{"id":423,"date":"2025-05-15T00:39:42","date_gmt":"2025-05-15T04:39:42","guid":{"rendered":"https:\/\/themastjournal.org\/?post_type=article&#038;p=423"},"modified":"2025-05-22T15:16:23","modified_gmt":"2025-05-22T19:16:23","slug":"las-oraciones-de-catalina-mcauley-es","status":"publish","type":"article","link":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/las-oraciones-de-catalina-mcauley-es\/","title":{"rendered":"Las oraciones de Catalina McAuley"},"content":{"rendered":"\n<p>Si deseamos entrar profundamente en la oraci\u00f3n de Catalina McAuley, como lugar donde ella y Cristo pueden ense\u00f1arnos, podemos entrar en las escenas ordinarias de su oraci\u00f3n que nos han sido registradas por quienes vivieron con ella. Tanto si venimos a la luz de la luna por la ma\u00f1ana temprano, como al mediod\u00eda del ministerio o a la oscuridad de la noche, en estas escenas podemos arrodillarnos con Catalina en la presencia de Dios, y unir nuestras voces a la suya mientras ella reza las oraciones que le eran m\u00e1s queridas.<\/p>\n\n\n\n<p>Podemos arrodillarnos con ella en 1829, en el sal\u00f3n lateral de la calle Baggot, donde se re\u00fane con el pu\u00f1ado de compa\u00f1eras que se hab\u00edan unido a ella al principio de un llamado de Dios, cuyas dimensiones plenas apenas so\u00f1aba:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Todas se levantaban a las 6, pero la Reverenda Madre y yo y a veces la Madre Francisca sol\u00edamos levantarnos a las 4 y rezar a menudo todo el Salterio \u00aba la luz de la luna\u00bb, leer algo de la <em>Gu\u00eda del pecador<\/em> y transcribir.<sup>1<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Podemos arrodillarnos con ella en 1832, en el hospital improvisado de la calle Townsend de Dubl\u00edn, en medio de la devastadora epidemia de c\u00f3lera:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Siempre hab\u00eda cuatro all\u00ed desde las nueve de la ma\u00f1ana hasta las ocho de la noche, relev\u00e1ndose unas a otras cada cuatro horas; y aunque nuestra Reverenda Madre ten\u00eda un miedo natural al contagio, super\u00f3 ese sentimiento y apenas sali\u00f3 del Hospital. All\u00ed se la pod\u00eda ver entre los muertos y los moribundos, orando junto al lecho del cristiano agonizante, inspir\u00e1ndole sentimientos de contrici\u00f3n por sus pecados, sugiri\u00e9ndole actos de resignaci\u00f3n, esperanza y confianza, y elevando su coraz\u00f3n a Dios por la caridad.<sup>2<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Podemos arrodillarnos con ella a mediados de la d\u00e9cada de 1830, en la capilla oscura de la calle Baggot, conscientes tal vez de nuestras propias infracciones de caridad y de nuestra falta de uni\u00f3n amorosa con nuestras Hermanas:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>En cierta ocasi\u00f3n se produjo un desacuerdo, y aunque fatigada por los esfuerzos del d\u00eda, pidi\u00f3 a una hermana en la que confiaba que se reuniera con ella en el coro despu\u00e9s de las oraciones nocturnas para que pudieran rezar la \u00abOraci\u00f3n de los treinta d\u00edas\u00bb a fin de obtener el restablecimiento de la paz y la uni\u00f3n, circunstancia que demostraba la gravedad con la que ve\u00eda la menor infracci\u00f3n de la caridad, ya que nunca realizaba esa devoci\u00f3n excepto en un caso importante; pues confiaba especialmente en su eficacia, y dec\u00eda que ten\u00eda cuidado con lo que ped\u00eda por medio de ella, ya que estaba segura de que se le conceder\u00eda.<sup>3<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Catalina McAuley era marcadamente reservada en cuanto a su propia vida espiritual y su oraci\u00f3n personal. Escribiendo sobre ella despu\u00e9s de su muerte, Mary Clare Moore dice: \u00abT\u00fa preguntas por los ejercicios espirituales de la querida Reverenda Madre. Ella era demasiado humilde para hablar mucho de s\u00ed misma; de hecho, le disgustaban tanto las palabras <em>mi<\/em> o <em>yo<\/em>, que a menudo me sent\u00eda avergonzada cuando, sin querer, las hab\u00eda pronunciado\u00bb.<sup>4<\/sup> Del mismo modo, Mary Vincent Harnett dice de las instrucciones de Catalina a las primeras Hermanas de la Misericordia:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Les ense\u00f1\u00f3 a amar la vida oculta, trabajando en silencio solo para Dios; sent\u00eda una gran aversi\u00f3n por el ruido y la ostentaci\u00f3n en el cumplimiento de los deberes. A menudo se le o\u00eda decir: \u00abQu\u00e9 calladamente hace el gran Dios todas sus maravillas; las tinieblas se extienden sobre nosotras, y la luz irrumpe de nuevo, y no hay ruido de correr cortinas ni de cerrar persianas\u00bb.<sup>5<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>As\u00ed, en los \u00fanicos testimonios personales que poseemos \u2014los manuscritos biogr\u00e1ficos contempor\u00e1neos sobre ella y sus propias cartas\u2014, Catalina no describe su oraci\u00f3n personal, ni oralmente ni por escrito. Puede que compartiera su experiencia privada de oraci\u00f3n con sus confesores o amigos sacerdotes cercanos (por ejemplo, Edward Armstrong, Michael Blake y Redmond O\u2019Hanlon, O.D.C.) o con alguna de sus buenas amigas de las Hermanas de la Misericordia (Clare Moore, Frances Warde, Elizabeth Moore o Teresa White, por ejemplo), pero si estas conversaciones tuvieron lugar, se ha preservado su privacidad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Oraciones \u00abfavoritas\u00bb de Catalina<\/h2>\n\n\n\n<p>Por tanto, no podemos saber nada de las expresiones \u00abyo-t\u00fa\u00bb, con palabras o sin ellas, del coraz\u00f3n de Catalina a su Dios, salvo en la medida en que su oraci\u00f3n interior pueda deducirse, de forma muy indirecta y limitada, de otros rasgos y expresiones de su vida. No oiremos las \u00abcortinas\u00bb o \u00abpersianas\u00bb de sus himnos y salmos interiores.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, hay muchas escenas en la vida de Catalina que nos dan una idea de los aspectos m\u00e1s p\u00fablicos de su oraci\u00f3n y revelan, en particular, la profundidad de su devoci\u00f3n a algunas oraciones \u00abfavoritas\u00bb que se encuentran en los libros de oraciones ordinarios de sus oraciones diarias que eran, en su propia oraci\u00f3n vocal y en la oraci\u00f3n comunitaria de la comunidad, expresiones centrales de su celo, confianza y amor ardiente. Estas oraciones \u00abfavoritas\u00bb eran, como las enumera Mary Clare Moore: \u00abLa Oraci\u00f3n de los treinta d\u00edas en honor de nuestro divino Se\u00f1or, y tambi\u00e9n en honor de nuestra Sant\u00edsima Madre. El Salterio de Jes\u00fas. La oraci\u00f3n universal [por todas las cosas necesarias para la salvaci\u00f3n]. Los siete salmos penitenciales, con la \u00abPar\u00e1frasis\u00bb del P. [Francis] Blyth\u00bb. Clare dice que el \u00ablibro favorito\u00bb de Catalina era \u00abEl seguimiento de Cristo\u00bb, especialmente los cap\u00edtulos 30 del Libro 3\u00ba y 8\u00ba del Libro 4\u00ba\u00bb.<sup>6<\/sup> En la biograf\u00eda de Catalina insertada en los Anales de Bermondsey del a\u00f1o 1841, Clare hace un relato similar de las preferencias de Catalina:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Consideraba m\u00e1s \u00fatil adherirse a unas pocas obras espirituales s\u00f3lidas que atropellar muchas sin reflexi\u00f3n. \u00abEl seguimiento de Cristo\u00bb era uno de sus libros preferidos, tambi\u00e9n la \u00abPar\u00e1frasis\u00bb de Blythe sobre los siete salmos penitenciales; su libro de oraciones era el titulado \u00abDevociones al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb. Adem\u00e1s de los ejercicios espirituales de la Comunidad, a los que asist\u00eda con gran fervor, ten\u00eda mucha devoci\u00f3n a las dos \u00abOraciones de Treinta D\u00edas\u00bb, al \u00abSalterio de Jes\u00fas\u00bb y a la \u00abOraci\u00f3n universal\u00bb: Algunos pasajes de la \u00faltima que sol\u00eda repetir a menudo, especialmente este: \u00abDesc\u00fabreme, oh Dios m\u00edo, la nada de este mundo, la grandeza del cielo, la brevedad del tiempo y la longitud de la eternidad\u00bb.<sup>7<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>La \u00abOraci\u00f3n universal por todas las cosas necesarias para la salvaci\u00f3n\u00bb fue compuesta por Clemente XI durante su papado (1700-1721) y est\u00e1 incluida en el \u00abManual completo de la piedad cat\u00f3lica\u00bb de William A. Gahan, el libro de oraciones utilizado en la comunidad de la calle Baggot desde sus primeros d\u00edas, as\u00ed como en otros libros de oraciones de la \u00e9poca de Catalina. Esta oraci\u00f3n relativamente breve expresa, en diecis\u00e9is peticiones en cuatro partes dirigidas a Dios, el deseo de Catalina de la ayuda transformadora de Dios y su reconocimiento de que Dios es \u00abmi primer principio&#8230; mi \u00faltimo fin&#8230; mi constante bienhechor&#8230; [y] mi soberano protector\u00bb. Al rezar sus s\u00faplicas, la humildad, la sencillez y la pureza de coraz\u00f3n que caracterizaban su esp\u00edritu encontraban expresi\u00f3n en las sencillas palabras de esta oraci\u00f3n. M\u00e1s tarde, por deferencia a ella o porque las diversas comunidades de la Misericordia rezaban ocasionalmente esta oraci\u00f3n, la \u00abOraci\u00f3n universal\u00bb se incluy\u00f3 en muchas ediciones del siglo XIX del \u00abManual de coro\u00bb de las Hermanas de la Misericordia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00abEl Salterio de Jes\u00fas\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p>El \u00abSalterio de Jes\u00fas\u00bb es una oraci\u00f3n especialmente querida por Catalina McAuley, aunque quiz\u00e1 nunca lleguemos a comprender todo lo que significaba para ella. Evidentemente, cuando era ni\u00f1a, su \u00abprimer intento de escribir fue tratar de copiar a mano\u00bb esta oraci\u00f3n.<sup>8<\/sup> Se nos dice que cuando \u00aba\u00fan era muy joven, antes de saber escribir, copi\u00f3 en una especie de letra grande pasajes del Salterio de Jes\u00fas\u00bb, y que era \u00abuna oraci\u00f3n por la que siempre conserv\u00f3 un gran afecto\u00bb. M\u00e1s adelante en su vida, habiendo memorizado los quince p\u00e1rrafos de las peticiones en el Salterio, \u00absol\u00eda repetir partes de \u00e9l a diferentes horas del d\u00eda, incluso cuando iba por las calles\u00bb.<sup>9<\/sup> En los a\u00f1os posteriores a la apertura de la Casa de la Misericordia y antes de la fundaci\u00f3n de las Hermanas de la Misericordia, Catalina y la comunidad sol\u00edan reunirse a las ocho de la noche para rezar oraciones nocturnas con las mujeres de la Casa de la Misericordia y la gente del vecindario que deseaba unirse a ellas. Las oraciones que Catalina utilizaba cada noche \u00aberan las de la \u201cPiedad cat\u00f3lica\u201d con una letan\u00eda adicional o el Salterio\u00bb.<sup>10<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>En octubre de 1838, durante los primeros meses de la fundaci\u00f3n de la comunidad de Limerick, cuando rezaron para que las j\u00f3venes de la zona pudieran unirse a la nueva fundaci\u00f3n, Catalina escribi\u00f3 desde Limerick a Frances Warde: \u00abTerminamos las dos \u201cOraciones de Treinta D\u00edas\u201d el 23, una por la ma\u00f1ana y una por la tarde y ahora vamos a rezar todo el Salterio por 15 d\u00edas. Esta es nuestra mejor esperanza\u00bb.<sup>11<\/sup> En los meses de preparaci\u00f3n previos a la fundaci\u00f3n de la comunidad de la Misericordia en Birmingham, Inglaterra, Catalina sigui\u00f3 un plan similar. Como se\u00f1al\u00f3 el 6 de abril de 1841: \u00abComenzamos la \u201cOraci\u00f3n de Treinta D\u00edas\u201d el jueves en lugar del Salterio. La sustancia de la petici\u00f3n. Que Dios dirija todos los arreglos que se han de hacer para el establecimiento del convento en Birmingham\u00bb.<sup>12<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>El Salterio de Jes\u00fas toma su inspiraci\u00f3n y ep\u00edgrafe de Hechos 4,&nbsp;12: \u00abPorque no existe bajo el cielo otro Nombre&#8230; por el cual podamos alcanzar la salvaci\u00f3n\u00bb; toma su t\u00edtulo de su similitud num\u00e9rica con el Salterio de las escrituras hebreas, que contiene ciento cincuenta salmos, y con el rosario (a veces llamado el \u00abSalterio de Mar\u00eda\u00bb) que contiene ciento cincuenta Avemar\u00edas en sus meditaciones sobre quince misterios de la vida de Jes\u00fas. El Salterio de Jes\u00fas invoca reverentemente el nombre de Jes\u00fas ciento cincuenta veces. Estas invocaciones, distribuidas en quince peticiones, se pronuncian en el contexto b\u00edblico de la reflexi\u00f3n sobre la muerte y el nombre de Jes\u00fas, tal como se honra en la carta a los Filipenses: \u00abse humill\u00f3 hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exalt\u00f3 y le dio el Nombre que est\u00e1 sobre todo nombre, para que en el nombre de Jes\u00fas se doble toda rodilla, en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: \u201cJesucristo es el Se\u00f1or\u201d\u00bb (2,&nbsp;8-11).<\/p>\n\n\n\n<p>Las quince peticiones del Salterio est\u00e1n agrupadas en tres partes de cinco peticiones cada una. En el \u00abManual completo de la piedad cat\u00f3lica\u00bb, de William A. Gahan, un libro de oraciones que utilizaba Catalina, el editor aconseja a quienes rezan el Salterio que lo repartan a lo largo del d\u00eda de la manera que sea m\u00e1s propicia para la oraci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Puesto que no debe ser recitado con demasiada precipitaci\u00f3n, sino con la mayor reverencia y recogimiento, puede recitarse todo sin interrupci\u00f3n, o cada parte en tres momentos distintos, seg\u00fan el tiempo libre de que dispongan las personas despu\u00e9s de cumplir los deberes indispensables de sus diversos estados y condiciones de vida.<sup>13<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Las personas que ahora usan del Salterio de Jes\u00fas optan a veces por rezar reflexivamente una sola petici\u00f3n cada d\u00eda, durante un periodo de quince d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cualquiera que rece meditativamente el Salterio de Jes\u00fas puede escuchar en sus s\u00faplicas los deseos y actitudes perdurables de los disc\u00edpulos de Jes\u00fas. Por debajo de lo anticuado de parte del vocabulario y de algunas formulaciones y \u00e9nfasis teol\u00f3gicos, se perciben los grandes temas cristianos que con tanta fuerza hablaban al esp\u00edritu de Catalina cuando rezaba esta oraci\u00f3n: reconocimiento de nuestra debilidad personal y nuestra necesidad de la misericordia perdonadora y habilitadora de Dios; conciencia de nuestra sutil tendencia a la inconstancia y la vanidad, y nuestra dependencia absoluta de la ayuda de Dios; admiraci\u00f3n y reverencia por la persona y la misi\u00f3n de Jes\u00fas, y gratitud por su pasi\u00f3n y muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Se puede o\u00edr en las frases del Salterio de Jes\u00fas, si se deja penetrar su significado, toda el hambre de un solo coraz\u00f3n, el dolor por el pecado, el deseo de la gu\u00eda de Dios, el respeto por la bondad de Jes\u00fas y el dolor por sus sufrimientos que caracterizaron la mente y el coraz\u00f3n de Catalina McAuley. Aunque el lenguaje de las diversas peticiones difiere del de las oraciones cristianas actuales, los sentimientos del Salterio son los sentimientos profundos del Nuevo Testamento: un recuerdo agradecido de la vida y muerte de Jes\u00fas que nos redime, y deseo ferviente de ser, en la peregrinaci\u00f3n de esta vida, sus aut\u00e9nticos disc\u00edpulos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Las \u00abOraciones de Treinta D\u00edas\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p>Aunque las primeras Hermanas de la Misericordia rezaban a menudo el \u00abSalterio de Jes\u00fas\u00bb comunitariamente, el salterio se considera mejor como una oraci\u00f3n personal de toda la vida de Catalina McAuley. Este no fue exactamente el caso de las dos \u00abOraciones de Treinta D\u00edas\u00bb, una \u00abA nuestro Bendito Redentor, en honor de su amarga pasi\u00f3n\u00bb y otra \u00abA la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, en honor de la Sagrada Pasi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb. Los Anales de Tullamore de 1836 dicen de la \u00abOraci\u00f3n de Treinta D\u00edas a Mar\u00eda\u00bb: \u00abNuestra Venerada Fundadora tuvo por costumbre durante toda su vida, que comenz\u00f3 en Tullamore, permanecer un mes en una nueva Fundaci\u00f3n, tiempo durante el cual rezaba siempre la Oraci\u00f3n de Treinta D\u00edas a la Sant\u00edsima Virgen para implorar la gracia sobre las hermanas y una bendici\u00f3n sobre su trabajo, por intercesi\u00f3n de la Madre de Misericordia\u00bb.<sup>14<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Los manuscritos biogr\u00e1ficos sobre Catalina escritos por sus contempor\u00e1neos y su propia correspondencia hablan todos de su profunda devoci\u00f3n a esta oraci\u00f3n y a la versi\u00f3n de la misma dirigida a Jesucristo. Clare Moore se\u00f1ala expl\u00edcitamente la confianza de Catalina en esta oraci\u00f3n: \u00abSiempre que ten\u00eda dudas o dificultades recurr\u00eda a la oraci\u00f3n, y la Oraci\u00f3n de Treinta D\u00edas, desde que yo la conoc\u00eda, era el medio por el que obten\u00eda todo lo que deseaba. Lo dec\u00eda siempre con toda la confianza de conseguir lo que ped\u00eda\u00bb.<sup>15<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>En los Anales de Bermondsey, Clara dice de Catalina y la Oraci\u00f3n de Treinta D\u00edas:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Ella nunca realizaba esa devoci\u00f3n salvo en alg\u00fan caso importante; pues confiaba especialmente en su eficacia, diciendo que ten\u00eda cuidado con lo que ped\u00eda por medio de ella, ya que la petici\u00f3n era segura de ser concedida. Esa devota oraci\u00f3n la iniciaba siempre el primer d\u00eda de su llegada a una nueva fundaci\u00f3n, y se esforzaba por permanecer en ese lugar hasta completarla.<sup>16<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Las cartas de Catalina contienen frecuentes referencias a las dos \u00abOraciones de Treinta D\u00edas\u00bb, cuando est\u00e1 en Limerick, Galway y Birr y cuando se prepara para la fundaci\u00f3n en Birmingham.&nbsp; Desde Galway escribe a Frances Warde: \u00abDijimos nuestras dos dulces Oraciones de Treinta D\u00edas, una a nuestro Salvador por la ma\u00f1ana, otra a la Sant\u00edsima Virgen por la tarde. Tambi\u00e9n hicimos esto en Londres. Mi fe en estas oraciones ha aumentado mucho\u00bb.<sup>17<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Salvo los p\u00e1rrafos iniciales de estas oraciones, las dos \u00abOraciones de los treinta d\u00edas\u00bb (al Redentor y a la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda) son casi id\u00e9nticas en estructura y contenido. Tras reconocer con gratitud el abrazo divino a nuestra naturaleza humana en la concepci\u00f3n y nacimiento de Jes\u00fas, ambas oraciones relatan \u2014desde la perspectiva de la experiencia de Jes\u00fas o de Mar\u00eda\u2014 los acontecimientos cronol\u00f3gicos de la pasi\u00f3n y muerte de Jes\u00fas, su resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n, la venida del Esp\u00edritu Santo y el juicio final anticipado. Luego, con la fuerza de todo este testimonio de la compasi\u00f3n de Dios hacia la humanidad, las oraciones ofrecen una oportunidad abierta para exponer la necesidad o petici\u00f3n particular para la que ahora se busca la ayuda especial de Dios. Aqu\u00ed Catalina rezaba por el bienestar espiritual y temporal del Instituto, por las mujeres que pudieran elegir entrar en las Hermanas de la Misericordia, y por la uni\u00f3n y la caridad dentro de la comunidad. En el Manuscrito de Limerick, Mary Vincent Harnett se\u00f1ala que, durante todo el mes de septiembre, en el que se celebra la fiesta patronal del Instituto de Nuestra Se\u00f1ora de la Misericordia, Catalina \u00abrezaba en el coro la Oraci\u00f3n de Treinta D\u00edas en honor de la Sant\u00edsima Virgen por el bienestar espiritual y temporal del Instituto\u00bb.<sup>18<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>La pasi\u00f3n de Jesucristo constituye el contenido principal de las dos Oraciones de Treinta D\u00edas. Este \u00e9nfasis se corresponde con la intensa reverencia y compasi\u00f3n por los sufrimientos redentores de Jes\u00fas que marcaron tanto la espiritualidad personal de Catalina como su ministerio con las personas que sufr\u00edan. Su devoci\u00f3n a la Pasi\u00f3n de Jes\u00fas no era estacional, sino diaria, aunque tal contemplaci\u00f3n le pasara una pesada factura. En los Anales de Bermondsey, Clare Moore dice: \u00abMeditaba con sincera atenci\u00f3n los grandes misterios de la Fe, y sintiendo con tanta sensatez los sufrimientos de sus semejantes, su compasi\u00f3n por los que soportaba nuestro Bendito Se\u00f1or era extrema, tanto que era un verdadero dolor para \u00e9l, como una vez le dijo a una hermana en confianza, meditar sobre ese tema\u00bb.<sup>19<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Pero, al igual que Teresa de \u00c1vila, a quien admiraba, Catalina cre\u00eda en la importancia crucial para la aut\u00e9ntica vida cristiana de la meditaci\u00f3n sobre los relatos evang\u00e9licos de la vida y muerte humanas de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>Las antiguas pr\u00e1cticas comunitarias de la Misericordia de honrar la Pasi\u00f3n de Jesucristo de rodillas a las tres de la tarde del viernes y de asistir de pie a la comida ligera de gachas del Viernes Santo surgieron de la profunda reverencia de Catalina por los sufrimientos finales de Jes\u00fas. En su biograf\u00eda de Catalina publicada en 1864, Mary Vincent Harnett, que hab\u00eda vivido con Catalina en la calle Baggot, dice de ella acerca del Viernes Santo:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Aquel d\u00eda se absten\u00eda por completo de comer, aunque sol\u00eda permanecer en el refectorio a veces, como si participara de la colaci\u00f3n ligera que hab\u00eda prescrito para las hermanas, y que toman de pie, retirados los asientos seg\u00fan la costumbre que ella estableci\u00f3. No pod\u00eda soportar que apareciera una comida normal en el aniversario de la muerte de nuestro querido Se\u00f1or, ni que se cocinara nada en el establecimiento ese d\u00eda.<sup>20<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los Salmos Penitenciales<\/h2>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, entre las oraciones \u00abfavoritas\u00bb de Catalina est\u00e1n los salmos penitenciales, los antiguos salmos cl\u00e1sicos de arrepentimiento por el pecado y de apelaci\u00f3n confiada a la misericordia de Dios. Al menos desde el siglo VI, los salmos penitenciales se han identificado como siete: en la numeraci\u00f3n Vulgata que Catalina habr\u00eda utilizado son los salmos 6, 31, 37, 50, 101, 129 y 142. La larga tradici\u00f3n de rezar diariamente el \u00abDe profundis\u00bb (Salmo 130) en todas las comunidades de Hermanas de la Misericordia \u2014\u00abDesde lo m\u00e1s profundo te invoco, Se\u00f1or, \u00a1Se\u00f1or, oye mi voz!\u00bb \u2014 seguramente evolucion\u00f3 a partir de la devoci\u00f3n de Catalina a estos siete salmos, al igual que la frecuente oraci\u00f3n comunitaria del <em>Miserere<\/em> (Salmo 51). La principal ayuda de Catalina para comprender estos salmos era la <em>Par\u00e1frasis devota de los Siete Salmos Penitenciales: o Una gu\u00eda pr\u00e1ctica para el arrepentimiento<\/em> de Francis Blyth.<sup>21<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>El peque\u00f1o libro de Blyth contiene los textos completos de los siete salmos, acompa\u00f1ados al pie de cada p\u00e1gina por amplificaciones del significado de cada vers\u00edculo. El tono de su volumen es misericordioso, centr\u00e1ndose en el amor misericordioso de Dios que se promete a quienes reconocen su verdadera dependencia de la bondad de Dios. La \u00abpenitencia\u00bb de estos salmos no es el llamado \u00absentimiento de culpa\u00bb, temido y rechazado por muchos estudiosos actuales de la vida espiritual, sino m\u00e1s bien el reconocimiento sincero y pac\u00edfico de los santos de su necesidad radical del perd\u00f3n de Dios, de que Dios colme redentoramente la brecha entre su manchada virtud humana y la limpia santidad de Dios. Este tipo de penitencia daba serenidad y coraje al coraz\u00f3n de Catalina McAuley, la impulsaba silenciosamente por las calles de Dubl\u00edn y le permit\u00eda sentir el dolor m\u00e1s profundo de los que visitaba y serv\u00eda. A menudo ella habr\u00eda orado: \u00abCrea en m\u00ed, Dios m\u00edo, un coraz\u00f3n puro, y renueva la firmeza de mi esp\u00edritu&#8230; mi sacrificio es un esp\u00edritu contrito, t\u00fa no desprecias el coraz\u00f3n contrito y humillado\u00bb (Ps 51,&nbsp;10, 17), los mismos vers\u00edculos del salmo que Teresa de \u00c1vila or\u00f3 cuando estaba muriendo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los principios de Catalina<\/h2>\n\n\n\n<p>En la oraci\u00f3n personal y comunitaria, Catalina McAuley parece haber favorecido tres principios: la sencillez del lenguaje, la moderaci\u00f3n en la elecci\u00f3n de las oraciones comunitarias y la subordinaci\u00f3n de la oraci\u00f3n a las obras de misericordia. Sus contempor\u00e1neos eran muy conscientes de su incomodidad con el lenguaje \u00abaltisonante\u00bb. En los Anales de Bermondsey, Clare Moore escribe:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Amaba singularmente la sencillez en los dem\u00e1s, y ella misma la practicaba, diciendo a las hermanas que adoptaran un estilo sencillo de hablar y escribir&#8230; Incluso en la piedad le disgustaban las aspiraciones o frases altisonantes, y a una novicia que estaba escribiendo algo muy exaltado en ese sentido, le observ\u00f3 cu\u00e1nto m\u00e1s adecuadas ser\u00edan esas sencillas frases que se usan en las oraciones ordinarias, y luego sugiri\u00f3 como favorita suya: \u00abMortifica en m\u00ed, querido Jes\u00fas, todo lo que te desagrada, y hazme seg\u00fan el deseo de tu coraz\u00f3n\u00bb.<sup>22<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Clare Augustine Moore, que viv\u00eda en la calle Baggot en tiempos de Catalina, cuenta una instructiva historia sobre la moderaci\u00f3n de Catalina en la elecci\u00f3n de las oraciones comunitarias. Ella describe el uso que Catalina hac\u00eda de ciertas oraciones en \u00abEl alma unida a Jes\u00fas\u00bb, de Ursula Young, OSU:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Le encantaba rezar ante el Sant\u00edsimo Sacramento y, al descubrir que en Carlow utilizaban despu\u00e9s de las oraciones del mediod\u00eda una de las bellas \u00abEfusiones de amor\u00bb del final de \u00abEl alma unida a Jes\u00fas\u00bb, le gustaron tanto que empez\u00f3 a utilizarlas ella misma. Sin embargo, al cabo de un mes, dej\u00f3 de tener esta devoci\u00f3n y cuando le pregunt\u00e9 por qu\u00e9, me dijo que, si ella misma a\u00f1ad\u00eda oraciones, una sucesora muy devota a\u00f1adir\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s hasta que, especialmente en los conventos pobres, las hermanas ser\u00edan incapaces de cumplir con los deberes del Instituto&#8230; Aun as\u00ed, me dijo que ella misma utilizar\u00eda siempre esas oraciones y me aconsej\u00f3 que hiciera lo mismo.<sup>23<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Las breves \u00abEfusiones de amor\u00bb en la parte posterior del libro de oraciones de Ursula Young tienen el ardor, el celo, la humildad y la confianza que deben haber caracterizado la oraci\u00f3n personal de Catalina. Podemos imaginarnos por qu\u00e9 al principio quer\u00eda que su comunidad rezara junta estas oraciones, pero tambi\u00e9n podemos admirar su moderaci\u00f3n al no a\u00f1adir nada a las oraciones comunitarias prescritas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues Catalina siempre consider\u00f3 los tiempos espec\u00edficos de oraci\u00f3n, tanto personal como comunitaria, como subordinados a las exigencias de las obras de misericordia. Aunque no pretend\u00eda que las hermanas se excusaran casualmente de los tiempos propuestos para la oraci\u00f3n, insisti\u00f3, especialmente en su ensayo sobre el \u00abEsp\u00edritu del Instituto\u00bb, que en una congregaci\u00f3n religiosa como las Hermanas de la Misericordia, y en la orden pr\u00e1ctica, los \u00abdeberes\u00bb de la Misericordia tienen una prioridad religiosa primordial:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Debemos, pues, tener en cuenta que nuestra perfecci\u00f3n y m\u00e9rito consiste en cumplir bien estos deberes, de modo que, aunque el esp\u00edritu de oraci\u00f3n y retiro nos sea muy querido, nunca nos retraiga de estas obras de misericordia, pues, de lo contrario, deber\u00eda considerarse como una tentaci\u00f3n y no como el efecto de una piedad sincera. Ser\u00eda un artificio del enemigo, que&#8230; se esforzar\u00eda por apartarnos de nuestra vocaci\u00f3n bajo el pretexto de trabajar por nuestro progreso personal.<sup>24<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Al contrario, Catalina cre\u00eda que la oraci\u00f3n era la sierva constante del ministerio:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>\u00abDebemos entregarnos a la oraci\u00f3n con el verdadero esp\u00edritu de nuestra vocaci\u00f3n, para obtener nuevo vigor, celo y fervor en el ejercicio de nuestro estado\u00bb.<sup>25<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Los momentos de oraci\u00f3n personal o comunitaria simplemente reun\u00edan para explicitar la concentraci\u00f3n la oraci\u00f3n contemplativa continua que, por necesidad, siempre acompa\u00f1aba a las obras de misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p>Dada la naturaleza, las dificultades, los contextos y los objetivos de las obras de misericordia, si realmente eran obras de la misericordia de Dios, estas obras no pod\u00edan, en su opini\u00f3n, ser realizadas m\u00e1s que por una persona que avanzara en actitud de oraci\u00f3n, confiando en la gu\u00eda y la ayuda de Dios. Por lo tanto, Catalina cre\u00eda: \u00ablas obras de misericordia corporales y espirituales, que sacan a religiosas\/os de una vida de contemplaci\u00f3n, lejos de separarles del amor de Dios, les unen m\u00e1s estrechamente a \u00c9l y les hacen m\u00e1s valiosas\/os en su santo servicio\u00bb.<sup>26<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Las oraciones \u00abfavoritas\u00bb de Catalina McAuley son fieles a estos principios. El lenguaje, aunque a veces arcaico para los est\u00e1ndares actuales, no es recargado ni hiperb\u00f3lico; y los conceptos teol\u00f3gicos, aunque a veces necesiten matices actuales, son de hecho elementos principales de la fe cristiana y de la relaci\u00f3n con Dios. En segundo lugar, las oraciones son pocas en n\u00famero; y no se utilizaban todas simult\u00e1neamente como oraciones comunitarias: se utilizaban ocasionalmente, quiz\u00e1 incluso con frecuencia, para expresar las necesidades y esperanzas especiales de las comunidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, por \u00faltimo, todas estas oraciones son b\u00edblicas y apost\u00f3licas en su lenguaje y perspectiva: se centran en la revelaci\u00f3n de la misericordia de Dios y en la vida y misi\u00f3n misericordiosas de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Oraciones comunitarias de las Hermanas de la Misericordia<\/h2>\n\n\n\n<p>La nueva Oraci\u00f3n de la Ma\u00f1ana y de la Tarde de las Hermanas de la Misericordia se completar\u00e1, con el tiempo, con un peque\u00f1o volumen titulado provisionalmente \u00abRezando en el Esp\u00edritu de Catalina McAuley\u00bb. Este volumen contendr\u00e1, adem\u00e1s de otras oraciones de la tradici\u00f3n de la Misericordia, adaptaciones del \u00abSalterio de Jes\u00fas\u00bb, las \u00abOraciones de Treinta D\u00edas\u00bb y la \u00abOraci\u00f3n universal por todas las cosas necesarias para la salvaci\u00f3n\u00bb, as\u00ed como los textos originales de estas oraciones, tal y como Catalina las habr\u00eda rezado, y una invitaci\u00f3n a desarrollar las propias adaptaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>El deseo de rezar seg\u00fan el esp\u00edritu de Catalina McAuley, ya sea un deseo personal o comunitario, no es un intento sentimental de recrear un tiempo y un lugar, teol\u00f3gicos pasados, o de imitar a la propia fundadora de alguna manera superficial. Es m\u00e1s bien un deseo nacido de la docilidad: una disposici\u00f3n confiada a ser ense\u00f1ada de nuevo por la mujer que, de un modo singular, m\u00e1s profundamente comprende y aprecia a las Hermanas de la Misericordia y a sus asociadas y asociados.<\/p>\n\n\n\n<p>Las Hermanas de la Misericordia no han multiplicado las oraciones comunitarias en los \u00faltimos a\u00f1os. La necesidad reconocida de los dos vol\u00famenes mencionados anteriormente es prueba de ello. Adem\u00e1s, la antigua y fuerte oraci\u00f3n petitoria del Instituto, \u2014el grito prof\u00e9tico comunitario de las mujeres de la Misericordia de todo el mundo comprometidas con las obras de misericordia y el reinado de la justicia de Dios\u2014, puede parecer ahora m\u00e1s muda al mundo de lo que realmente es, por falta de una oraci\u00f3n espec\u00edfica rezada en com\u00fan. La renovaci\u00f3n continua de nuestra vida de oraci\u00f3n comunitaria visible y audible tendr\u00e1 muchas facetas. Tal vez un peque\u00f1o elemento de esta renovaci\u00f3n sea un regreso d\u00f3cil a las oraciones que Catalina McAuley rez\u00f3, o a ligeras adaptaciones de ellas que conservan su intenci\u00f3n al tiempo que modifican su vocabulario.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto si nos arrodillamos con Catalina a la luz de la luna por la ma\u00f1ana temprano, junto al lecho de las graves enfermedades del mundo o en las oscuras capillas de la noche, ella apoyar\u00e1 nuestra oraci\u00f3n personal y comunitaria con el mismo ardor con el que una vez alent\u00f3 nuestra renovaci\u00f3n de votos:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>\u00abCuando hacemos nuestros votos por primera vez, no es de extra\u00f1ar que nos sintamos ansiosas y los pronunciemos con voz t\u00edmida y vacilante, pues a\u00fan no conocemos en toda su extensi\u00f3n la infinita bondad de Aquel a quien nos comprometemos para siempre; pero cuando los renovamos, debe ser con el tono de alegr\u00eda y confianza que nos inspira la experiencia de sus crecientes misericordias\u00bb. Este sentimiento se percib\u00eda f\u00e1cilmente en su manera de leer el \u00abActo de renovaci\u00f3n\u00bb, y tambi\u00e9n en la forma alegre en que repet\u00eda despu\u00e9s el habitual <em>Te Deum<\/em>.<sup>27<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Notas<\/h3>\n\n\n\n<p>1 De Mary Clare Moore a Mary Clare Augustine Moore, 23 de agosto de 1844, en \u00abMary C. Sullivan, Catherine McAuley and the Tradition of Mercy\u00bb (Notre Dame: University of Notre Dame Press, 1995) p. 85.<\/p>\n\n\n\n<p>2 Mary Clare Moore, \u00abAnales de Bermondsey\u00bb, en Sullivan, p. 112.<\/p>\n\n\n\n<p>3 Ib\u00eddem, p. 116.<\/p>\n\n\n\n<p>4 De Mary Clare Moore a Clare Augustine Moore, 1 de septiembre de 1844, en Sullivan, p. 92.<\/p>\n\n\n\n<p>5 \u00abManuscrito de Limerick\u00bb, en Sullivan, p. 174.<\/p>\n\n\n\n<p>6 \u00abA Little Book of Practical Sayings, Advices and Prayers of our Revered Foundress Mother Mary Catharine [sic] McAuley\u00bb [\u00abUn peque\u00f1o libro de dichos pr\u00e1cticos, consejos y oraciones de nuestra venerada fundadora, la madre Mar\u00eda Catalina [sic] McAuley\u00bb], ed. Mary Clare Moore (Londres) Burns, Oates, 1868) pp. 34-35.<\/p>\n\n\n\n<p>7 \u00abAnales de Bermondsey\u00bb, en Sullivan, p. 116.<\/p>\n\n\n\n<p>8 De Mary Clare Moore a Clare Augustine Moore, 1\u00ba de septiembre de 1844, en Sullivan, p. 92.<\/p>\n\n\n\n<p>9 Mary Vincent Harnett, \u00abManuscrito de Limerick\u00bb, en Sullivan, p. 140.<\/p>\n\n\n\n<p>10 Clare Augustine Moore, \u00abUna memoria\u00bb, en Sullivan, p. 201.<\/p>\n\n\n\n<p>11 De Catalina McAuley a Frances Warde, 25 de octubre de 1838, en \u00abLas Cartas de Catalina McAuley\u00bb, ed. Mary Ignatia Neumann (Baltimore: Helicon, 1969) p. 117.<\/p>\n\n\n\n<p>12 De Catalina McAuley a Mary Cecilia Marmion, 6 de abril de 1841, en Neumann, ed., p. 276.<\/p>\n\n\n\n<p>13 \u00abEl salterio de Jes\u00fas\u00bb, en \u00abThe Christian&#8217;s Guide to Heaven\u00bb [\u00abGu\u00eda del cielo para el cristiano\u00bb], o \u00abA Manual of Catholic Piety\u00bb [\u00abManual de piedad cat\u00f3lica\u00bb], ed. William A. Gahan, O.S.A. (Agra: Agra Press, 1834) p. 92. Hubo, por supuesto, ediciones irlandesas anteriores del libro de oraciones de Gahan, incluida una publicada por T. M\u2019Donnel en Dubl\u00edn en 1804 con el subt\u00edtulo \u00abA Complete Manual of Catholic Piety\u00bb [\u00abManual completo de piedad cat\u00f3lica\u00bb], pero los ejemplares de biblioteca de estos son muy raros y no est\u00e1 permitido fotocopiar sus p\u00e1ginas. \u00abEl Salterio de Jes\u00fas\u00bb est\u00e1 en las p\u00e1ginas 92-105 de la edici\u00f3n de 1834.<\/p>\n\n\n\n<p>14 \u00abAnales de Tullamore\u00bb, en Sullivan, pp. 66-67.<\/p>\n\n\n\n<p>15 De Mary Clare Moore a Clare Augustine Moore, 1 de septiembre de 1844, en Sullivan, p. 93.<\/p>\n\n\n\n<p>16 \u00abAnales de Bermondsey\u00bb, en Sullivan, p. 116.<\/p>\n\n\n\n<p>17 De Catalina McAuley a Frances Warde, 30 de junio de 1840, en Neumann, ed., p. 219.<\/p>\n\n\n\n<p>18 \u00abManuscrito de Limerick\u00bb, en Sullivan, 182. Los textos completos de las dos \u00abOraciones de Treinta D\u00edas\u00bb figuran, por ejemplo, en \u00abThe Golden Manual: 01; Guide to Catholic Devotion, Public and Private\u00bb [\u00abEl manual de oro: 01; Gu\u00eda a la devoci\u00f3n cat\u00f3lica: p\u00fablica y privada\u00bb] (Londres: Burns &amp; Lambert, n.d.) pp. 438-44.<\/p>\n\n\n\n<p>19 \u00abAnales de Bermondsey\u00bb, en Sullivan, p. 117.<\/p>\n\n\n\n<p>20 [Mary Vincent Harnett], \u00abThe Life of Rev. Mother Catherine McAuley\u00bb, ed. Richard Baptist O\u2019Brien (Dubl\u00edn: John F. Fowler, 1864) p. 113.<\/p>\n\n\n\n<p>21 La s\u00e9ptima edici\u00f3n de este libro fue publicada en Dubl\u00edn por The Catholic Book Society en 1835, pero es de suponer que Catalina ten\u00eda una edici\u00f3n anterior. Dado que Blyth (\u00bf1705?-1772) era carmelita, es posible que recibiera una copia de una de sus amigas carmelitas de Dubl\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>22 \u00abAnales de Bermondsey\u00bb, en Sullivan, p. 111.<\/p>\n\n\n\n<p>23 Clare Augustine Moore, \u00abUna memoria\u00bb, en Sullivan, p. 213.<\/p>\n\n\n\n<p>24 Catalina McAuley, \u00abEsp\u00edritu del Instituto\u00bb, en Neumann, ed., p. 389. Catalina depende aqu\u00ed del tratado de Alonso Rodr\u00edguez (1526-1616), \u00abDel fin e instituci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas\u00bb, en su obra La pr\u00e1ctica de la perfecci\u00f3n cristiana y religiosa, vol. 3, publicado en traducci\u00f3n inglesa en Kilkenny, Irlanda, en 1806. Catalina transcribi\u00f3 su ensayo, muy abreviado, de esta fuente. Consultar mi \u00abCatherine McAuley\u2019s Theological and Literary Debt to Alonso Rodriguez: The \u2018Spirit of the Institute\u2019 Parallels\u00bb [\u00abLa deuda teol\u00f3gica y literaria de Catalina McAuley a Alonso Rodr\u00edguez: los paralelismos de \u2018Esp\u00edritu del Instituto\u2019\u00bb], \u00abRecusant History\u00bb, n\u00fam. 20 (mayo de 1990) pp. 81-105.<\/p>\n\n\n\n<p>25 Ib\u00eddem, p. 389.<\/p>\n\n\n\n<p>26 Ib\u00eddem, p. 387.<\/p>\n\n\n\n<p>27 \u00abManuscrito de Limerick\u00bb, en Sullivan, p. 183.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-pale-cyan-blue-background-color has-background\">Publicado originalmente en ingl\u00e9s en\u00a0<em>The MAST Journal\u00a0<\/em>Volumen 8 N\u00famero 3 (1998).\u00a0<\/p>\n<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-article pdfprnt-bottom-right\"><a href=\"https:\/\/themastjournal.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/article\/423?print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><span class=\"pdfprnt-button-title pdfprnt-button-pdf-title\">Print or Save as PDF<\/span><\/a><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si deseamos entrar profundamente en la oraci\u00f3n de Catalina McAuley, como lugar donde ella y Cristo pueden ense\u00f1arnos, podemos entrar en las escenas ordinarias de su oraci\u00f3n que nos han sido registradas por quienes vivieron con ella.<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":314,"template":"","categories":[65,68,69,79],"volume_number":[76],"ppma_author":[110],"class_list":["post-423","article","type-article","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-carisma-de-la-misericordia","category-escritura","category-praxis-teologica","category-santos-y-personas-santas-es","volume_number-v30-n1-es","author-marysullivan-es"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - 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