{"id":422,"date":"2025-05-15T00:38:45","date_gmt":"2025-05-15T04:38:45","guid":{"rendered":"https:\/\/themastjournal.org\/?post_type=article&#038;p=422"},"modified":"2025-05-23T09:38:27","modified_gmt":"2025-05-23T13:38:27","slug":"meditacion-sobre-la-expresion-simbolica-de-las-hermanas-de-la-misericordia-es","status":"publish","type":"article","link":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/meditacion-sobre-la-expresion-simbolica-de-las-hermanas-de-la-misericordia-es\/","title":{"rendered":"Meditaci\u00f3n sobre la expresi\u00f3n simb\u00f3lica de las Hermanas de la Misericordia"},"content":{"rendered":"\n<p>La historia de las Hermanas de la Misericordia es una historia de radiantes s\u00edmbolos p\u00fablicos: personas vivas, objetos, acontecimientos y acciones que, por su car\u00e1cter simb\u00f3lico y su presencia, proclaman la perdurable y misericordiosa misericordia de Dios. Algunos de estos s\u00edmbolos han permanecido constantes en su vitalidad durante 170 a\u00f1os; otros han evolucionado hacia nuevas formas simb\u00f3licas; otros han sido recuperados recientemente del pasado; y otros esperan evoluci\u00f3n o recuperaci\u00f3n. Algunos son oralmente mudos, pero tienen voz. Todos tienen el potencial agraciado de dar expresi\u00f3n p\u00fablica a los misterios centrales de Dios y, en ese contexto, a la realidad pretendida de nuestras vidas como Hermanas de la Misericordia. Nuestro propio nombre \u2014\u00abde la Misericordia\u00bb\u2014 es un s\u00edmbolo de ello.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Una expresi\u00f3n figurada de la promesa de Dios<\/h2>\n\n\n\n<p>Como instituto religioso, nuestro prop\u00f3sito eclesial anunciado es ser la poes\u00eda y la profec\u00eda de los misterios de Dios: ser una met\u00e1fora sostenida del Evangelio, un s\u00edmil perdurable del reino de Dios, un s\u00edmbolo perdurable del amor y la misericordia sin l\u00edmites de Dios. Nuestro prop\u00f3sito comunitario es, pues, ser una expresi\u00f3n p\u00fablica y figurada de la promesa de Dios de consolar y confortar a nuestros hermanos y hermanas de este mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 sea una medida de nuestra reciente pobreza colectiva de simbolizaci\u00f3n imaginativa que, cuando nosotras y nuestros colegas en la Iglesia reflexionamos sobre los s\u00edmbolos de la vida religiosa, pensemos primero, y quiz\u00e1 s\u00f3lo, en los h\u00e1bitos religiosos que la mayor\u00eda de nosotras ya no llevamos. Durante m\u00e1s de un siglo, nuestros h\u00e1bitos religiosos de la Misericordia hablaron elocuentemente a algunas personas, y en algunos lugares puede que sigan hablando elocuentemente. Pero el vestido negro, la cofia y el velo de anta\u00f1o no eran ni siquiera entonces la \u00fanica ni la m\u00e1s resonante de nuestras expresiones simb\u00f3licas en la esfera p\u00fablica. Nuestros h\u00e1bitos ten\u00edan, es cierto, la preciosa cualidad de la visibilidad p\u00fablica, pero por s\u00ed mismos no eran en el pasado, y no pueden serlo ahora, una expresi\u00f3n simb\u00f3lica completa o una declaraci\u00f3n inequ\u00edvoca de las realidades de la presencia de Dios o de los significados m\u00e1s profundos de nuestras vidas como Hermanas de la Misericordia. Pero, \u00bfqu\u00e9 s\u00edmbolos han sustituido o sustituir\u00e1n a nuestros h\u00e1bitos religiosos?<\/p>\n\n\n\n<p>La tarea que tenemos ante nosotras ahora, en v\u00edsperas de los pr\u00f3ximos 170 a\u00f1os de nuestra vida corporativa, es la renovaci\u00f3n de la creaci\u00f3n de s\u00edmbolos y el ofrecimiento de s\u00edmbolos. Nuestra tarea actual es descubrir, recuperar, hacer, rehacer, crear y luego pronunciar de manera audible, visible y tangible los s\u00edmbolos reci\u00e9n radiantes de las realidades inaudibles, invisibles e intangibles de nuestro prop\u00f3sito y significado como Hermanas de la Misericordia, ya sea que estos s\u00edmbolos frescos y vitales resulten ser \u00abviejos\u00bb o \u00abnuevos\u00bb, y ya sean s\u00edmbolos ling\u00fc\u00edsticos (como \u00abde la Misericordia\u00bb en nuestro nombre) o s\u00edmbolos no ling\u00fc\u00edsticos (como el car\u00e1cter y la ubicaci\u00f3n de los lugares donde vivimos).<\/p>\n\n\n\n<p>Los verdaderos s\u00edmbolos cristianos son encarnaciones coherentes, expresivas y sensiblemente v\u00edvidas de los significados de Dios en este mundo: son sacramentales iluminadores de los actos y compromisos de gracia de Dios. Jes\u00fas de Nazaret fue en su vida terrenal, muerte y resurrecci\u00f3n, y es ahora como el Cristo, el s\u00edmbolo absoluto de Dios, el \u00fanico s\u00edmbolo completamente rendido de la redenci\u00f3n incondicional y misericordiosa de Dios de toda la creaci\u00f3n. Pero estamos llamadas a seguir a Jes\u00fas en esa misi\u00f3n simbolizadora, aunque sea fragmentaria y parcialmente, en total dependencia de los suspiros y gemidos del Esp\u00edritu de Dios.<sup>1<\/sup><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Las expresiones simb\u00f3licas de Catalina McAuley y nuestras Madres de la Misericordia<\/h2>\n\n\n\n<p>No es una tarea nueva para nosotras. Desde el principio, Catalina McAuley y las primeras Hermanas de la Misericordia fueron ellas mismas expresiones simb\u00f3licas de Dios, y crearon expresiones simb\u00f3licas de la presencia misericordiosa de Dios entre el pueblo de Dios. El resplandor de la vida misma de Catalina en su propio tiempo, as\u00ed como el v\u00edvido recuerdo de su vida que a\u00fan irradia entre nosotras, constituye uno de los s\u00edmbolos m\u00e1s llenos de sentido y perdurables de la vida y misi\u00f3n de las Hermanas de la Misericordia. La historia tantas veces contada de Catalina McAuley sigue hablando en nuestro mundo, sigue llamando, sigue invitando, sigue declarando prof\u00e9ticamente los deseos de Dios y la realidad pretendida por sus seguidores. Su vida p\u00fablica fue un s\u00edmbolo cristiano en la d\u00e9cada de 1830, y el recuerdo de su vida sigue siendo un s\u00edmbolo inagotable para quienes se encuentran con su historia y se conmueven por su luminosa generosidad. La propia historia de su vida se ha convertido en un sacramental, y su propio nombre simboliza ahora tanto la presencia misericordiosa de Dios en el mundo como las aspiraciones de sus disc\u00edpulas\/os.<\/p>\n\n\n\n<p>La Casa de la Misericordia que Catalina construy\u00f3 en la calle Baggot, su tumba en el Centro Internacional de la Misericordia, su anillo de plata, sus retratos y estatuas: todas estas realidades tangibles son una voz silenciosa, pero p\u00fablica, para quienes las encuentran. Hablan de una vida humana entregada con valent\u00eda y alegr\u00eda al misterioso llamado y promesa de Dios. Los relatos de su capa, su reclinatorio, sus zapatos gastados, la habitaci\u00f3n en la que muri\u00f3, la vela que sosten\u00eda mientras yac\u00eda moribunda y la buena taza de t\u00e9 que ofreci\u00f3 para nuestra comodidad: todos estos objetos perceptibles se han convertido en s\u00edmbolos de la presencia de Dios en su vida y en nuestra vida comunitaria como sus seguidoras\/es.<\/p>\n\n\n\n<p>Un s\u00edmbolo vivo es algo que representa o sugiere otra cosa por raz\u00f3n de una relaci\u00f3n o asociaci\u00f3n \u00edntima. Algunos s\u00edmbolos, mejor llamados signos, son s\u00f3lo accidentales o meramente convencionales, meras cifras superficiales ideadas para se\u00f1alar alguna realidad, pero no para representarla de forma existencial. Los sem\u00e1foros rojos, amarillos y verdes son se\u00f1ales de este tipo que hay que tomarse en serio, por supuesto, pero que no se experimentan como transmisoras del yo \u00edntimo de quien las hace.<\/p>\n\n\n\n<p>Los verdaderos s\u00edmbolos son expresiones \u00edntimas de la realidad interior del simbolizador y, por tanto, son inagotables: siempre hay algo m\u00e1s de lo que expresan. Y el \u00abm\u00e1s\u00bb de los s\u00edmbolos verdaderamente religiosos, por muy humanos y finitos que parezcan, son siempre los misterios ocultos de la voz y presencia de Dios en uni\u00f3n con la realidad humana del simbolizador. Tales s\u00edmbolos hablan sin hablar y revelan lo que no se dice. En ell\u043e o\u00edmos lo que no se dice, tocamos lo intangible y vemos lo invisible. Los sacramentos cristianos son tales s\u00edmbolos de la actividad redentora de Dios y de la esperanza inalterable que la actividad de Dios en la Cruz ha efectuado.<\/p>\n\n\n\n<p>La simple presencia corporal de las Hermanas de la Misericordia en el hospital de la c\u00f3lera de Galway en 1849, y en las camas de los soldados heridos en Turqu\u00eda y la Pen\u00ednsula de Crimea durante la Guerra de Crimea; la mera presencia f\u00edsica de las Hermanas de la Misericordia en la puerta de la Escuela de las Am\u00e9ricas, y en Honduras durante el hurac\u00e1n Mitch; la presencia perceptible de las Hermanas de la Misericordia en las Naciones Unidas, en los hospitales y en todo tipo de lugares donde sufren personas reales: \u00bfno son todas estas presencias corporales s\u00edmbolos radiantes de realidades divinas m\u00e1s grandes, m\u00e1s all\u00e1 de los escasos, pero simb\u00f3licamente luminosos hechos de su presencia?<\/p>\n\n\n\n<p>Ya sea el anillo de plata que llevamos en el dedo, la Cruz de la Misericordia que portamos, los gestos de nuestros brazos y manos, los lugares que elegimos para caminar o estar de pie, las acciones que realizamos, las nuevas Laudes y V\u00edsperas que rezamos, las comidas comunitarias que compartimos, los votos que documentamos en nuestras manos al morir: \u00bfno son todos estos s\u00edmbolos silenciosos expresivos de nuestra confianza en la realidad del amor misericordioso de Dios por todas las personas y del reinado final de ese amor?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo son estos mismos edificios simb\u00f3licos de los misterios de Dios, sacramentales de la misericordia persistente de Dios y muestras visibles del amor infalible de Dios por toda la humanidad, los lugares f\u00edsicos que hemos creado y donde servimos (escuelas, hospitales, escaparates, universidades, refugios, cl\u00ednicas, centros de acogida, centros de oraci\u00f3n)?<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La visibilidad de la vida de la Misericordia<\/h2>\n\n\n\n<p>Muchos comentaristas han hablado de la reciente \u00abinvisibilidad\u00bb de la vida religiosa apost\u00f3lica. Puede que s\u00f3lo acierten parcialmente en su apreciaci\u00f3n. Pueden buscar h\u00e1bitos religiosos caminando por la calle o sentados en el autob\u00fas o arrodillados en fila en la iglesia. Pero tambi\u00e9n pueden estar se\u00f1alando un cierto anonimato, una cierta falta de identidad p\u00fablica, un cierto silencio sobre nosotras mismas, todas las cuales son las consecuencias humanamente comprensibles, aunque no necesarias o deseables, de los cambios en los \u00faltimos cuarenta a\u00f1os en la teolog\u00eda a menudo ambivalente de la Iglesia sobre nosotras, en el trato de la Iglesia sobre nosotras y en nuestra propia comprensi\u00f3n de lo esencial de nuestra forma de vida. Nuestra supuesta \u00abinvisibilidad\u00bb tambi\u00e9n ha sido de alguna manera una autoprotecci\u00f3n, un \u00abcubrirse para sanarse a una misma\u00bb, un respiro temporal de la colaboraci\u00f3n en la misi\u00f3n p\u00fablica de Jes\u00fas. Despu\u00e9s de todo, decimos, incluso Jes\u00fas \u00abse fue a las colinas\u00bb: \u00abDespu\u00e9s [de hacer despedir a la multitud], subi\u00f3 a la monta\u00f1a para orar a solas. Y al atardecer, todav\u00eda estaba all\u00ed, solo\u00bb (Mt 14,&nbsp;23).<\/p>\n\n\n\n<p>En su ensayo sobre \u00abVida comunitaria\u00bb: Doris Gottemoeller RSM, trata el problema de la invisibilidad como un subproducto de otras opciones.<sup>2<\/sup> Reconocer que la vida en comunidad puede ser \u00absigno especialmente elocuente de la comunidad eclesial, es decir, de la identidad fundamental de la Iglesia\u00bb, luego se\u00f1ala: \u00abPor supuesto, ser signo de algo implica una cierta visibilidad. Tenemos que preguntar: \u00bfHasta qu\u00e9 punto es visible nuestra experiencia de vida en comunidad? \u00bfQui\u00e9n sabe que las hermanas est\u00e1n presentes en un edificio de apartamentos, un barrio o una parroquia, y qu\u00e9 les dice?\u00bb.<sup>3<\/sup> La p\u00e9rdida de visibilidad del lugar, por ejemplo, no es poca cosa:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>en una \u00e9poca, la mayor\u00eda de las comunidades locales estaban asociadas a parroquias. El convento parroquial y las hermanas que all\u00ed resid\u00edan eran un s\u00edmbolo del rostro compasivo de la Iglesia, un centro de hospitalidad y ayuda en tiempos de necesidad, y un testimonio de la realidad de nuestro modo de vida. Hoy no existe un lugar com\u00fan en el que estemos presentes. Para quienes quieran saber m\u00e1s sobre nosotras, no hay ning\u00fan lugar donde \u00abbuscarnos\u00bb.<sup>4<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Gottemoeller concluye con una pregunta central y dif\u00edcil: \u00ab\u00bfC\u00f3mo da testimonio visiblemente nuestro modo de vida a la sencillez, el compartir comunitario, la oraci\u00f3n, el amor mutuo, el celo por el Evangelio?\u00bb.<sup>5<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>La soci\u00f3loga Patricia Wittberg, SC, plantea cuestiones similares sobre la necesidad de visibilidad a nivel congregacional: \u00abUna congregaci\u00f3n sin un objetivo claramente articulado, visible y colectivo no sobrevivir\u00e1 como grupo, aunque sus miembros puedan seguir prestando servicios valiosos como personas\u00bb.<sup>6<\/sup> Tampoco, argumenta Wittberg, puede un pu\u00f1ado de miembros llevar la \u00abvisibilidad\u00bb de todo el grupo: \u00abSi las religiosas van a ser las virtuosas cuyas vidas articulan una respuesta espiritual a las tensiones y discontinuidades m\u00e1s b\u00e1sicas de nuestra cultura, entonces tendr\u00e1 que haber un n\u00famero bastante grande de ellas. Un grupo peque\u00f1o sencillamente no es lo suficientemente visible como para tener el tipo de impacto social que ser\u00eda necesario\u00bb.<sup>7<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo cierto es que, aunque intent\u00e1ramos serlo, no podemos ser invisibles o inaudibles mientras estemos en el cuerpo. La cuesti\u00f3n es, m\u00e1s bien, c\u00f3mo seremos visibles, qu\u00e9 de nosotras dejaremos que sea audible, qu\u00e9 s\u00edmbolos de nosotras mismas expresaremos en nuestro espacio y tiempo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">S\u00edmbolos y realidades de Dios<\/h2>\n\n\n\n<p>Los s\u00edmbolos de nuestra vida funcionan como realidad simb\u00f3lica, tanto para nosotras mismas como para los dem\u00e1s. Nuestro propio yo est\u00e1 encarnado en ellos; son la continuaci\u00f3n de nuestra naturaleza corporal. Si estos s\u00edmbolos son verdaderos de nosotras y estamos realmente en ellos, con poca o ninguna distancia entre la apariencia y la realidad, expresan qui\u00e9nes y qu\u00e9 somos. Entonces pueden ser para nosotras recordatorios tangibles de nuestras convicciones e intenciones m\u00e1s profundas. Por tanto, tambi\u00e9n pueden ser para los dem\u00e1s un testimonio p\u00fablico de nuestra fe, amor y esperanza; de nuestro compromiso en la fe, el amor y la esperanza; y del Dios que es objeto y garante de nuestra fe, amor y esperanza. Nuestra realidad simb\u00f3lica es entonces nuestra propia autorrealizaci\u00f3n, expuesta en la esfera p\u00fablica para que otras personas la perciban y la consulten.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que nuestros s\u00edmbolos pueden expresar son las convicciones del Esp\u00edritu escondidas en nuestros corazones: la realidad de la presencia y trascendencia de Dios; la fidelidad y misericordia de Dios; la verdad de Jesucristo y el Evangelio; el poder indestructible de la compasi\u00f3n e inclusividad de Dios en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas; la esperanza, la alegr\u00eda y la resistencia de la promesa de Dios; y nuestro propio deseo y esfuerzo humano de vivir en la fuerza de estas realidades.<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos obligar a los dem\u00e1s a comprender y adoptar lo que dicen nuestros s\u00edmbolos. Solo el Esp\u00edritu de Dios puede inspirar a otros a explorar, experimentar y tal vez incluso comprender los sacramentales que somos, por la gracia de Dios. Pero nada de esta recepci\u00f3n puede ocurrir si no estamos \u00abah\u00ed fuera\u00bb de manera perceptible.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo, si pudi\u00e9ramos identificarnos normalmente como \u00abHermanas de la Misericordia\u00bb; si pudi\u00e9ramos llevar nuestra cruz de la Misericordia en p\u00fablico; si pudi\u00e9ramos hablar de Dios y de Cristo junto a la cama de los moribundos; si pudi\u00e9ramos levantarnos en situaciones de injusticia; si pudi\u00e9ramos inclinarnos en situaciones de gran sufrimiento; si pudi\u00e9ramos demostrar en todas las circunstancias la alegr\u00eda fundamental del amor de Dios por la humanidad; si pudi\u00e9ramos de alguna manera, simbolizar la compasi\u00f3n y la misericordia de Dios dondequiera que estemos; si pudi\u00e9ramos ser, de alguna manera, s\u00edmbolos corporales de lo que en realidad confiamos que somos: las amadas y redimidas de Dios, entonces podr\u00edamos a\u00fan m\u00e1s profundamente \u00abservir a pobres, enfermos y carentes de educaci\u00f3n\u00bb en su necesidad m\u00e1s profunda y solitaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Si nuestras comunidades pudieran, por su propia apariencia y car\u00e1cter, decir, incluso sin palabras, que somos \u00abcasas de misericordia\u00bb; si nuestras propiedades, art\u00edculos de papeler\u00eda y comunicados de prensa pudieran dar una pista perceptible de la naturaleza de la Vida que subyace a ellos; si pudi\u00e9ramos vernos y sonar como algo m\u00e1s profundo que las empresas corporativas o las asociaciones profesionales o las mujeres de carrera; si nuestra verdadera vida pudiera estar menos oculta al p\u00fablico, entonces podr\u00edamos esperar hacer por ellos m\u00e1s manifiestamente lo que nuestras Constituciones dicen que queremos hacer: \u00abseguir a Jesucristo en su compasi\u00f3n por los que sufren\u00bb (art. 2); \u00abproclamar el Evangelio a todas las naciones\u00bb (art. 3); \u00abtestimoniar la misi\u00f3n de Cristo\u00bb (art. 5); \u00abser testigos de la misericordia\u00bb (art. 8); \u00abcontemplar la Presencia Divina en nosotras, en otros y en el universo\u00bb (art. 9); \u00abdescubrir el movimiento de Dios en nosotras y en nuestro mundo\u00bb e \u00abinterceder por nosotras mismas y por otros\u00bb. (art. 10).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00abTener cierto parecido con Cristo\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p>Aunque no hablaba expl\u00edcitamente del car\u00e1cter simb\u00f3lico de nuestras vidas como Hermanas de la Misericordia, Catalina McAuley era consciente impl\u00edcitamente de la expresi\u00f3n no verbal de Dios que somos o podemos ser. El Manuscrito de Limerick, al hablar de sus instrucciones a las primeras Hermanas de la Misericordia, se\u00f1ala:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>su deseo de parecerse a nuestro Sant\u00edsimo Se\u00f1or, lo que era su resoluci\u00f3n diaria, y la lecci\u00f3n que repet\u00eda constantemente. \u00abEst\u00e9n siempre esforz\u00e1ndose\u00bb, dec\u00eda, \u00abpara hacerse como su Esposa Celestial; deben tratar de parecerse a \u00c9l al menos en una cosa, para que cualquier persona que las vea pueda recordar su vida santa en la tierra\u00bb.<sup>8<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Catalina pensaba claramente que nuestras vidas ten\u00edan el potencial de ser \u00abrecordatorios\u00bb simb\u00f3licos del gran misterio de la bondad de Dios, como se revela en la vida, muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. En el cap\u00edtulo de su Regla sobre \u00abUni\u00f3n y caridad\u00bb \u2014el cap\u00edtulo que representaba para ella la caracter\u00edstica p\u00fablica central de las comunidades de las Hermanas de la Misericordia\u2014 ella escribe:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Nuestro Querido Salvador desea que este amor mutuo sea tan perfecto que se asemeje en cierto modo al Amor y a la Uni\u00f3n que subsisten entre \u00c9l y su Padre Celestial, y con ello [quienes le siguen] deb\u00edan demostrar que eran realmente Sus disc\u00edpulas.<sup>9<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Aunque un s\u00edmbolo nunca es equivalente a la realidad espiritual que representa, puede haber suficiente semejanza con \u00e9l, un \u00abparecido\u00bb de alg\u00fan modo inconfundible, como para que la propia realidad sea de alg\u00fan modo se\u00f1alada e invocada. El genio espiritual de Catalina consisti\u00f3 en reconocer este potencial de enunciaci\u00f3n simbolizante y en instar a sus hermanas a cuidar deliberadamente la cualidad metaf\u00f3rica y el car\u00e1cter simb\u00f3lico de sus vidas. Nuestros cuerpos, las capacidades de nuestros cuerpos, y los gestos, silencios y extensiones materiales de nuestros cuerpos hablan, a su antojo, y el deseo de Catalina era que ese hablar tuviera \u00abalg\u00fan parecido\u00bb con el amor de Dios expresado en Jes\u00fas, con la fe que proclamamos y con la esperanza que es el mayor consuelo del mundo. Escribiendo a Elizabeth Moore el lunes de Pascua de 1841 se mostraba ansiosa de que<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Dios imparta sobre a todas nosotras alguna porci\u00f3n de esos preciosos dones y gracias que nuestro Querido Redentor ha comprado con Sus amargos sufrimientos, para que podamos esforzarnos por tratar de mostrar nuestro amor y gratitud asemej\u00e1ndonos a \u00c9l, copiando algunas de las lecciones que nos dio durante Su vida mortal, particularmente aquellas de Su pasi\u00f3n.<sup>10<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Tener \u00abcierta semejanza\u00bb con Jes\u00fas, y por tanto con el misterio central de Dios, es ser una verdadera disc\u00edpula y reconocer la vocaci\u00f3n simbolizadora de cada disc\u00edpula\/o. Es una expresi\u00f3n confesional, una declaraci\u00f3n de fe y confianza en la propia forma de vivir y actuar. La Iglesia, al menos en Occidente, nunca ha dado, que yo sepa, el t\u00edtulo de \u00abconfesora\u00bb a una mujer, habiendo reservado esta identificaci\u00f3n para los santos varones que no eran m\u00e1rtires, pero que llevaban \u00abtestimonio de la fe cristiana de palabra y de obra\u00bb.11 Sin embargo, las Hermanas de la Misericordia, al igual que otros cristianos, laicos y cl\u00e9rigos, est\u00e1n llamadas a ser \u00abconfesoras\u00bb, a dar \u00abraz\u00f3n de la esperanza que ustedes tienen\u00bb (1 Pedro 3,&nbsp;15), en palabras y, en ausencia de palabras, mediante formas, pr\u00e1cticas, acciones y gestos que \u00abse asemejan\u00bb (y, por lo tanto, evocan recuerdos de) los caminos de Dios. Y as\u00ed, en los s\u00edmbolos de nuestras vidas, invitamos a otros a \u00abno tene[r] puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno\u00bb (2 Cor 4,&nbsp;18).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El cuidado y la creaci\u00f3n de s\u00edmbolos<\/h2>\n\n\n\n<p>Los s\u00edmbolos no adquieren resplandor de significado a largo plazo a menos que est\u00e9n dotados de cierta permanencia temporal o cuasipermanencia, tanto en s\u00ed mismos como en su alusividad. No se puede \u00abdecidir\u00bb que hoy las margaritas representen la felicidad, pero que ma\u00f1ana representen la dependencia de Dios (a menos, claro est\u00e1, que haya una historia de significados multivalentes, incluidos \u00e9stos, asociados a las margaritas). Tampoco se puede \u00abdecidir\u00bb que ma\u00f1ana las violetas y no las margaritas representar\u00e1n la felicidad. Los s\u00edmbolos son como una piedra arrojada a un estanque: las ondas del significado seguir\u00e1n llegando durante mucho tiempo, pero siempre estar\u00e1n relacionadas con el impacto de la misma piedra. Por eso no debe abandonarse a la ligera una historia de significado simb\u00f3lico; lleva tiempo construir el significado de un s\u00edmbolo nuevo, mientras que el s\u00edmbolo \u00abantiguo\u00bb puede seguir siendo \u00abondulante\u00bb y luminoso.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo, puede que hayamos perdido, por abandono involuntario o deliberado, aunque quiz\u00e1 no de forma permanente, un poderoso s\u00edmbolo comunitario que mantuvo su significado en la mayor parte del mundo de la Misericordia durante al menos 130 a\u00f1os: cierta costumbre del Viernes Santo instituida por Catalina McAuley. La biograf\u00eda de Catalina en los Anales de Bermondsey nos dice:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Durante muchos a\u00f1os de su vida hab\u00eda ayunado el Viernes Santo sin tomar refresco alguno, hasta que se hizo religiosa, y entonces se ajust\u00f3 a la costumbre que estableci\u00f3 para las comunidades, de tomar un poco de pan y gachas de pie.<sup>12<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Este gesto comunitario de restricci\u00f3n solemne habl\u00f3 durante m\u00e1s de un siglo a las Hermanas de la Misericordia, y a\u00fan podr\u00eda hablarles a ellas y a sus amigas\/os, colaboradores de trabajo y empleadas\/os, sobre lo que significa decir que estamos \u00abfundadas en el Calvario. all\u00ed para servir a un Redentor crucificado\u00bb,<sup>13<\/sup> y que \u00absomos disc\u00edpulas de un Redentor crucificado\u00bb.<sup>14<\/sup> La reverencia por las horas del Viernes Santo del misterio pascual es necesaria para nuestra renovada realizaci\u00f3n de su culminaci\u00f3n totalmente gratuita en las realidades de Resurrecci\u00f3n-Ascensi\u00f3n-Pentecost\u00e9s. El s\u00edmbolo corporal de estar de pie mientras una come tiene asociaciones b\u00edblicas de larga data, y la elecci\u00f3n de esta costumbre por parte de Catalina refleja no solo su instinto sobre la necesidad de representaci\u00f3n corporal de lo que creemos, sino tambi\u00e9n su propia identificaci\u00f3n exquisita con el sufrimiento:<\/p>\n\n\n\n<p>Sintiendo con tanta sensatez los sufrimientos de sus semejantes, su compasi\u00f3n por los que soportaba nuestro Bendito Se\u00f1or era extrema, tanto que era un verdadero dolor para ella, como una vez le dijo a una hermana en confianza, meditar sobre ese tema.<sup>15<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Mi objetivo en este ensayo no es defender ning\u00fan s\u00edmbolo concreto de nuestras vidas como Hermanas de la Misericordia, sino plantear para nuestra meditaci\u00f3n comunitaria la verdad de que somos, como seres humanos y como cristianas, personas que reciben s\u00edmbolos, que crean s\u00edmbolos y que ofrecen s\u00edmbolos, cuya visibilidad p\u00fablica hablar\u00e1 de un modo u otro, lo pretendamos o no. De ah\u00ed nuestra gran necesidad de cuidar nuestro simbolismo para que sea verdaderamente emblem\u00e1tico de nuestros deseos y convicciones m\u00e1s profundos de fe, esperanza y amor.<\/p>\n\n\n\n<p>En los ensayos que siguen, sobre los Rituales de Acogida y Profesi\u00f3n de la Misericordia y sobre las Constituciones como s\u00edmbolo de la vida de la Misericordia, las autoras examinan en detalle dos s\u00edmbolos principales de nuestra forma de vida. Los gestos ceremoniales con los que simbolizamos nuestra decisi\u00f3n de convertirnos en Hermanas de la Misericordia, y el documento m\u00e1s solemne de nuestra vida precisamente como Hermanas de la Misericordia, el s\u00edmbolo que nos conforma y es conformado por nosotras: ambos son expresiones p\u00fablicas visibles, no s\u00f3lo en sus palabras, sino en su car\u00e1cter de acci\u00f3n y objeto simb\u00f3lico radiante.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El resplandor del buen ejemplo<\/h2>\n\n\n\n<p>Durante muchos a\u00f1os nos esforzamos por llevar una vida \u00aboculta\u00bb, creyendo o dici\u00e9ndonos que \u00e9sa era la mejor manera de servir a Dios y al Evangelio, y hay un sentido en el que esa convicci\u00f3n sigue siendo parcialmente cierta. La preferencia personal y la ense\u00f1anza de Catalina sin duda nacieron de su propia experiencia p\u00fablica muy arenosa: \u00abLes ense\u00f1\u00f3 a amar la vida oculta, trabajando en silencio solo para Dios; sent\u00eda una gran aversi\u00f3n por el ruido y la ostentaci\u00f3n en el cumplimiento de los deberes\u00bb.<sup>16<\/sup> Gran parte de nuestras vidas se purifican, sanan y profundizan en lo oculto, y hay un verdadero \u00abparecido\u00bb con Cristo en ese silencio y privacidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el estado actual de la humanidad y de la Iglesia, y los sufrimientos de las personas de este mundo y de la Tierra misma, ahora nos llaman a salir de lo oculto hacia la expresi\u00f3n y la visibilidad, hacia s\u00edmbolos claros y fuertes de identificaci\u00f3n, compasi\u00f3n, acci\u00f3n y defensa o, en palabras de Catalina, hacia el ejemplo. Catalina McAuley, se nos dice, ense\u00f1\u00f3 \u00abm\u00e1s por su ejemplo que por sus palabras\u00bb y sus lecciones siempre estaban respaldadas \u00abpor su propio ejemplo invariable\u00bb.<sup>17<\/sup> Ejemplificando lo que ella cre\u00eda que era su modo de simbolizar, ya que, como explic\u00f3, \u00abel buen ejemplo que damos al llevar una vida sant\u00edsima y cristiana tiene el mayor poder sobre las mentes de los dem\u00e1s\u00bb. Por lo tanto \u00abdebemos primero hacer nosotras lo que queremos que los dem\u00e1s hagan. Es ya sabido que el camino a la virtud y a la piedad es m\u00e1s corto por el ejemplo que por el mandato\u00bb.<sup>18<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando colgamos la Declaraci\u00f3n de Direcci\u00f3n del Instituto en nuestras aulas; cuando compartimos el Plan de Acci\u00f3n del Instituto, 1999-2005 con colaboradores de trabajo; cuando explicamos nuestra Cruz de la Misericordia a los pacientes que atendemos; cuando les contamos a las mujeres j\u00f3venes sobre el \u00abProyecto 1831\u00bb y nuestro deseo de fundar treinta y una nuevas Casas de Misericordia; cuando invitamos a nuestros vecinos a la Oraci\u00f3n Vespertina; y cuando ofrecemos innumerables otros gestos, acciones, objetos y eventos a aquellos que est\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 de nuestras puertas, estamos colocando s\u00edmbolos humanos de nuestras vidas visiblemente ante ellos con la esperanza de que estos s\u00edmbolos puedan hablarles de Dios, de Cristo y de nuestro profundo deseo de vivir como siervas de la misericordia de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Los s\u00edmbolos p\u00fablicos perdurables de la vida de la Misericordia son los que se hacen visibles a la amplia compa\u00f1\u00eda humana de todos los que se encuentran con ellos, en diversos lugares del mundo y en diversos momentos. Las Hermanas de la Misericordia yendo de casa en casa durante las epidemias de tifus en Londres y Estados Unidos, atendiendo en hospitales militares en la Guerra Civil Americana, siguiendo a los emigrantes irlandeses en largos viajes por mar a Australia y Nueva Zelanda, trabajando en campos de refugiados y prisiones, viviendo y ejerciendo su ministerio entre los oprimidos: \u00e9stas y miles de otras acciones de la Misericordia durante los \u00faltimos 170 a\u00f1os permanecen en nuestra memoria como fuertes s\u00edmbolos radiantes de lo que ha significado y a\u00fan significa ser una Hermana de la Misericordia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">S\u00edmbolos \u00abpeque\u00f1os\u00bb de la presencia de Dios<\/h2>\n\n\n\n<p>Pero en nuestra historia durante estos mismos a\u00f1os siempre ha habido innumerables s\u00edmbolos \u00abm\u00e1s peque\u00f1os\u00bb y m\u00e1s privados de la misericordia de Dios ofrecidos en silencio al pueblo de Dios dondequiera que una Hermana de la Misericordia haya sostenido \u00abla mano de una persona moribunda, haya tra\u00eddo alegr\u00eda a un ni\u00f1o descuidado, haya escrito una carta para consolar a alguien, haya ayudado a un hombre que lleg\u00f3 a la puerta, haya visitado a una mujer solitaria o haya realizado cualquiera de los innumerables actos evang\u00e9licos que\u00ab se asemejan\u00bb al ministerio de Jes\u00fas. La mayor\u00eda, si no todos, de estos s\u00edmbolos privados de la presencia compasiva de Dios han sido perceptibles s\u00f3lo para la persona a la que se serv\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Por tanto, me gustar\u00eda concluir esta meditaci\u00f3n sobre la expresi\u00f3n simb\u00f3lica de las Hermanas de la Misericordia con un acto simb\u00f3lico poco conocido de Catalina McAuley: un regalo que hizo a una ni\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>En Carlow, Catalina evidentemente conoci\u00f3 a la joven Fanny Warde, la sobrina de Frances Warde, la hija, posiblemente, del hermano mayor de Frances, William, que hab\u00eda muerto en Wakefield, Inglaterra, en 1839.<sup>19<\/sup> No s\u00e9 qu\u00e9 edad ten\u00eda la joven Fanny cuando su madre vino a vivir a Irlanda, pero sospecho que solo ten\u00eda cinco o seis a\u00f1os. Escribiendo a Frances Warde el 24 de noviembre de 1840, Catalina adjunt\u00f3 un broche y un poema para la peque\u00f1a Fanny. El poema, que Catalina titul\u00f3 \u00abLa peque\u00f1a Fanny Warde\u00bb, dice lo siguiente:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-text-align-center\">Aunque esta es muy querida para m\u00ed<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Por razones fuertes y muchas<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Te lo doy con cari\u00f1o,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Mi querida \u00abpeque\u00f1a Fanny\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Seis besos tambi\u00e9n de mi coraz\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Tan dulces como los de una abuelita,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">De ninguno de ellos debes separarte<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Mi querida \u00abpeque\u00f1a Fanny\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">\u00bfQu\u00e9 deseo? Ahora d\u00e9jame ver<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Lo que deseo, m\u00e1s que cualquier cosa<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Es que seas una buena ni\u00f1a<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Mi querida \u00abpeque\u00f1a Fanny\u00bb.<sup>2<\/sup><sup>0<\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed Catalina usa la palabra \u00abDoat\u2019y\u00bb para decir \u00abquerida\u00bb; es evidentemente la versi\u00f3n de Catalina de \u00abdoating\u00bb, que puede significar \u00abextremadamente aficionada\u00bb, o de \u00abdoughty\u00bb o \u00abdouty\u00bb, que significa \u00abcapaz, digno, virtuoso, valiente, valeroso\u00bb.<sup>21<\/sup> Pero el significado m\u00e1s profundo de este s\u00edmbolo se revela en dos oraciones que Catalina escribe cerca del final de su carta a Frances Warde. Ella dice: \u00abLe promet\u00ed a mi peque\u00f1a Fanny un broche para abrocharse el cuello y seis besos en la espalda. Fue mi querida Mary Teresa\u00bb.<sup>22<\/sup> La querida sobrina de Catalina, Mary Teresa Macauley, hab\u00eda muerto en la calle Baggot en 1833.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay muchos s\u00edmbolos eclesiales a gran escala en la historia de las Hermanas de la Misericordia, regalos p\u00fablicos a toda la Iglesia, como el propio Instituto, pero tambi\u00e9n hay innumerables peque\u00f1os s\u00edmbolos de sacrificio en esta historia, actos simb\u00f3licos de amor cuyo significado completo puede ser percibido por solo unos pocos. La peque\u00f1a Fanny Warde recibi\u00f3 este broche como s\u00edmbolo del amor de una \u00ababuelita\u00bb, pero tambi\u00e9n, podemos imaginar, como se\u00f1al de que un gran Amor estaba en el mundo y cuidaba de ella como una abuelita. Solo Dios, y hasta cierto punto Frances Warde, conoc\u00edan la profundidad del amor de Catalina por Mar\u00eda Teresa y, por tanto, todo el peso humano de este regalo simb\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos en nuestras manos los broches simb\u00f3licos grandes y peque\u00f1os del amor y la misericordia de Dios, dotados por nuestras alegr\u00edas y penas pasadas, pero a\u00fan m\u00e1s por la curaci\u00f3n misericordiosa de Dios de todo dolor en el gozo de la resurrecci\u00f3n de Cristo. Que, como Catalina, tengamos el valor p\u00fablico y la sencillez de ofrecer al mundo estos s\u00edmbolos radiantes de la presencia de Dios.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Notas&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/h3>\n\n\n\n<p>1 Una teolog\u00eda moderna de la simbolizaci\u00f3n cristiana ha sido plenamente argumentada por Karl Rahner, especialmente en su ensayo \u00abLa teolog\u00eda del s\u00edmbolo\u00bb, en Theological Investigations 4:221-52 (Londres: Darton, Longman &amp; Todd, 1966). Sin pretender resumir la metaf\u00edsica del s\u00edmbolo de Rahner, ni su fundamento en su antropolog\u00eda filos\u00f3fica, ni su extensi\u00f3n en su antropolog\u00eda teol\u00f3gica, me he basado en su an\u00e1lisis en el presente ensayo. Sin embargo, es evidente que Rahner no es responsable de las formas en que yo haya podido malinterpretar sus intrincados argumentos y distinciones. Su teolog\u00eda del s\u00edmbolo apoya plenamente, me parece, nuestras teolog\u00edas contempor\u00e1neas de los sacramentos, de los sacramentales y del significado de la profesi\u00f3n eclesial de los votos religiosos.<\/p>\n\n\n\n<p>2 Doris Gottemoeller, RSM, \u00abCommunity Living: Beginning the Conversation\u00bb [\u00abVida comunitaria: inicio de la conversaci\u00f3n\u00bb] Revista para religiosas\/os 58 (marzo-abril de 1999): 137-49.<\/p>\n\n\n\n<p>3 Gottemoeller, p. 142.<\/p>\n\n\n\n<p>4 Gottemoeller, pp. 145-46.<\/p>\n\n\n\n<p>5 Gottemoeller, p. 148.<\/p>\n\n\n\n<p>6 Patricia Wittberg, SC, Pathways to Re-Creating Religious Communities [Caminos para Recrear Comunidades Religiosas] (Nueva York\/Mahwah, N.J.: Paulist Press, 1996), p. 90.<\/p>\n\n\n\n<p>7 Wittberg, p. 97.<\/p>\n\n\n\n<p>8 Mary Vincent Harnett, \u00abThe Limerick Manuscript\u00bb [\u00abEl Manuscrito de Limerick\u00bb], en Mary C. Sullivan, Catherine McAuley and the Tradition of Mercy [Catalina McAuley y la tradici\u00f3n de la Misericordia] (Notre Dame: University of Notre Dame Press, 1995), p. 181.<\/p>\n\n\n\n<p>9 Regla 8.1, en Sullivan, Catherine McAuley, p. 303.<\/p>\n\n\n\n<p>10 Mary Ignatia Neumann, RSM, The Letters of Catherine McAuley [Las Cartas de Catalina McAuley], 1827-1841 (Baltimore: Helicon, 1969), p. 278.<\/p>\n\n\n\n<p>11 Donald Attwater, The Penguin Dictionary of Saints [Diccionario \u00abPenguin\u00bb de los Santos], (Baltimore: Penguin, 1965), p. 23.<\/p>\n\n\n\n<p>12 Mary Clare Moore, \u00abThe Bermondsey Annals\u00bb, en Sullivan, \u00abCatherine McAuley\u00bb, p. 117.<\/p>\n\n\n\n<p>13 Regla II. 6.2, en Sullivan, Catherine McAuley, p. 323.<\/p>\n\n\n\n<p>14 Constituciones de las Hermanas de la Misericordia, art. 14.<\/p>\n\n\n\n<p>15 Moore, \u00abThe Bermondsey Annals\u00bb [\u00abThe Bermondsey Annals\u00bb], en Sullivan, \u00abCatherine McAuley\u00bb, p. 117. La hermana con la que Catalina habl\u00f3 en confianza pudo ser la propia Mary Clare Moore, o su hermana Mary Clare Augustine Moore.<\/p>\n\n\n\n<p>16 Ib\u00eddem, p. 110.<\/p>\n\n\n\n<p>17 Ib\u00edd.<\/p>\n\n\n\n<p>18 \u00abSpirit of the Institute\u00bb [\u00abEsp\u00edritu del Instituto\u00bb], en Neumann, The Letters of Catherine McAuley [Cartas de Catalina McAuley], p. 329.<\/p>\n\n\n\n<p>19 Kathleen Healy, RSM, Frances Warde: fundadora estadounidense de las Hermanas de la Misericordia (Nueva York: Seabury Press, 1973), p. 84. Sin embargo, Healy indica que los hijos peque\u00f1os de William Warde se llamaban Mary y James. Hermana Mary Paul Xavier Warde, sobrina nieta de Frances Warde, dice que Fanny Warde era su propia t\u00eda, hermana de su padre John Warde y sobrina de Frances Warde. Fanny pudo ser hija del hermano de Frances, Daniel, o posiblemente de su hermano John. Healy dice que Daniel \u00abparece haber buscado una carrera en Dubl\u00edn, pero no se conserva ning\u00fan registro de su futuro\u00bb (13) y que John, el \u00abhermano favorito\u00bb de Frances, muri\u00f3 mientras se preparaba para el sacerdocio en el Maynooth College (16). Healy tambi\u00e9n indica que las \u00abdos sobrinas de Frances, Jane y Fanny Warde\u00bb, llegaron m\u00e1s tarde a Pittsburgh y se matricularon, entre 1846 y 1852, \u00aben la Academia Mount Saint Vincent y completaron sus estudios en la Academia Saint Xavier\u00bb y que su hermano John, padre de Mary Paul Xavier Warde, se cas\u00f3 en Pittsburgh. Por tanto, la identidad del padre de la joven Fanny Warde no est\u00e1 clara.<\/p>\n\n\n\n<p>20 Manuscrito aut\u00f3grafo, Archivos de las Hermanas de la Misericordia de las Am\u00e9ricas, Silver Spring, Maryland.<\/p>\n\n\n\n<p>21 En un mecanografiado que prepar\u00f3 de este poema, Mary Paul Xavier Warde, que deletrea la palabra \u00abdoat&#8217;y\u00bb, dice que la palabra significa \u00abdarling\u00bb (\u00abquerida\u00bb). Sin embargo, en la letra de Catalina McAuley la palabra parece ser \u00abdoat&#8217;y\u00bb. El Diccionario de Oxford s\u00f3lo ayuda indirectamente a clasificar esta palabra y su significado exacto. Catalina utilizaba a menudo su propia ortograf\u00eda de las palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>22 Mary Angela Bolster, ed., The Correspondence of Catherine McAuley [La correspondencia de Catalina McAuley], 1827-1841 (Cork: Congregaci\u00f3n de las Hermanas de la Misericordia, Di\u00f3cesis de Cork y Ross, 1989), p. 170.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-pale-cyan-blue-background-color has-background\">Publicado originalmente en ingl\u00e9s en\u00a0<em>The MAST Journal\u00a0<\/em>Volumen 10 N\u00famero 3 (2000).\u00a0<\/p>\n<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-article pdfprnt-bottom-right\"><a href=\"https:\/\/themastjournal.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/article\/422?print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><span class=\"pdfprnt-button-title pdfprnt-button-pdf-title\">Print or Save as PDF<\/span><\/a><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La historia de las Hermanas de la Misericordia es una historia de radiantes s\u00edmbolos p\u00fablicos: personas vivas, objetos, acontecimientos y acciones que, por su car\u00e1cter simb\u00f3lico y su presencia, proclaman la perdurable y misericordiosa misericordia de Dios.<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":315,"template":"","categories":[65,69,79],"volume_number":[76],"ppma_author":[110],"class_list":["post-422","article","type-article","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-carisma-de-la-misericordia","category-praxis-teologica","category-santos-y-personas-santas-es","volume_number-v30-n1-es","author-marysullivan-es"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - 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