de Jes\u00fas, es as\u00ed el lugar mismo donde Dios afirma la llamada irrevocable de su propia presencia que se supera a s\u00ed misma y donde abrazamos y somos abrazados por el amor que se vac\u00eda de Dios. Aqu\u00ed, en Jesucristo, el Verbo se hace carne y habita entre nosotros en la \u00fanica apertura de \u00abla propia renuncia y la autoexpresi\u00f3n de Dios en lo que es distinto\u00bb de su propio yo, en los \u00abextra\u00f1os\u00bb que somos <em>(Investigaciones teol\u00f3gicas 5:178).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El misterio de la presencia ken\u00f3tica de Dios en la humanidad de Jes\u00fas, y de la acogida que Dios nos da en y a trav\u00e9s del portal de ese propio vaciamiento lleno de gracia, es muy dif\u00edcil de comprender, y tanto las palabras de Rahner como las m\u00edas no son m\u00e1s que aproximaciones t\u00edmidas a la realidad del abrazo de Dios a nuestra diversidad. Pero incluso estas palabras bastan para que estemos alerta y deseando que suene el timbre figurado de la puerta y se nos invite a abrirnos a la otra persona y a la alteridad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jon Sobrino define esos momentos como aquellos en los que nos vemos llamadas a adoptar \u00abuna verdadera [y doble k\u00e9nosis, es decir, una vida de pobreza voluntaria y una actitud solidaria\u00bb: Una disposici\u00f3n a ser \u00abdisminuidas\u00bb, a desinflarse por nuestro propio vaciamiento en la situaci\u00f3n de la otra persona, y luego asumir, desde abajo, una postura de solidaridad partidaria con esa otra persona en su misma diversidad <em>(La verdadera<\/em> <em>Iglesia <\/em>109, 148, 150). En esos momentos se nos pide que, siguiendo el ejemplo de Dios en Jes\u00fas, acojamos al forastero a nuestra puerta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si recordamos el ejemplo de Catalina McAuley y la muchacha de Killarney, tenemos mucho que aprender de esta met\u00e1fora de su hospitalidad sin titubeos ni vacilaciones. En primer lugar, ella abre la puerta (no se limita a mirar a trav\u00e9s de las cortinas); en segundo lugar, deja a un lado sus sospechas; en tercer lugar, ofrece la comodidad de una silla y comida; a continuaci\u00f3n, escucha atentamente la historia de la desconocida y se reserva un juicio sobre su validez; y, por \u00faltimo, ofrece un espacio en el que la chica puede ser y convertirse en ella misma. Catalina hab\u00eda so\u00f1ado con ni\u00f1as as\u00ed, incluso cuando viv\u00eda con los Callaghan en la Casa Coolock. Como se\u00f1ala el <em>Manuscrito Limerick<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella se deleitaba proyectando medios para dar cobijo a las j\u00f3venes desprotegidas. Entonces no esperaba la gran fortuna que m\u00e1s tarde ser\u00eda suya, pero se le ocurri\u00f3 que, si dispon\u00eda de unos cuantos cientos de libras, alquilar\u00eda un par de habitaciones y trabajar\u00eda para y con sus protegidas; la idea rondaba sus sue\u00f1os. (Sullivan, ed. 144-45)<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque Catalina ve\u00eda en cada persona desconocida que llamaba a la puerta, en cada persona diferente de ella, en cada persona, la presencia oculta de Cristo, la autoexpresi\u00f3n cercana y accesible de la alteridad cercana pero distante de Dios. Por eso ella insist\u00eda en que nadie deb\u00eda esperar en la puerta. Cuando Mary Clare Moore compil\u00f3 la primera colecci\u00f3n de <em>Dichos Pr\u00e1cticos <\/em>de Catalina en agosto de 1868, ella envi\u00f3 su compilaci\u00f3n en forma de borrador a otras casas de las Hermanas de la Misericordia para comprobar su integridad y exactitud. En las <em>Cr\u00f3nicas de Bermondsey <\/em>de 1868, Clare nos dice que<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No se recordaba nada m\u00e1s, excepto el deseo que nuestra venerada Fundadora hab\u00eda expresado, de que quienes ven\u00edan por negocios, o incluso las visitas al Convento y las personas pobres, no deb\u00edan esperar en la puerta o en el Convento m\u00e1s de lo necesario, ya que ella hab\u00eda notado negligencia en este punto en algunas de las Comunidades. (Sullivan, ed. 33)<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el libro del \u00c9xodo, la voz de Dios env\u00eda este mandato al pueblo de Israel a trav\u00e9s del profeta Mois\u00e9s: \u00abNo oprimir\u00e1s al emigrante: ustedes conocen la suerte del emigrante, porque fueron emigrantes en Egipto\u00bb (\u00c9xodo 23, 9). Sin duda, la empat\u00eda humana de Catalina por las personas forasteras, por las que est\u00e1n fuera de su propio hogar cultural, se nutri\u00f3 de sus propias experiencias como extranjera, de sus propios sentimientos de diversidad cultural: cuando viv\u00eda con su madre, cuya sensibilidad religiosa era tan distinta de la suya; cuando viv\u00eda con los Armstrong, un tanto intolerantes; cuando se sent\u00eda ajena a algunas de las opiniones religiosas de los Callaghan y de su hermano y su cu\u00f1ado; cuando tuvo que hacer negocios con Matthias Kelly, el p\u00e1rroco de San Andr\u00e9s, que \u00abno ten\u00eda la menor idea de que el sexo no instruido pudiera hacer otra cosa que da\u00f1o tratando de ayudar al clero, mientras que ten\u00eda prejuicios contra la fundadora, a la que consideraba una vividora\u00bb (Clare Augustine Moore, \u00abMemorias\u00bb, en Sullivan, ed., p. 208). Su empat\u00eda tambi\u00e9n se nutri\u00f3 cuando \u00ablos cat\u00f3licos de m\u00e1s alto rango\u00bb de Dubl\u00edn \u00abse mofaban de ella como de una arribista, [y] como de una inculta\u00bb (\u00abMemorias\u00bb, en Sullivan, ed., p. 203); cuando vivi\u00f3 quince meses con las enclaustradas y rigurosas Hermanas de la Presentaci\u00f3n; cuando, m\u00e1s tarde, tuvo que negociar durante a\u00f1o y medio con Walter Meyler, p\u00e1rroco que se negaba a darle un capell\u00e1n fijo para las sesenta mujeres y ni\u00f1as acogidas en la Casa de la Misericordia, a pesar de que en aquel momento ten\u00eda ocho coadjutores a tiempo completo en su plantilla parroquial; y cuando fue injustamente humillada por una demanda contra ella en Kingstown por no poder pagar una factura de 470 libras por la renovaci\u00f3n de la cochera y el establo que hab\u00eda donado para una escuela de ni\u00f1as pobres, un gasto que el p\u00e1rroco le hab\u00eda asegurado inicialmente que se encargar\u00eda de cubrir. Como la propia Catalina era a menudo la \u00abforastera\u00bb culturalmente diversa, sab\u00eda lo que se sent\u00eda al ser diferente, al ser una extra\u00f1a en un lugar aparentemente ajeno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, la principal motivaci\u00f3n de la hospitalidad de Catalina hacia la gente forastera, su b\u00fasqueda y acogida afectuosa en su propio espacio y en su vida, no eran sus experiencias personales de haber sido dejada de lado, sino su convicci\u00f3n de la presencia viva de Cristo. El relato del Juicio Final en Mateo 25 era un texto b\u00edblico muy importante para ella; lo cita dos veces en los primeros cap\u00edtulos de su Regla: \u00abLes aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de \u00e9stos, mis hermanos menores, me lo hicieron a m\u00ed\u00bb (Mateo 25, 40). Ella no cita las palabras de la frase \u00abFui emigrante y me recibieron\u00bb (Mateo 25, 35), sino que plasma el sentido de esta frase en la forma misma de su vida y de la comunidad que ha creado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Regla original de las Hermanas de la Misericordia es un documento escrito a mano por la propia Catalina McAuley y ligeramente revisado por el Arzobispo Daniel Murray de Dubl\u00edn. El cap\u00edtulo 4 est\u00e1 dedicado a la acogida de mujeres desamparadas en la Casa de Misericordia. Durante su vida, Catalina misma hizo la mayor parte de las admisiones diarias de estas ni\u00f1as y mujeres. En este sabio y reflexivo cap\u00edtulo, ella expone los sencillos procedimientos para acoger a las forasteras en esta Casa que hab\u00eda construido para ellas y que m\u00e1s tarde ampli\u00f3 en <em>Baggot Street<\/em>. En el tercer p\u00e1rrafo ella escribe:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>3\u00b0 <\/em>Aunque debe considerarse siempre una regla general el exigir testimonios adecuados en cuanto al car\u00e1cter y al desamparo, sin embargo, hay algunas que tienen un fuerte derecho a la protecci\u00f3n y que no podr\u00edan obtenerlos. Las hijas de comerciantes reducidos, que no hayan sido pr\u00e1cticamente instruidas en la religi\u00f3n ni conocidas m\u00e1s all\u00e1 del humilde c\u00edrculo de la casa de sus padres, deben ser admitidas por recomendaci\u00f3n de una mujer piadosa de orden, que haya vivido algunos a\u00f1os en el mismo vecindario; y se les debe permitir permanecer en la Casa hasta que hayan practicado en el servicio,<sup>2<\/sup> y con derecho al car\u00e1cter de la Instituci\u00f3n. (Sullivan, ed. 299-300)<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno de los \u00aberrores evidentes\u00bb que Catalina descubri\u00f3 en la Regla confirmada despu\u00e9s de su regreso de Roma en agosto de 1841 fue, en su opini\u00f3n, una grave alteraci\u00f3n de este p\u00e1rrafo.<sup>3<\/sup> La misma limitaci\u00f3n que ella hab\u00eda tratado en\u00e9rgicamente de evitar &#8211; a saber, la remisi\u00f3n de las decisiones de admisi\u00f3n sobre personas extra\u00f1as a personal no residente, con el consiguiente retraso en ofrecer refugio &#8211; se insertaba ahora, presumiblemente por alguien en Roma. A la sensata y matizada disposici\u00f3n de Catalina de que \u00abAunque siempre debe considerarse una regla general exigir testimonios adecuados en cuanto al car\u00e1cter y la angustia, sin embargo. . . Las hijas de comerciantes reducidos&#8230; deben ser admitidas por recomendaci\u00f3n de una piadosa ordenanza\u00bb, se insert\u00f3 ahora la siguiente redacci\u00f3n despu\u00e9s de los \u00abtestimonios\u00bb:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y particularmente la del P\u00e1rroco, acerca de su car\u00e1cter y pobreza, sin embargo hay quienes merecen ayuda, aunque no puedan procur\u00e1rsela. Sin embargo, incluso sobre \u00e9stas, se consultar\u00e1 siempre al P\u00e1rroco, a fin de conocer mejor sus disposiciones, para la orientaci\u00f3n de los Superiores. Pero con esta precauci\u00f3n, las hijas de los comerciantes reducidos&#8230; pueden ser admitidas &#8230;. (La <em>Regla 12)<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quienquiera que haya hecho esta alteraci\u00f3n puede no haber recordado que el texto est\u00e1 hablando de la admisi\u00f3n de mujeres y ni\u00f1as angustiadas en la Casa de Misericordia, no de la admisi\u00f3n de candidatas en la comunidad religiosa (Sullivan, ed. 279-80).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ser\u00e1 un consuelo considerable para una parte de lectores saber que Catalina aborrec\u00eda los comit\u00e9s de no residentes. Sobre todo, en lo que se refiere a la admisi\u00f3n en las casas de acogida. Lo que a ella le molestaba especialmente era la p\u00e9rdida de espontaneidad en la toma de decisiones y la ciega indiferencia por la situaci\u00f3n inmediata de la persona que se encontraba en la puerta. Seg\u00fan el <em>Gran Manuscrito de Derry, <\/em>ella visit\u00f3 la Casa de Refugio de las Hermanas Irlandesas de la Caridad en <em>Stanhope Street<\/em> mientras se constru\u00eda <em>Baggot Street<\/em>, pero:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuanta m\u00e1s informaci\u00f3n adquir\u00eda ella sobre el gobierno y la gesti\u00f3n general de la Casa de Refugio, m\u00e1s se convenc\u00eda de que los principios por los que se reg\u00eda eran totalmente incompatibles con su designio. La \u00fanica consecuencia de estas visitas fue, por tanto, confirmarla en su resoluci\u00f3n de no admitir nunca la interferencia de un comit\u00e9 no residente, y de no cerrar nunca las puertas de la instituci\u00f3n a nadie por haber experimentado antes su protecci\u00f3n. (Sullivan, ed. 46)<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante su estancia en Coolock, Catalina hab\u00eda visto c\u00f3mo a una \u00abpobre muchacha cuya virtud estaba en peligro\u00bb se le negaba la admisi\u00f3n en una Casa de Refugio porque el comit\u00e9 que tomaba estas decisiones no ten\u00eda previsto reunirse. Seg\u00fan el <em>Manuscrito Limerick, <\/em>Catalina nunca olvid\u00f3 esta desafortunada circunstancia, y estaba decidida a tomar \u00ablas precauciones m\u00e1s eficaces contra la posibilidad de semejante calamidad\u00bb (Sullivan, ed. 144).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La hospitalidad de Catalina McAuley se ocupaba principalmente, aunque no exclusivamente, de las personas necesitadas: de las mujeres y ni\u00f1as en apuros que acud\u00edan a su puerta en busca de cobijo y protecci\u00f3n, de personas desesperadamente pobres y enfermas que no ten\u00edan a nadie que las visitara, de menores en orfandad que no ten\u00edan a nadie m\u00e1s que a ella para darles un hogar. Pero, en un sentido m\u00e1s amplio, toda la personalidad de Catalina era un lugar de acogida vaciado de s\u00ed mismo y hospitalario para todos los que encontraba. Clare Augustine Moore dice de ella: \u00abHasta el final, ella no permit\u00eda que se empleara con ella la menor ceremonia&#8230; Ella estaba con nosotras exactamente igual que mi madre con su familia, o m\u00e1s bien us\u00e1bamos menos ceremonias que en casa\u00bb (\u00abMemorias\u00bb, en Sullivan, ed. 206). Clare Augustine tambi\u00e9n informa de la opini\u00f3n de la madre del juez Fitzgerald, cuya criada, habiendo dejado temporalmente a su hijo al cuidado de Catalina &#8211; tras algunas s\u00faplicas por parte de la se\u00f1ora Fitzgerald -, se cas\u00f3 en secreto y se embarc\u00f3 hacia Am\u00e9rica. Cuando la Sra. Fitzgerald acudi\u00f3 avergonzada e indignada a contarle a Catalina este giro de los acontecimientos, \u00abfue escuchada con mucha amabilidad y calma y descubri\u00f3 que se ofrec\u00edan excusas por la fugitiva\u00bb. M\u00e1s tarde dijo de Catalina: \u00abElla me hizo sentir&#8230; lo que es la verdadera caridad y la verdadera religi\u00f3n\u00bb (\u00abMemorias\u00bb, en Sullivan, ed. 211).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Catalina ofrec\u00eda la misma amable empat\u00eda a conductores de diligencias, a los chicos pobres que llevaban su equipaje, a los obispos que visitaban <em>Baggot Street<\/em> y a las postulantes m\u00e1s j\u00f3venes e inexpertas. Si le pidi\u00e9ramos que eligiera un nombre para la virtud impl\u00edcita en lo que llamamos \u00abaceptaci\u00f3n de la diversidad cultural\u00bb, su palabra probablemente ser\u00eda <em>cortes\u00eda.<\/em> Ella no se referir\u00eda a la cortes\u00eda superficial, que a veces puede enmascarar frialdad e inhospitalidad, sino m\u00e1s bien al respeto genuino y la consideraci\u00f3n generosa hacia otras personas: el tipo de cortes\u00eda completa que crea un amplio espacio para las diferencias entre nosotras y las dem\u00e1s personas, y que honra su alteridad y la acoge en una unidad m\u00e1s profunda. Para Catalina tal cortes\u00eda es el resultado de la caridad y la humildad: la consecuencia de tomar en serio el mandamiento de Jes\u00fas, \u00abque se amen unos a otros como yo los he amado\u00bb (Juan 13, 34; Regla 8, en Sullivan, ed. 303), y de darse cuenta de que la humildad de mente y coraz\u00f3n es \u00abla marca m\u00e1s segura de los verdaderos siervos de Cristo\u00bb (Regla 9.1, en Sullivan, ed. 305).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Seg\u00fan Clare Augustine Moore, la casa de <em>Baggot Street<\/em> sirvi\u00f3 durante un tiempo de comedor para pobres de la parroquia San Andr\u00e9s: \u00abHab\u00eda que hacer sopa para cien personas, a veces m\u00e1s, y ten\u00edan que pasar por la oficina hasta el comedor en escuadrones, y esto por una escalera de madera ahora sustituida por piedra, de modo que hab\u00eda trabajo y suciedad y descontento, as\u00ed como desorden en los asuntos de la oficina e inconvenientes en la gesti\u00f3n de la Casa de Misericordia\u00bb (\u00abMemorias\u00bb, en Sullivan, ed. 209). Es evidente que a Clare Augustine no le gustaba demasiado tanta \u00abdiversidad cultural\u00bb, pero a Catalina McAuley s\u00ed. Incluso en estas circunstancias Catalina dir\u00eda: \u00abNuestro respeto y caridad mutuas han de ser cordiales; ahora bien, \u00abcordial\u00bb significa algo que revive, vigoriza y reconforta; tales deben ser los efectos de nuestro amor mutuo\u00bb <em>(Dichos pr\u00e1cticos 5).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cualquier grupo \u2013 ya sea una comunidad universitaria, una congregaci\u00f3n religiosa, un grupo de amistades o una naci\u00f3n \u2013 busca identificar la unidad que le da sentido y prop\u00f3sito como grupo. De hecho, cada persona busca tener esa unidad e integridad dentro de s\u00ed misma para poder ser ella misma. El problema de la unidad ya sea personal o de grupo, no radica en buscarla y protegerla, que es necesario, sino en definir correctamente su profundidad y amplitud, y los l\u00edmites de la diversidad que la unidad requiere. Hablar de \u00abacoger la diversidad cultural\u00bb no es, por tanto, hablar de diversidad ilimitada sin unidad, ni negar la realidad de la unidad en la que se acoge la diversidad, sino m\u00e1s bien definir adecuadamente la unidad esencial y aut\u00e9ntica de la comunidad que la acoge y, por tanto, definir adecuadamente los l\u00edmites de la diversidad que la comunidad puede acoger. Si un grupo define su unidad como fidelidad y promoci\u00f3n del amor y la verdad de Dios, sus l\u00edmites a la diversidad ser\u00e1n m\u00e1s amplios y abiertos que si define su unidad como la promoci\u00f3n econ\u00f3mica de cristianos republicanos rubios menores de cuarenta a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque Catalina McAuley defini\u00f3 a la comunidad religiosa que viv\u00eda en <em>Baggot Street<\/em>, y en todas las futuras casas de las Hermanas de la Misericordia, como mujeres cat\u00f3licas romanas que hac\u00edan voto de vivir en pobreza voluntaria, celibato, obediencia y al servicio de las personas pobres, enfermas y carentes de educaci\u00f3n, ella lo hizo en el contexto de una unidad m\u00e1s profunda y amplia: la fidelidad al amor misericordioso de Dios por todo el pueblo de Dios. De ah\u00ed que el espacio material y espiritual habitado por su comunidad religiosa no perteneciera exclusivamente a ella, sino a todos los hombres, mujeres e infantes que, consciente o inconscientemente, fueron receptores del amor misericordioso de Dios. De hecho, ella defin\u00eda esta unidad m\u00e1s amplia precisamente en t\u00e9rminos de la presencia del Esp\u00edritu de Cristo en todas las personas con las que se encontraba: en la puerta, en las calles, en los caminos rurales, en los hospitales, en las chozas de la gente pobre, all\u00ed donde los rostros humanos presentaban al Cristo de Mateo 25 para que ella respondiera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La \u00abuni\u00f3n y caridad\u00bb que ella deseaba tan ardientemente ver florecer entre sus hermanas en comunidad y de la que habl\u00f3 tan fervientemente en su lecho de muerte \u2013 \u00abQue vivan en Uni\u00f3n y Caridad y que todas nos encontremos en una feliz Eternidad\u00bb (Sullivan, ed., p. 242) \u2013 no deb\u00eda restringirse s\u00f3lo a ellas, sino que deb\u00eda incluir a todas las personas que entraran dentro de las m\u00faltiples esferas de sus vidas, sin importar cu\u00e1n diferentes fueran de las Hermanas de la Misericordia, siempre que el lazo de uni\u00f3n con las Hermanas de la Misericordia se mantuviera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque Catalina ten\u00eda tanta confianza en la Misericordia providencial de Dios que pod\u00eda acoger con gracia y acomodarse pacientemente a la presencia y necesidades de quienes eran diferentes a ella, ya fuera la ni\u00f1a peque\u00f1a, Mary Quinn, que se sentaba entre Frances Warde y ella en la mesa de <em>Baggot Street<\/em> (Sullivan, ed., p. 97), o las pobres clarisas abandonadas a las que acog\u00eda en la comunidad de Limerick, o el profesor anglicano de Oxford, Rev. Dr. Edward Pusey, que la visitaba en <em>Baggot Street<\/em> y luego \u00abse invitaba a s\u00ed mismo\u00bb a una ceremonia de profesi\u00f3n (Neumann, ed. 350-51), u Obispo Patrick Kennedy de Killaloe que, en su opini\u00f3n, \u00abno era un gran patr\u00f3n de monjas\u00bb (Neumann, ed. 298), o la joven ex carmelita que entr\u00f3 en <em>Baggot Street<\/em> y mantuvo los ojos bajos durante semanas, incluso en presencia de Catalina (Neumann, ed. 352, 354).312), o Mary Clare Agnew de Bermondsey, aquejada de \u00abprepotencia\u00bb y \u00abaficionada a los extremos en la piedad\u00bb (Neumann, ed. 352, 354), o cualquiera de las Hermanas de la Misericordia, mucho m\u00e1s j\u00f3venes que ella y a menudo de temperamento tan diferente al suyo. En todas estas circunstancias Catalina cre\u00f3 un amplio y generoso espacio de cortes\u00eda y amor. Sus cartas contienen a menudo una frase encantadora sobre personas a las que ella lleg\u00f3 a conocer mejor, una frase en la que la carga de cualquier duda en su acogida recae directamente sobre su propia percepci\u00f3n inadecuada: \u00abAntes no la ve\u00eda del todo\u00bb (Neumann, ed. 308).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es que Catalina no pusiera l\u00edmites o no tuviera opiniones sobre lo que era una diversidad tolerable, sino que sus decisiones de no aceptar lo diferente se basaban \u00fanicamente en la fidelidad a recibir y extender la Misericordia de Dios. Ella no acept\u00f3 el enga\u00f1oso intento de cism\u00e1ticos crottyitas de dividir y destruir la iglesia en Birr, pero se meti\u00f3 en el barro y la nieve para visitarles y explicarles la descripci\u00f3n que hace Pablo de la caridad en 1 Corintios, cap\u00edtulo 13 (Neumann, ed. 288). No acept\u00f3, en las negociaciones con Walter Meyler, que a las mujeres y ni\u00f1as pobres acogidas en la Casa de Misericordia se les negara la ayuda de un ministro sacramental regular y coherente, pero el d\u00eda de su muerte le pidi\u00f3 perd\u00f3n \u00absi alguna vez hizo o dijo algo que le disgustara\u00bb (Sullivan, ed. 243). No acept\u00f3 la sugerencia indirectamente expresada por Mary Angela Dunne de que, por falta de postulantes, la fundaci\u00f3n de Charleville deb\u00eda disolverse y cerrar sus obras de Misericordia, pero escribi\u00f3 a Angela una carta alentadora: \u00ab\u00bfNo son las personas pobres de Charleville tan queridas [por Dios] como las de cualquier otro lugar?\u00bb. (Neumann, ed. 106-107), y nueve meses despu\u00e9s ella pas\u00f3 diez d\u00edas en Charleville, de camino a Limerick en septiembre de 1838. De esta visita Catalina escribi\u00f3: \u00abEncontr\u00e9 que pod\u00eda ser m\u00e1s \u00fatil all\u00ed de lo que quiz\u00e1s nunca hab\u00eda sido. Hab\u00eda peligro de que todo se rompiera, y mi coraz\u00f3n se entristec\u00eda al pensar que la gente pobre se ve\u00eda privada del consuelo que Dios parec\u00eda destinarles. Hice todos los esfuerzos posibles y, alabado sea Dios, todo se arregl\u00f3\u00bb (Neumann, ed. 138). Siempre que Catalina no pod\u00eda aceptar, por la misi\u00f3n misericordiosa de Dios en Cristo, lo que le parec\u00eda contrario a esa intenci\u00f3n misericordiosa, trataba de hacerlo con amor y respeto, con paciencia y ofrecimiento de ayuda, apelando a esa unidad m\u00e1s profunda del amor de Dios que abarca a todas las personas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En conclusi\u00f3n, si tuviera que resumir en los t\u00e9rminos m\u00e1s amplios el abrazo de Catalina McAuley a la diversidad cultural y su legado de hospitalidad a la gente forastera, tendr\u00eda que decir que:<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Ella no defini\u00f3 con estrechez de miras el amor de Dios ni la unidad a la que se nos llama a nosotras y a nuestros pr\u00f3jimos en este mundo.<\/li>\n\n\n\n<li>Ella no confund\u00eda las diferencias ni ve\u00eda las variaciones culturales como obst\u00e1culos para esa unidad.<\/li>\n\n\n\n<li>Ella no utiliz\u00f3 un lenguaje pol\u00e9mico para describir estas diferencias.<\/li>\n\n\n\n<li>Ella no se aferraba a su propia peculiaridad ni a sus preferencias personales o costumbres no esenciales.<\/li>\n\n\n\n<li>Y ella no consideraba su amistad con Dios como algo que codiciar o explotar s\u00f3lo para s\u00ed misma.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s bien:<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Ella se vaci\u00f3 de la comodidad de su anterior modo de vida.<\/li>\n\n\n\n<li>Ella adopt\u00f3 la forma de servidora en su contexto humano.<\/li>\n\n\n\n<li>Ella extendi\u00f3 su afectuoso abrazo a la alteridad.<\/li>\n\n\n\n<li>Ella abri\u00f3 su puerta al forastero.<\/li>\n\n\n\n<li>Ella les acogi\u00f3.<\/li>\n\n\n\n<li>Ella sab\u00eda de quienes eran diferentes y les dejaba \u00edntegros en su diferencia piadosa.<\/li>\n\n\n\n<li>Ella se humill\u00f3 a s\u00ed misma ante todas las formas humanas.<\/li>\n\n\n\n<li>Y ella sigui\u00f3, lo mejor que pudo, el ejemplo de Cristo, que se hizo obediente al amor amplio y misericordioso de Dios hacia toda la humanidad, hasta la muerte, incluso la muerte de cruz.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si queremos sembrar las semillas de la verdadera esperanza en nuestro mundo, creo que Catalina McAuley dir\u00eda: As\u00ed es como debemos hacerlo, de persona en persona: respondiendo al timbre imaginario, abriendo la puerta imaginaria, abrazando al forastero, acogiendo a la persona, compartiendo el pan y la leche, de persona en persona.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Notas<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1. Este trabajo fue presentado como discurso de apertura en la reuni\u00f3n anual del Coloquio de Educaci\u00f3n Superior de la Misericordia en la Universidad San Javier de Chicago, el 15 de junio de 1996.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2. Por \u00abservicio\u00bb, Catalina entiende el empleo como servidumbre, especialmente en el servicio dom\u00e9stico. Este significado de <em>criada <\/em>era com\u00fan en el siglo XIX, pero ahora es raro y obsoleto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3. La Regla y las Constituciones de las Hermanas de la Misericordia confirmadas en Roma en 1841 eran una traducci\u00f3n italiana del texto que present\u00f3 Catalina McCauley. Por lo tanto, la copia publicada que ella recibi\u00f3 de Roma estaba en italiano. Este extracto est\u00e1 traducido al ingl\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Obras citadas<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La Regla y Las Constituciones de las Religiosas llamadas Hermanas de la Misericordia. <\/em>Roma: Propaganda Fide, 1841.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">McAuley, Catalina. <em>Las Cartas de Catalina McAuley, 1827-1841.<\/em> Ed. Mary Ignatia Neumann, R.S.M. Baltimore: Helican, 1969.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">___ . <em>Un peque\u00f1o libro de dichos pr\u00e1cticos, consejos y oraciones de nuestra venerada fundadora Madre Mary Catalina [sic] McAuley. <\/em>Ed. [Mary Clare Moore<em>, <\/em>R.S.M. Landon: Burns, Oates and Co., 1868.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Rahner, Karl. <em>Fundamentos de la fe cristiana.<\/em> Londres: Darton, Langman &amp; Todd, 1978.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">___ . \u00abCristolog\u00eda dentro de una visi\u00f3n evolucionista del mundo\u00bb, en <em>Investigaciones teol\u00f3gicas<\/em>. Vol. 5. Trans. Karl-H. Kruger. Landan: Dartan, Langman &amp; Tadd, 1966. 157-192.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">___ . \u00abSobre la teolog\u00eda de la encarnaci\u00f3n\u00bb, en <em>Investigaciones teol\u00f3gicas. <\/em>Vol. 4. Trans. Kevin Smith. <em>Londres: <\/em>Dartan, Longman &amp; Tadd, 1966. 105-120.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sobrino, Jon. <em>La Iglesia y los pobres. <\/em>Trans. Matthew J. O&#8217;Cannell. Maryknall, Nueva York: Orbis Books, 1984.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sullivan, Mary C. <em>Catalina McAuley y la tradici\u00f3n de la Misericordia.<\/em> Notre Dame, Indiana: Universidad de Notre Dame Press, 1995. Los textos de los primeros manuscritos citados en este documento figuran en este volumen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-pale-cyan-blue-background-color has-background wp-block-paragraph\">Publicado originalmente en ingl\u00e9s en\u00a0<em>The MAST Journal\u00a0<\/em>Volumen 6 N\u00famero 3 (1996).\u00a0<\/p>\n<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-article pdfprnt-bottom-right\"><a href=\"https:\/\/themastjournal.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/article\/425?print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><span class=\"pdfprnt-button-title pdfprnt-button-pdf-title\">Print or Save as PDF<\/span><\/a><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El tema de nuestras reflexiones es \u00abSembrando esperanza: abrazando la diversidad cultural\u00bb, y se me ha pedido que me centre en el legado de Catalina McAuley en relaci\u00f3n con este tema.<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":0,"template":"","categories":[61,65,69,79],"volume_number":[76],"ppma_author":[110],"class_list":["post-425","article","type-article","status-publish","hentry","category-asuntos-criticos","category-carisma-de-la-misericordia","category-praxis-teologica","category-santos-y-personas-santas-es","volume_number-v30-n1-es","author-marysullivan-es"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.8 - 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