{"id":1410,"date":"2026-05-15T08:56:42","date_gmt":"2026-05-15T12:56:42","guid":{"rendered":"https:\/\/themastjournal.org\/?post_type=article&#038;p=1410"},"modified":"2026-05-15T10:03:09","modified_gmt":"2026-05-15T14:03:09","slug":"vivir-nuestros-lamentos","status":"publish","type":"article","link":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/vivir-nuestros-lamentos\/","title":{"rendered":"Vivir nuestros lamentos"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace aproximadamente un a\u00f1o, estaba escuchando una presentaci\u00f3n en l\u00ednea de la artista y escritora espiritual Jan Richardson. Al reflexionar sobre los muchos libros que ha escrito y las charlas que ha dado, hizo una pausa y dijo:&nbsp;<em>en realidad solo tenemos un mensaje.<\/em>&nbsp;Cada quien tiene un mensaje que le pertenece y que capta la esencia de su convicci\u00f3n sobre de qu\u00e9 se trata su vida.&nbsp;Un solo mensaje que llevamos y entregamos una y otra vez con nuestra propia vida.&nbsp;Esto suscit\u00f3 una significativa autorreflexi\u00f3n. Cuando ten\u00eda 25 a\u00f1os, encontr\u00e9 un libro de poes\u00eda de un poeta que era dos a\u00f1os mayor que yo. Lo saqu\u00e9 de un estante, me qued\u00e9 de pie en la librer\u00eda leyendo, y entonces mis ojos se fijaron en esto:&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abTen\u00eda doce a\u00f1os cuando lo mat\u00e9; sent\u00ed que mis propios huesos se arrancaban de mi cuerpo. Ahora tengo veintisiete y camino junto a este r\u00edo, busc\u00e1ndolos. Se han convertido en un puente que se extiende hacia la otra orilla\u00bb.<sup>1<\/sup>&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-7387b849 wp-block-group-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"314\" height=\"202\" src=\"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/image-9.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1412\" srcset=\"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/image-9.png 314w, https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/image-9-300x193.png 300w\" sizes=\"(max-width: 314px) 100vw, 314px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"258\" height=\"144\" src=\"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/image-8.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1411\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><em>Chicago&nbsp;Sun-Times,&nbsp;22 de noviembre de 1961&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfC\u00f3mo m\u00e1s puedo decirlo? Ten\u00eda once a\u00f1os cuando lo mat\u00e9. Por m\u00e1s accidental que haya sido el disparo, mi hermano menor muri\u00f3 a manos m\u00edas. Eso fue en 1961. El Chicago&nbsp;Sun&nbsp;Times&nbsp;public\u00f3 una peque\u00f1a nota en el momento de su muerte con el titular \u00abDisparo fatal para un ni\u00f1o de 8 a\u00f1os\u00bb. \u00abEl relleno del cartucho de fogueo le dio a&nbsp;Jude&nbsp;en la espalda despu\u00e9s de que su hermana Avis, de 11 a\u00f1os, le disparara con una pistola&nbsp;de&nbsp;38 desde menos de un metro de distancia\u00bb.&nbsp; Las armas que hab\u00eda en la habitaci\u00f3n de mi primo estaban descargadas, pero sin intenci\u00f3n consciente, mi primo adolescente volvi\u00f3 a cargar la pistola con cartuchos de fogueo y sali\u00f3 de la habitaci\u00f3n. \u00abOye\u00bb, dijo&nbsp;Jude, \u00abhaz como si me dispararas\u00bb. Tom\u00f3 un rifle y me dio la espalda. Se arrodill\u00f3 sobre una rodilla y apunt\u00f3 el rifle. Apunt\u00e9 a su espalda y apret\u00e9 el gatillo. El peri\u00f3dico inform\u00f3: \u00abJude&nbsp;y Avis estaban jugando en la parte trasera de la casa, donde encontraron dos armas: una pistola y un rifle del calibre 22. Estaban jugando a disparar cuando el arma se dispar\u00f3\u00bb. Al reflexionar sobre el hecho de provocar una muerte accidental como una herida moral, David Peters dijo que, cuando alguien provoca accidentalmente la muerte de otra persona, se quiebra un c\u00f3digo y te quedas pregunt\u00e1ndote si ya no eres una buena persona.<sup>2&nbsp;<\/sup>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;No fue hasta que llegu\u00e9 a los veinte&nbsp;que descubr\u00ed a alguien con quien compartir el dolor y la culpa,&nbsp;gracias al inquietante poema de Gregory Orr.&nbsp;Ten\u00eda once a\u00f1os cuando, sin querer, le quit\u00e9 la vida a&nbsp;Jude. Durante la mayor parte de mi vida, guard\u00e9 silencio (al igual que todos los que me rodeaban) ante esta tragedia. Al considerar el comentario de Jan Richardson sobre llevar un solo mensaje, me di cuenta de que mi mensaje, de lamento, est\u00e1 plasmado en la poes\u00eda y gu\u00eda mi d\u00eda a d\u00eda. Me he pasado la vida recorriendo ese lugar, recogiendo los huesos, como Ezequiel, rezando para que&nbsp;cobren vida (Ezequiel 37,\u202f1-14), cuando uno se debate en los \u00abescombros narrativos\u00bb de su vida, tan acertadamente descritos por la biblista Kathleen O\u2019Connor&nbsp;en&nbsp;<em>Lamentations&nbsp; and&nbsp;the&nbsp;Tears&nbsp;of&nbsp;the&nbsp;World [Lamentaciones y las l\u00e1grimas del mundo]<\/em>&nbsp;(2002).&nbsp;He compartido sentimientos de desolaci\u00f3n, quejas y dolor insoportable con el Libro de las&nbsp;Lamentaciones. El Libro de Lamentaciones es un poema b\u00edblico inquietante porque saca a la luz experiencias, recuerdos y sentimientos que suelen quedar relegados a las sombras. El Libro de Lamentaciones, por antiguo que sea y con solo cinco cap\u00edtulos, escrito por el profeta Jerem\u00edas en el a\u00f1o 586 a. C.&nbsp;nos habla directamente al coraz\u00f3n del lamento: las historias de nuestras vidas que llevan consigo un dolor sin igual y la promesa de que, a trav\u00e9s de la herida, llegaremos a la sanaci\u00f3n y&nbsp;seremos y transmitiremos ese mensaje con nuestras propias vidas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Kathleen O\u2019Connor describe el testimonio del Libro de Lamentaciones como \u00abamargo, crudo y sin sanar\u00bb; sus poemas usan \u00abpalabras heridas\u00bb para revelar el sufrimiento humano&nbsp;y anuncian&nbsp;una lucha desordenada por expresar el dolor y llegar a la esperanza.<sup>3<\/sup>&nbsp;En resumen, el Lamentaciones es un resto narrativo que clama por el refugio de una nueva historia que transforme la \u00abcasa del dolor\u00bb, fr\u00eda y silenciosa, en el c\u00e1lido hogar donde vuelva a habitar el Santo.<sup>4<\/sup>&nbsp;Al igual que el profeta Ezequiel, los que se lamentan se preguntan c\u00f3mo pueden revivir los huesos secos. El lamento es algo muy visceral. Parece que la gente que se re\u00fane en el Muro Occidental, antes conocido como el \u00abMuro de las Lamentaciones\u00bb, ese \u00faltimo vestigio que queda del muro de contenci\u00f3n que en su d\u00eda sosten\u00eda el Monte del Templo, la plataforma sobre la que se alzaban el Primer y el Segundo Templo en la antigua Jerusal\u00e9n. Despu\u00e9s de que los babilonios destruyeran el Primer Templo en los a\u00f1os 587-586 a. C. y los romanos destruyeran el Segundo Templo en el a\u00f1o 70 d.&nbsp;C., solo quedaron partes de los muros de contenci\u00f3n exteriores, y el Muro Occidental se convirti\u00f3 en la secci\u00f3n m\u00e1s accesible.&nbsp; Un lugar sagrado de&nbsp;la oraci\u00f3n, el duelo y el anhelo jud\u00edos de resistencia, es habitual ver a gente de todas las religiones pararse ante el Muro e introducir peque\u00f1os trozos de papel con sus sinceras peticiones de lamento, dolor y esperanza en las grietas. Esta costumbre se remonta a la creencia ancestral de que la Presencia Divina (<em>shekhin\u00e1<\/em>) descansa sobre el Muro Occidental, lo que lo convierte en especialmente receptivo al&nbsp;O\u00eddo Divino.&nbsp;Del mismo modo, los irlandeses tienen la pr\u00e1ctica visceral del&nbsp;<em>keening<\/em>, que comparte algunas caracter\u00edsticas con la pr\u00e1ctica devocional en el Muro de las Lamentaciones, ya que ambas tienen&nbsp;una orientaci\u00f3n subyacente&nbsp;al duelo colectivo y al&nbsp;poder de los recuerdos dolorosos;<sup>5<\/sup>&nbsp;sin embargo, su orientaci\u00f3n ritual es diferente. El&nbsp;<em>keening<\/em>&nbsp;funciona como un lamento performativo, vocal y asociado a la muerte y al duelo, mientras que la oraci\u00f3n en el Muro Occidental constituye una pr\u00e1ctica devocional que entrelaza la s\u00faplica personal con el anhelo jud\u00edo simb\u00f3lico y perdurable por el Templo, entretejido con el gemido de los corazones humanos que buscan el consuelo de la Presencia Divina. A principios de los a\u00f1os 50, recuerdo que mi madre dec\u00eda:&nbsp;\u00abAntes de morir, quiero ir a Tierra Santa, visitar el Muro de las Lamentaciones y zanjar&nbsp;mis asuntos con Dios\u00bb.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esto lo hizo viviendo sus lamentos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"260\" height=\"226\" src=\"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/image-10.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1413\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><em>Margaret Ann Clendenen en el Muro de las Lamentaciones a principios de los a\u00f1os 70.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quienes se&nbsp;lamentan se enfrentan cara a cara con&nbsp;la teodicea. La pregunta m\u00e1s dif\u00edcil de la teolog\u00eda: \u00bfC\u00f3mo nos las arreglamos con una deidad omnipotente, omnisciente y llena de amor que permite que el mal y el sufrimiento campen a sus anchas en el mundo?&nbsp;\u00bfC\u00f3mo es posible que existan el dolor y el sufrimiento interminables junto con un Dios que es bueno, amoroso y todopoderoso? \u00bfNo podr\u00eda un Dios as\u00ed usar su poder para invertir la marea del sufrimiento&nbsp;humano inmerecido?<strong>&nbsp;<\/strong>La teodicea es el intento de conciliar la existencia de Dios y la realidad del sufrimiento inmerecido. La teodicea es la respuesta religiosa al problema del dolor y el sufrimiento: un esfuerzo inteligible por reunir la bondad ilimitada de un Dios todopoderoso con la aterradora realidad de una crueldad sin frenos&nbsp;en el mundo. La palabra, acu\u00f1ada en el siglo XVIII, ha involucrado a te\u00f3logos durante siglos en la exploraci\u00f3n de la naturaleza de lo Divino en yuxtaposici\u00f3n con los inconcebibles horrores de la muerte y la destrucci\u00f3n, y la aparentemente interminable propensi\u00f3n humana a causar da\u00f1o e infligir sufrimiento generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n. Con honestidad, nunca habr\u00e1 una respuesta satisfactoria a la cuesti\u00f3n de la teodicea; hay quienes encuentran una fr\u00e1gil reconciliaci\u00f3n al experimentar el significado que expres\u00f3 Ernest Hemingway cuando escribi\u00f3: \u00abEl mundo nos deja a todos quebrantados, y despu\u00e9s muchos se vuelven fuertes justo en esos puntos donde fueron quebrantados\u00bb.<sup>6&nbsp;<\/sup>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los lamentos claman que alguna esperanza sagrada pueda desatar el nudo de un dolor casi insoportable, insuflando nueva vida en almas gastadas y cansadas (Ez 37,5).&nbsp;Tales preguntas, que surgen de la experiencia humana,&nbsp;encierran el misterio del lamento, una promesa de proporciones b\u00edblicas. A los 75 a\u00f1os, sigo indagando el dolor, el poder y la promesa de pasar mi vida caminando all\u00ed, reuniendo los huesos, viviendo todas las maneras que se han convertido en el puente que se arquea hacia la otra orilla.&nbsp;Sigo viviendo el mensaje y siempre lo har\u00e9. La diferencia es que he a\u00f1adido otra l\u00ednea a mi \u00fanico mensaje.&nbsp;Pasar\u00e9 mi vida caminando all\u00ed, reuniendo los huesos. Se han convertido en un puente que se arquea hacia otra orilla&nbsp;<em>donde las misericordias de Dios son nuevas cada ma\u00f1ana<\/em>. Tales son las \u00fanicas palabras de esperanza de un solo vers\u00edculo del Libro de las Lamentaciones en la Biblia (3, 22-23). Una sabidur\u00eda profunda que se oculta y reside en un solo vers\u00edculo de la sabidur\u00eda antigua.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando cumpl\u00ed sesenta a\u00f1os, una d\u00e9cada despu\u00e9s de que muriera mi madre, decid\u00ed escribir sobre \u00abel accidente\u00bb, algo que no habr\u00eda podido publicar mientras ella viv\u00eda. Falleci\u00f3 en 2001, dejando una caja de sombreros que conten\u00eda lo que hab\u00eda guardado para recordar en privado a su hijo peque\u00f1o. Aunque mov\u00ed la caja de sombreros varias veces mientras ella se mudaba de la casa familiar a distintos pisos, luego a una residencia para personas mayores y, finalmente, a una residencia asistida, nunca la abr\u00ed. Me sorprendi\u00f3 ver, cuando fui a vaciar su \u00faltima vivienda tras su muerte, que la caja de sombreros segu\u00eda en su armario. Me la llev\u00e9 a casa y, enseguida, la dej\u00e9&nbsp;en el s\u00f3tano sin atreverme a abrirla. Sab\u00eda que ten\u00eda asuntos pendientes&nbsp;por&nbsp;la muerte de&nbsp;Jude, pero nunca consegu\u00eda abordarlos sin sentirme abrumada por la tristeza, la verg\u00fcenza y la culpa. Recuerdo haber evocado la intuici\u00f3n del psic\u00f3logo de la profundidad Carl Jung acerca del sufrimiento m\u00e1s com\u00fan que descubri\u00f3 durante sus muchos a\u00f1os de an\u00e1lisis con personas. Dijo que el dolor m\u00e1s profundo que llevan los seres humanos es la historia que no se cuenta.<sup>7&nbsp;<\/sup>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La liberaci\u00f3n y la sanaci\u00f3n solo pueden producirse cuando se permite que&nbsp;la verdadera historia salga a la luz. Quiz\u00e1s exista una \u00abfe postraum\u00e1tica\u00bb, una fe moldeada y profundizada por el dolor. Esta intuici\u00f3n me llev\u00f3 a un vers\u00edculo contundente de la carta a los Efesios 5, 13: \u00abCuando se las pone de manifiesto, aparecen iluminadas por la luz\u00bb. La reflexi\u00f3n de Jung sobre la historia a\u00fan por contar, el pasaje de Efesios y la caja de sombreros sin abrir me llevaron poco a poco a tomar la decisi\u00f3n de abrir la tapa de la caja y escribir la experiencia de encontrarme con los recuerdos de la vida de mi hermano menor, que mi madre hab\u00eda guardado uno a uno. El resultado fue el art\u00edculo \u00abAsesinos accidentales y su largo lamento\u00bb, en el que analic\u00e9 cada objeto de la caja de sombreros y mi encuentro con el poder, la promesa y el misterio del lamento.<sup>8&nbsp;<\/sup>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el gran esquema de las cosas, que m\u00e1s de 2.500 personas hayan le\u00eddo este ensayo en l\u00ednea en&nbsp;ResearchGate&nbsp;o como parte de las presentaciones de un retiro no es nada del otro mundo. Lo que me ha parecido incre\u00edblemente significativo es la cantidad de personas que he conocido a trav\u00e9s de este trabajo de explorar la historia que no se cuenta y que, al contarla, encuentran un eco en el permiso que el lamento les da para integrar todo eso en su relaci\u00f3n con Dios y, al igual que Job, pedirle cuentas a Dios.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En un gesto inusual, el editor en jefe de la revista&nbsp;<em>Journal&nbsp;of&nbsp;Pastoral Care and&nbsp;Counseling&nbsp;[Revista de Atenci\u00f3n Pastoral y Consejer\u00eda]<\/em>&nbsp;comparti\u00f3 conmigo las respuestas an\u00f3nimas de los lectores que integraron el jurado del art\u00edculo original. Por lo que he visto, la mayor\u00eda de los editores resumen los comentarios de los revisores, pero no los comparten directamente. Como rabino con una profunda afinidad por Lamentaciones, dijo que pensaba que ser\u00eda \u00fatil para mi sanaci\u00f3n en curso leer el impacto que la pieza tuvo en sus respectivos puntos de vista. Volv\u00ed a leer esos comentarios mientras preparaba este art\u00edculo. \u00abEsta obra\u00bb, escribi\u00f3 un cr\u00edtico, \u00abes un relato magn\u00edficamente escrito y muy conmovedor sobre el dolor y el trauma de la autora, y su eventual (parcial, creo) recuperaci\u00f3n tras un incidente de su infancia en el que, sin quererlo, provoc\u00f3 la muerte de su hermano\u00bb. Ofrece una visi\u00f3n muy clara del dolor y el sufrimiento que un homicidio accidental puede provocar en el autor, del hecho de que lidiar con la culpa y el duelo puede suponer una lucha que dure toda la vida, y de que es probable que esto lleve a cuestionar seriamente el car\u00e1cter benigno de Dios&#8230;. \u00abEs un lamento muy personal y trata sobre el impacto&nbsp;de&nbsp;los acontecimientos traum\u00e1ticos en la fe\u00bb.&nbsp; Recuerdo haberme quedado desconcertado al leer, entonces, en 2010, y de nuevo en 2026, las palabras homicidio involuntario, autor, lucha de por vida y la perspectiva de una recuperaci\u00f3n parcial para siempre.&nbsp;Otro cr\u00edtico se\u00f1al\u00f3 el poder de la \u00abauto-divulgaci\u00f3n&nbsp;terap\u00e9utica\u00bb y el \u00abs\u00edndrome del duelo&nbsp;complicado\u00bb, pero le decepcion\u00f3 que no abordara las etapas de la recuperaci\u00f3n ni las \u00abinteracciones\u00bb emocionales que acompa\u00f1an el proceso de pasar del trauma a la sanaci\u00f3n. Al mismo tiempo, el cr\u00edtico elogi\u00f3 el ensayo por incluir un \u00abcomponente de reflexi\u00f3n teol\u00f3gica que resultaba acertado y bastante conmovedor\u00bb.&nbsp; Esperaba que el cr\u00edtico tuviera en cuenta la realidad de la gracia como algo tan real como la identificaci\u00f3n de las transacciones emocionales, pero se qued\u00f3 en el plano de los procesos psicol\u00f3gicos. Por \u00faltimo, el tercer cr\u00edtico se\u00f1al\u00f3: \u00abEs una descripci\u00f3n tan hermosa y conmovedora del dolor y la lucha que supone el arrepentimiento\u00bb. \u00abCreo que los lectores se sentir\u00e1n conmovidos, iluminados y se enfrentar\u00e1n una vez m\u00e1s a la espinosa cuesti\u00f3n del sufrimiento de los inocentes\u00bb.<sup>9&nbsp;<\/sup>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La raz\u00f3n por la que vuelvo a estos comentarios es que sirven como&nbsp;reflejo de los&nbsp;\u00faltimos 16 a\u00f1os, en los que he aprendido a convivir con mi dolor. A los 75 a\u00f1os, dejando atr\u00e1s la mediana edad y en camino hacia la vejez, \u00bfc\u00f3mo abordo esta historia exquisitamente dolorosa y la manera en que el lamento funciona como un crisol metaf\u00f3rico para la sanaci\u00f3n y la transformaci\u00f3n? Lo que sigue incluye citas directas del art\u00edculo original, as\u00ed como adaptaciones que reflejan mi forma actual de ver c\u00f3mo vivimos nuestros lamentos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi hermano&nbsp;Jude&nbsp;muri\u00f3 una semana despu\u00e9s del accidente. El velorio fue dos d\u00edas despu\u00e9s de su muerte. Se hizo el silencio cuando las hermanas de la escuela primaria llegaron en masa al velatorio. Una de las hermanas se acerc\u00f3 y me susurr\u00f3 al o\u00eddo: \u00abTienes que ser fuerte. Esta es la voluntad de Dios\u00bb. Recuerdo que intent\u00e9, sin \u00e9xito, acallar en mi interior la feroz protesta que se&nbsp;gestaba: \u00absi Dios deseaba esta cat\u00e1strofe, entonces ya no quer\u00eda saber nada de \u00c9l, nunca m\u00e1s\u00bb. \u00abTe has cubierto con una nube para que no pase la plegaria\u00bb (Lamentaciones 3,\u202f44). Un Dios capaz de infligir tanta crueldad a los ni\u00f1os, tanto sufrimiento sin l\u00edmites a una joven viuda (mi padre, de 35 a\u00f1os, hab\u00eda fallecido siete a\u00f1os antes), es un Dios que ataca y luego se&nbsp;esconde tras una nube, como un \u00abmat\u00f3n man\u00edaco\u00bb. Lo que le pas\u00f3 a&nbsp;Jude&nbsp;y lo que yo estaba viviendo no pod\u00eda ser, sencillamente,&nbsp;<em>la voluntad de Dios<\/em>. Me encontraba en una encrucijada de enormes proporciones para una chica joven: el Dios que conoc\u00eda a trav\u00e9s de mi tradici\u00f3n religiosa y&nbsp;de mi familia de fe no era el mismo&nbsp;que&nbsp;hab\u00eda permitido&nbsp;que yo matara a mi propio hermano.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab\u00bfNo salen de la boca del Alt\u00edsimo los males y los bienes?\u00bb (Lamentaciones 3,\u202f38). Mi largo lamento incluy\u00f3 una lucha muy prolongada con un Dios con quien&nbsp;deb\u00eda&nbsp;llegar a un acuerdo. En 1961, la realidad de la atenci\u00f3n pastoral o la consejer\u00eda terap\u00e9utica en esta situaci\u00f3n no supuso una respuesta inmediata y nunca lleg\u00f3 a materializarse durante el resto de mi infancia y adolescencia. Nadie le sugiri\u00f3 a mi madre que podr\u00eda ser importante para m\u00ed ver a&nbsp;Jude&nbsp;aquella fat\u00eddica semana antes de que muriera y tener la oportunidad de expresarle mi dolor, algo que hoy sabemos que es tan necesario para cerrar cuentas pendientes. No fue hasta los 25 a\u00f1os, despu\u00e9s de descubrir el poema, cuando me anim\u00e9 a contar la historia en voz alta a un director espiritual de confianza y, m\u00e1s tarde, a varios profesionales competentes que me ayudaron a lo largo del camino. En las memorias del poeta Gregory Orr sobre el asesinato de su hermano, escribi\u00f3: \u00abNadie me ense\u00f1\u00f3 c\u00f3mo ayudar a mi hermano peque\u00f1o en su viaje a la tierra de los muertos; nadie me ense\u00f1\u00f3 c\u00f3mo bendecirlo y dejarlo marchar\u00bb.<sup>10<\/sup>&nbsp;Ahora sabemos mucho m\u00e1s sobre las habilidades y la gracia que ayudan a las personas a vivir en un ambiente seguro y sincero, donde podemos aprender a bendecir y a dejar ir a los dem\u00e1s, as\u00ed como a enfrentarnos con libertad y determinaci\u00f3n al car\u00e1cter problem\u00e1tico de Dios, con la esperanza de resolver el conflicto sagrado sin a\u00f1adir m\u00e1s culpa y verg\u00fcenza a quienes ya est\u00e1n sumidos en el lamento.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En aquella \u00e9poca, situaciones como la m\u00eda se consideraban obra de la \u00abProvidencia omnipotente de Dios\u00bb y hab\u00eda que aceptarlas sin mostrar&nbsp;emoci\u00f3n alguna. Dios nunca deb\u00eda ser&nbsp;implicado en el sufrimiento, nunca llamado a rendir cuentas, aunque la gran tradici\u00f3n inclu\u00eda el desgarrado clamor de Lamentaciones: \u00ab\u00a1Recuerda Se\u00f1or, lo que nos ha sucedido, mira y contempla nuestro oprobio!\u00bb (Lamentaciones 5,\u202f1). Durante la mayor parte de mi vida, me fue ajeno el poder del lamento que afirma con audacia que Dios no habla, no consuela, no devuelve a la vida. Dios no hace nada. Precisamente porque Dios no ve (en hebreo, \u00abver\u00bb significa \u00abexperimentar\u00bb), Dios agrava el dolor, y aquellos cuyo dolor no se parece a ning\u00fan otro se vuelven invisibles y totalmente insignificantes para Dios.<sup>11<\/sup>&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dios es culpable. No hay otra forma de entender el car\u00e1cter de Dios que sea fiel a la Biblia y a nuestra experiencia vital. Walter Brueggemann afirma: \u00abAs\u00ed, el Dios del \u201camor constante y la misericordia\u201d es tambi\u00e9n el Dios que ha abandonado, y toda constancia actual lleva la huella dolorosa de esa realidad antigua e innegable\u00bb.<sup>12<\/sup>&nbsp;La Biblia en s\u00ed misma no sirve para encubrir a Dios. La experiencia de la ausencia divina no puede justificarse por la necesidad permanente de reparaci\u00f3n humana por el pecado original en el para\u00edso ni por el hecho de que los seres humanos no vean al Dios&nbsp;presente, pero&nbsp;velado por nuestro propio estado ca\u00eddo. Int\u00e9ntalo con una ni\u00f1a de once a\u00f1os que mat\u00f3 a su hermano sin querer, y ya ver\u00e1s hasta d\u00f3nde llegas dici\u00e9ndole que fue la \u00abvoluntad de Dios\u00bb la que mat\u00f3 a su hermano y dej\u00f3&nbsp;a su familia destrozada. La ausencia de Dios es real, inexplicable e inexcusable.<sup>13<\/sup>&nbsp;Se puede y se debe pedir cuentas a Dios por lo que Jung llamar\u00eda \u00abel lado oscuro de su personalidad\u00bb.<sup>14<\/sup>&nbsp;As\u00ed es la vida tal y como es. Esta es la noci\u00f3n de \u00abansiedad existencial\u00bb del te\u00f3logo Paul Tillich, de la que nadie est\u00e1 exento. La \u00fanica forma de superar ese dolor es atraves\u00e1ndolo, precisamente porque el dolor persiste&nbsp;tanto en el texto como en la vida vivida,&nbsp;en toda su crudeza. Una fe aut\u00e9ntica, a menudo deshilachada y visceral, no necesita embellecer los horrores de la vida imponiendo la esperanza antes de tiempo&nbsp;ni refugi\u00e1ndose en el escapismo teol\u00f3gico para evitar la terrible incomodidad&nbsp;que supone permitir que se exprese lo impensable, ni siquiera de boca de los ni\u00f1os o de una asesina accidental que sigue viviendo su lamento,&nbsp;ya entrada en los sesenta.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A lo largo de mis m\u00e1s de treinta y siete a\u00f1os de servicio en el \u00e1mbito de la formaci\u00f3n teol\u00f3gica y ministerial, he ido sintiendo una necesidad cada vez m\u00e1s apremiante de animar a los pastores que atienden a personas en crisis a que vuelvan al antiguo Libro de Lamentaciones, para que les sirva de ayuda&nbsp;al prestar asistencia a quienes tienen una relaci\u00f3n con Dios&nbsp;al borde del abismo. El lamento no es solo la expresi\u00f3n del dolor. En su forma b\u00edblica cl\u00e1sica, es un recipiente estructurado \u2014una especie de \u00abcrisol espiritual\u00bb\u2014 que&nbsp;contiene&nbsp;la experiencia insoportable&nbsp;durante&nbsp;el tiempo suficiente para que se transforme. Dar nombre al dolor llena el recipiente del yo. Se vuelve hacia la herida en lugar de apartarse de ella; mantiene la presi\u00f3n sobre la historia que lucha por ser contada y sobre el dolor que irrumpe, al que se le da rienda suelta; rechazando la consolaci\u00f3n prematura.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quienes dicen acompa\u00f1ar a otra persona deben estar siempre ensanchando el coraz\u00f3n con una capacidad cada vez mayor para sostenerse junto a quienes formulan la eternamente desconcertante pregunta sobre la bondad de Dios en medio de la tragedia humana. Necesitamos m\u00e1s ministros que comprendan y atesoren el regalo del lamento: esas oraciones que brotan de las&nbsp;heridasS&nbsp;estallan de un dolor insoportable y lo llevan a la palabra. Aquellos aulladores originales, que no tem\u00edan quejarse, gritar y protestar sobre y ante un Dios que se vio obligado a soportarlo. O\u2019Connor se\u00f1ala que \u00abaunque los lamentos parezcan destruir el mundo de Dios, son actos de fidelidad\u00bb. \u00abCon vulnerabilidad y sinceridad, se aferran con obstinaci\u00f3n a Dios y le piden que vea, escuche y act\u00fae\u00bb.<sup>15<\/sup>&nbsp;En un mundo en el que demasiados padres de todo el planeta entierran a sus hijos y se libran demasiadas guerras en nombre de Dios, en las que millones de nosotros matamos a otros millones, necesitamos el punto de referencia que nos ofrece el libro de las&nbsp;Lamentaciones, y no debemos abandonar este texto hasta que logremos extraer de \u00e9l una bendici\u00f3n.<sup>16&nbsp;<\/sup>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abTe acercaste el d\u00eda que te invoqu\u00e9 y dijiste: \u201c\u00a1No temas!\u201d\u00bb (Lamentaciones 3,\u202f57). Estas son las \u00fanicas palabras atribuidas a Dios en los cinco cap\u00edtulos de Lamentaciones. Como nos recuerda O\u2019Connor, ni siquiera se trata de un discurso directo, sino de unas palabras recordadas de un tiempo pasado: un recuerdo peligroso. Los&nbsp;siguientes vers\u00edculos&nbsp;hablan de c\u00f3mo Dios se hace eco del sufrimiento del pueblo y lo redime. Esta convicci\u00f3n no surge de ninguna intervenci\u00f3n directa o palpable de Dios en el momento presente, sino que se basa en una creencia optimista profundamente arraigada en la psique religiosa de quienes confiaron en el Dios del \u00c9xodo como el Santo que los sac\u00f3 de la esclavitud y los llev\u00f3 a la libertad. Esa esperanza b\u00edblica \u00absurge sin una causa clara, como la gracia, sin explicaci\u00f3n alguna, en medio de la desesperaci\u00f3n y en el momento en que menos se espera. Viene de otra parte, sin que nadie lo pida, esquiva, incontrolable y sorprendente, y se nos entrega en el abismo, ese lugar sin esperanza\u00bb.<sup>17&nbsp;<\/sup>Aunque la vida est\u00e1 en ruinas, se recuerda al Dios de la salvaci\u00f3n, y eso despierta una esperanza firme a pesar de todo lo que indique lo contrario.<sup>18&nbsp;<\/sup>A pesar de todo lo que indique lo contrario, y en medio de una duda constante y una confusi\u00f3n total, desde lo m\u00e1s profundo del pozo de la desesperanza puede surgir, como le pas\u00f3 a Jerem\u00edas, una llama que te llega hasta lo m\u00e1s profundo:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"208\" height=\"290\" src=\"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/image-11.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1414\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><em>escultura devocional contempor\u00e1nea de autor desconocido con una cita grabada de Jerem\u00edas 20,9 (\u00abHab\u00eda en mi coraz\u00f3n como un fuego abrasador, encerrado en mis huesos: me esforzaba por contenerlo, pero no pod\u00eda\u00bb). Artista desconocido. Fotograf\u00eda del autor.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><em>No lo voy a mencionar,<\/em>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><em>ni hablar\u00e9 m\u00e1s en su Nombre&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><em>Pero hab\u00eda en mi coraz\u00f3n como un fuego abrasador,<\/em>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><em>encerrado en mis huesos:<\/em>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><em>me esforzaba por contenerlo<\/em>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><em>pero no pod\u00eda.<\/em> (Jerem\u00edas 20, 9)&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Encontr\u00e9 a este Dios de la luz y la oscuridad, escondido en el \u00e1tico sin terminar y sin calefacci\u00f3n, al que sol\u00eda escaparme para llorar en la mecedora que me regalaron cuando ten\u00eda cuatro a\u00f1os, cuyos cojines, hac\u00eda tiempo que hab\u00edan desaparecido,\u00a0y cuyos listones de acero me hac\u00edan da\u00f1o en el trasero. Pero este era un lugar donde nadie me encontrar\u00eda, donde nadie pod\u00eda o\u00edrme. Pas\u00e9 gran parte de mi adolescencia meci\u00e9ndome all\u00ed, recomponi\u00e9ndome por dentro. \u00abEra\u00a0como si, de alguna manera, mi hermano y yo estuvi\u00e9ramos dentro de una de esas esferas de cristal grueso que encierran un paisaje invernal: dos ni\u00f1os, bien abrigados contra el fr\u00edo\u00bb.<sup>19<\/sup> Fue all\u00ed donde me desahogaba sin piedad, angustiado y asustado, suplic\u00e1ndole a Dios que me ayudara a encontrarle sentido a mi mundo hecho pedazos. De alguna manera, sab\u00eda que mi s\u00faplica no era una afrenta a la aceptaci\u00f3n de la voluntad de Dios, sino una dimensi\u00f3n de lo m\u00e1s \u00edntima de mi relaci\u00f3n con \u00c9l, a la que simplemente no pod\u00eda renunciar en mi abandono. Tal vez fue porque lo inimaginable ocurri\u00f3 tan temprano en mi vida que mi imaginaci\u00f3n se abri\u00f3 m\u00e1s de lo habitual para alguien de mi edad. Quiz\u00e1 fue la fe misma de mi madre la que dio testimonio de la esperanza contra toda esperanza. Como ten\u00eda poca experiencia con el cinismo y la amargura, quiz\u00e1 simplemente estaba m\u00e1s abierta, vulnerable y dispuesta a que algo inesperado y sorprendente sucediera en mi interior mientras me mec\u00eda y lloraba. Lo \u00fanico que s\u00e9 es que,\u00a0con el tiempo, sent\u00ed gradualmente\u00a0una Presencia que habitaba mi dolor, y mi lamento me dio fuerzas para continuar. La historia se hab\u00eda convertido en un crisol. Mi santuario del \u00e1tico se convirti\u00f3 en el lugar donde mi coraz\u00f3n, cargado de culpa,\u00a0fue aliviado por algo amoroso que volvi\u00f3 sagrado mi sufrimiento. Dios vino a trav\u00e9s de la herida. Quisiera decir que este sentido de estar sostenida en Dios perdur\u00f3 sin interrupciones a lo largo de mi vida. Pero, como se\u00f1al\u00f3 una de las personas revisoras de mi art\u00edculo original, este tipo de recuperaci\u00f3n es una lucha de por vida y siempre parcial.\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me acostumbr\u00e9 a sentir esa mezcla de tristeza y culpa cada vez que ve\u00eda a sus compa\u00f1eros de clase, en las que habr\u00edan sido sus distintas graduaciones, cuando sus primos de su misma edad se casaban, ten\u00edan hijos y, m\u00e1s recientemente, \u00a1cuando su primo favorito se convirti\u00f3 en abuelo! Siempre tengo una concientizaci\u00f3n permanente de \u00e9l en cada reuni\u00f3n familiar, cada 13 de septiembre, el d\u00eda de su cumplea\u00f1os, y cada 18 de noviembre, el aniversario&nbsp;de su muerte; cada vez que revienta un globo; todo el d\u00eda del 4 de julio; en cada velatorio y funeral; cuando mi hermano mayor estaba muriendo; y en cualquier d\u00eda, hasta hoy, que me llene de alegr\u00eda. Mi lucha por aprender a aceptar esta dolorosa realidad a veces me superaba, y volv\u00eda a caer en la tristeza y la culpa, lo que me llev\u00f3 por los caminos de la noche oscura y a un terreno accidentado junto a mi director espiritual y a unos terapeutas expertos. O\u2019Connor expresa el car\u00e1cter permanente del lamento cuando dice: \u00abLa esperanza rara vez se arraiga de forma permanente, ni siquiera con resistencia, tras una tragedia. A menudo, los supervivientes vuelven a revivir su sufrimiento, lo superan por un momento y luego vuelven a caer en el dolor y la p\u00e9rdida, para resurgir de nuevo mucho m\u00e1s tarde\u00bb.<sup>20<\/sup>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Puedo dar fe de que ese misterioso proceso que va del dolor a la esperanza, y que comenz\u00f3 con una joven solitaria meci\u00e9ndose en el \u00e1tico, se fue transformando, con el paso del tiempo y las pruebas, en una concientizaci\u00f3n m\u00e1s madura y&nbsp;en&nbsp;un compromiso con un Poder y una Presencia m\u00e1s grandes que yo misma. Hay un Dios que preferir\u00edamos tener, pero he aceptado al Dios que vive seg\u00fan su propio nombre, YHWH, que significa: \u00abEstar\u00e9 ah\u00ed como el que soy; estar\u00e9 ah\u00ed contigo\u00bb.<sup>21<\/sup>&nbsp;\u00abYo estar\u00e9 contigo\u00bb es el nombre que revela la forma en que Dios est\u00e1 con nosotros,&nbsp;<em>no&nbsp;<\/em>\u00abYo te librar\u00e9 de todo dolor\u00bb. Acepto la impotencia de Dios para intervenir en los asuntos humanos precisamente porque Dios insisti\u00f3 en nuestra libertad absoluta para que la relaci\u00f3n con Dios siempre estuviera arraigada en nuestra elecci\u00f3n sincera, aunque vacilante, y siempre sin coacci\u00f3n. Acepto que la historia est\u00e1 a merced de las fuerzas naturales y de la naturaleza humana; que ocurren accidentes. Hab\u00eda que pagar un alto precio divino por ser el Dios que no puede alterar las fuerzas ca\u00f3ticas y destructivas que act\u00faan en el mundo, ni bajar del cielo para quitarme la manita de esa pistola antes de que&nbsp;apretara&nbsp;el gatillo. Al final, prefiero afirmar la&nbsp;bondad amorosa esencial de Dios a expensas de&nbsp;su omnipotencia. Como bien sab\u00eda Bonhoeffer, no existe la gracia barata.<sup>22<\/sup>&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfC\u00f3mo se transforma el lamento crudo, airado y no sanado en confianza, esperanza y acci\u00f3n de gracias? \u00bfC\u00f3mo puede decirse \u00abDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (Mateo 27, 46) junto con \u00abLa misericordia del Se\u00f1or no se extingue ni se agota su compasi\u00f3n;&nbsp;ellas se renuevan cada ma\u00f1ana\u00bb (Lamentaciones 3,\u202f23)?&nbsp;Puede que no reconozcas esta h\u00e1bil acci\u00f3n del Misterio Incomprensible si no te has encontrado&nbsp;cara a cara con ella. Es dif\u00edcil acompa\u00f1ar a otra persona en un lamento prolongado o entender c\u00f3mo el dolor se convierte en esperanza si a\u00fan no has recorrido ese camino interior. Tu propia historia, esa que a\u00fan no has contado, puede suponer una barrera invisible cuando se trata de ser una persona compasiva con corazones desgarrados por el dolor como ning\u00fan otro. Esto no es una acusaci\u00f3n, sino una invitaci\u00f3n a hacer el trabajo emocional y espiritual que cada uno debe realizar por s\u00ed mismo.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En sus memorias, Orr comenta c\u00f3mo el trauma puede deshilachar la red de significados y romper los hilos que nos mantienen unidos en la red de relaciones que conforman nuestra vida interpersonal. \u00c9l dice: \u00abLa verdadera tarea de una v\u00edctima de trauma \u2014la tarea que hace que la vida vuelva a merecer la pena\u2014 es volver a conectar el yo con el mundo. \u00abPara ello, tienes que volver a tejer la telara\u00f1a, arriesgarte a hilar nuevos hilos hasta que formen un patr\u00f3n s\u00f3lido en el que el yo pueda habitar\u00bb.<sup>23<\/sup>&nbsp;Oigo a mi madre recitar su mantra: \u00abAvis, entrel\u00e1zalo, entrel\u00e1zalo todo\u00bb. En una cita que se le suele atribuir, Jung se\u00f1al\u00f3 que ni siquiera una vida feliz puede prescindir de una pizca de oscuridad, y que la palabra \u00abfelicidad\u00bb perder\u00eda su significado si no estuviera equilibrada por la tristeza.<strong>&nbsp;<\/strong>Me llev\u00f3 a\u00f1os entender y aceptar que lo que sale de la oscuridad puede convertirse en luz en el crisol del lamento. Ten\u00eda once a\u00f1os cuando lo mat\u00e9.&nbsp;Cada hilo de mi vida se deshizo en un solo instante y mis huesos fueron arrancados de mi&nbsp;cuerpo.&nbsp;Es el acontecimiento vital a partir del cual se miden todos los d\u00edas.&nbsp;Ahora tengo setenta y cinco a\u00f1os, y camino dentro de la historia que se ha contado, todav\u00eda recogiendo los huesos, tejiendo el puente que se arquea hacia la orilla donde las misericordias de Dios son nuevas cada ma\u00f1ana.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"358\" height=\"242\" src=\"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Picture5-1.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1375\" srcset=\"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Picture5-1.png 358w, https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Picture5-1-300x203.png 300w\" sizes=\"(max-width: 358px) 100vw, 358px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Puesta de sol sobre Auschwitz. https:\/\/www.civitatis.com\/en\/krakow\/auschwitz-birkenau-day-trip\/Gallery&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay una nota final para los que llevan mucho tiempo lament\u00e1ndose. La descubr\u00ed en la obra de teatro&nbsp;<em>El juicio a Dios<\/em>, del superviviente del Holocausto y Premio Nobel de la Paz Elie Wiesel. Esta obra, creo, es el lamento de Wiesel en 208\u2019 Sin embargo, es en la Introducci\u00f3n donde se relata el coraz\u00f3n del lamento de Wiesel.&nbsp; En la Introducci\u00f3n, el te\u00f3logo Robert McAfee Brown capt\u00f3 el trasfondo profundo de la obra, que se sit\u00faa&nbsp;en Auschwitz, un campo de exterminio nazi, cuando Weisel ten\u00eda quince a\u00f1os. Un maestro de Talmud se hizo su amigo, insistiendo en que, siempre que estuvieran juntos, estudiar\u00edan Talmud\u2014pensamiento y teolog\u00eda jud\u00edos\u2014Talmud en un campo de concentraci\u00f3n,&nbsp;sin bol\u00edgrafos ni l\u00e1pices\u2014Talmud sin papel, sin libros.<strong>&nbsp;<\/strong>Ser\u00eda su acto de desaf\u00edo religioso.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"296\" height=\"338\" src=\"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Picture6-1.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1373\" srcset=\"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Picture6-1.png 296w, https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Picture6-1-263x300.png 263w\" sizes=\"(max-width: 296px) 100vw, 296px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><em>Dorothy&nbsp;Gager, \u00abFrom Mourning&nbsp;to&nbsp;Morning | Psalm 30:1\u00bb [\u00abDel luto a la ma\u00f1ana | Salmo 30,1\u00bb],              fotograf\u00eda reproducida con permiso del artista.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una noche, el maestro llev\u00f3 a Wiesel a su propio barrac\u00f3n y all\u00ed, con el ni\u00f1o como testigo, tres grandes eruditos jud\u00edos \u2014maestros del Talmud, la Halaj\u00e1 y la jurisprudencia jud\u00eda\u2014 juzgaron a Dios, creando un tribunal rab\u00ednico para acusar al Todopoderoso. El juicio dur\u00f3 varias noches. Se&nbsp;escucharon testigos, se reunieron pruebas, se extrajeron conclusiones, todo lo cual finalmente&nbsp;desemboc\u00f3 en un veredicto un\u00e1nime: El Se\u00f1or Dios Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, fue declarado&nbsp;<em>culpable<\/em>&nbsp;de delitos contra la creaci\u00f3n y la humanidad.&nbsp; Entonces, uno de los rabinos alz\u00f3 la vista al cielo, vio que se pon\u00eda el sol y dijo: \u00abEs hora de las oraciones de la tarde\u00bb, y los miembros del tribunal recitaron el oficio vespertino.<sup>24&nbsp;<\/sup> &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfC\u00f3mo pudieron hacer eso? Despu\u00e9s de declarar culpable de cr\u00edmenes contra toda la creaci\u00f3n y la humanidad a Aquel a quien hab\u00edan dedicado sus vidas \u2014el Yahv\u00e9 de su tradici\u00f3n y su fe\u2014, \u00bfc\u00f3mo pod\u00edan, al ver ponerse el sol, ponerse simplemente a rezar al mismo Dios al que acababan de acusar y condenar por cr\u00edmenes tan atroces?&nbsp; \u00bfC\u00f3mo pudieron? Es ese giro audaz en el que nos negamos a abandonar al Dios de nuestro abandono. Este es el misterio de la din\u00e1mica del lamento, cuando el dolor da paso a algo M\u00e1s, algo sacramental: esa Presencia de la que uno no puede separarse ni siquiera en medio del abandono. Cuando das, con vacilaci\u00f3n y de forma parcial, pero con autenticidad, ese giro interior radical, dirigiendo tu mirada hacia Jerusal\u00e9n, contemplando el horizonte donde Aquel que promete estar con nosotros te llama, y te rindes a la certeza de que pasar\u00e1s tu vida meci\u00e9ndote all\u00ed, reuniendo los huesos, tejiendo el puente que se arquea hacia la orilla donde las misericordias de Dios se renuevan cada ma\u00f1ana. Vivir nuestros lamentos como una forma de&nbsp;vida. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Notas:<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Gregory Orr,&nbsp;<em>Gathering the Bones Together [Recogiendo&nbsp;los&nbsp;huesos]<\/em>&nbsp;(Nueva York: Harper and Row, 1975), 9.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>David W.&nbsp;Peters, <em>Accidental: Rebuilding a Life After Taking One [Accidental: Reconstruir&nbsp;una&nbsp;vida&nbsp;despu\u00e9s&nbsp;de&nbsp; haberle&nbsp;quitado&nbsp;la&nbsp;vida&nbsp;a&nbsp;alguien]<\/em>&nbsp;(Minneapolis: Broadleaf Books, 2023), 37.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>Kathleen M. O\u2019Conner,&nbsp;<em>Lamentations&nbsp;and the Tears of the World [Lamentaciones&nbsp;y las&nbsp;l\u00e1grimas&nbsp;del &nbsp;mundo]<\/em>&nbsp;(Maryknoll, Nueva York: Orbis Press, 2002), 4.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>O\u2019Conner,&nbsp;<em>Lamentations&nbsp;[Lamentaciones]<\/em>, 7.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>Partiendo de la idea de Johann Baptist Metz de que&nbsp;hay recuerdos en los que experiencias pasadas irrumpen en el centro de nuestras vidas y nos revelan perspectivas nuevas y peligrosas para nuestro presente. Metz dice que esos recuerdos son como visitantes peligrosos e incalculables del pasado que portan un contenido futuro. Ver Johann Baptist Metz&nbsp;en&nbsp;\u00abThe Future in&nbsp;the&nbsp;Memory&nbsp;of&nbsp;Suffering\u00bb [\u00abEl futuro en la memoria del sufrimiento\u00bb],&nbsp;<em>Concilium&nbsp;<\/em>76 (1972), 15.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>Ernest Hemingway,&nbsp;<em>A Farewell&nbsp;to&nbsp;Arms [Adi\u00f3s a las armas],&nbsp;<\/em>(Nueva York: Scribner, 1929), 249.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>Carl G. Jung,&nbsp;<em>Memories, Dreams,&nbsp;Reflections&nbsp;[Recuerdos, sue\u00f1os, pensamientos]<\/em>, ed.&nbsp;rev.&nbsp;(Nueva York: Random House, 1989), p. 236.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>V\u00e9ase a Avis Clendenen en la obra original:&nbsp;Clendenen, A. (2010).&nbsp;Accidental Killers and Their Long Lament.&nbsp;<em>Journal of Pastoral Care &amp; Counseling: Advancing Theory and Professional Practice through Scholarly and Reflective Publications<\/em>, 64&nbsp;(3) 1-9.\u202f<a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1177\/154230501006400307\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">https:\/\/doi.org\/10.1177\/154230501006400307<\/a>\u202f(Obra original publicada en 2010). Se recibi\u00f3 permiso de Sage&nbsp;Publications&nbsp;para partes del art\u00edculo original.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>Citas de un correo electr\u00f3nico del Dr. Terry R. Bard, editor en jefe de la revista&nbsp;<em>Journal&nbsp;of&nbsp;Pastoral Care and&nbsp;Counseling<\/em>&nbsp;a Avis Clendenen en<em>&nbsp;<\/em>2010.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>Gregory&nbsp;Orr,&nbsp;<em>The&nbsp;Blessing: A Memoir [La&nbsp;bendici\u00f3n:&nbsp;unas&nbsp;memorias]<\/em>(Chicago: Council Oak Books, 2004), 75.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>O\u2019Connor,&nbsp;<em>Lamentations&nbsp;[Lamentaciones]<\/em>, 73.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>Walter Brueggemann,&nbsp;<em>A&nbsp;Pathway&nbsp;of&nbsp;Interpretation: The Old&nbsp;Testament&nbsp;for&nbsp;Pastors&nbsp;and&nbsp;Students&nbsp;[Una gu\u00eda de interpretaci\u00f3n: El Antiguo Testamento para pastores y estudiantes]<\/em>. (Eugene, Oreg\u00f3n: Cascade Books, 2008), 116.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>Brueggemann,&nbsp;<em>A&nbsp;Pathway&nbsp;to&nbsp;Interpretation&nbsp;[Un camino hacia la interpretaci\u00f3n]<\/em>, 117.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>Ver Carl G. Jung en&nbsp;<em>Answer&nbsp;to&nbsp;Job [Respuesta a Job]<\/em>, un libro \u00edntimo y pol\u00e9mico que explora al Dios oscuro y su lucha con la teodicea. En cierto&nbsp;sentido,<em>Respuesta&nbsp;a Job<\/em>&nbsp;es el lamento de Jung.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>O\u2019Connor,&nbsp;<em>Lamentations&nbsp;[Lamentaciones]<\/em>, 9.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>Walter&nbsp;Brueggemann,<em>Awed&nbsp;to&nbsp;Heaven,&nbsp;Rooted&nbsp;in Earth:&nbsp;Prayers&nbsp;of&nbsp;Walter Brueggemann [Maravillado ante el cielo, arraigado en la tierra: Oraciones de Walter Brueggemann]<\/em>&nbsp;(Minneapolis:&nbsp;Fortress&nbsp;Press, 2003), 81.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>O\u2019Connor,&nbsp;<em>Lamentations&nbsp;[Lamentaciones]<\/em>, 57.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>O\u2019Connor,&nbsp;<em>Lamentations&nbsp;[Lamentaciones]<\/em>, 57.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>Gregory Orr,&nbsp;citado&nbsp;en&nbsp;Gwen Gilliam y Barbara Chesser, Fatal&nbsp;Moments:<em>Fatal&nbsp;Moments: The Tragedy of the Accidental Killer [Momentos&nbsp;fatales: La&nbsp;tragedia&nbsp;del&nbsp;asesino&nbsp;accidental]<\/em>&nbsp;(Latham, Maryland: Rowman and Littlefield, 1991), p. 157.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>O\u2019Connor,&nbsp;<em>Lamentations&nbsp;[Lamentaciones]<\/em>, 45.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>John Courtney Murray,&nbsp;<em>The Problem of God [El&nbsp;problema&nbsp;de Dios]<\/em>&nbsp;(New Haven: Yale University Press, 1964), 10.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>Dietrich Bonhoeffer,&nbsp;<em>The Cost&nbsp;of&nbsp;Discipleship&nbsp;[El costo del discipulado]<\/em>&nbsp;(Nueva York: Macmillan, 1963), 43\u201356.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>Orr,&nbsp;<em>The Blessing [La&nbsp;bendici\u00f3n]<\/em>, 134\u2013135.&nbsp;<\/li>\n\n\n\n<li>V\u00e9ase Robert McAfee Brown, \u00abIntroducci\u00f3n\u00bb, en&nbsp;<em>The Trial&nbsp;of&nbsp;God [El juicio de Dios]<\/em>&nbsp;(tal y como se celebr\u00f3 el 25 de febrero de 1649 en&nbsp;Shamgorod), de Elie Wiesel (Nueva&nbsp;York: Random House, 1979),&nbsp;xiv\u2013xv. El subt\u00edtulo entre par\u00e9ntesis \u00abtal y como tuvo lugar el 25 de febrero de 1649 en&nbsp;Shamgorod\u00bb no es una afirmaci\u00f3n hist\u00f3rica, sino un recurso literario de Wiesel: sit\u00faa la obra en un&nbsp;<em>shtetl<\/em>&nbsp;ficticio tras las masacres de&nbsp;Khmelnytsky, lo que le da a la obra el tono de un proceso judicial documentado, al tiempo que deja claro que el \u00abjuicio\u00bb representa una respuesta jud\u00eda ritualizada ante la cat\u00e1strofe, m\u00e1s que un hecho real.&nbsp;<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"438\" height=\"438\" src=\"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/favicon.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-17\" style=\"width:70px\" srcset=\"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/favicon.png 438w, https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/favicon-300x300.png 300w, https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/favicon-150x150.png 150w\" sizes=\"(max-width: 438px) 100vw, 438px\" \/><\/figure>\n<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-article pdfprnt-bottom-right\"><a href=\"https:\/\/themastjournal.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/article\/1410?print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><span class=\"pdfprnt-button-title pdfprnt-button-pdf-title\">Print or Save as PDF<\/span><\/a><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dios es culpable. No hay otra forma de entender el car\u00e1cter de Dios que sea fiel a la Biblia y a nuestra experiencia vital.<\/p>\n","protected":false},"author":46,"featured_media":1379,"template":"","categories":[65,59],"volume_number":[185],"ppma_author":[129],"class_list":["post-1410","article","type-article","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-carisma-de-la-misericordia","category-fe-catolica","volume_number-v31-n2-es","author-avis-clendenen-es"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.2 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Vivir nuestros lamentos - The Mast Journal<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/vivir-nuestros-lamentos\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vivir nuestros lamentos - The Mast Journal\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Dios es culpable. No hay otra forma de entender el car\u00e1cter de Dios que sea fiel a la Biblia y a nuestra experiencia vital.\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/vivir-nuestros-lamentos\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"The Mast Journal\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2026-05-15T14:03:09+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/image-5.png\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"314\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"202\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/png\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Est. reading time\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"1 minuto\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/articles\\\/vivir-nuestros-lamentos\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/articles\\\/vivir-nuestros-lamentos\\\/\",\"name\":\"Vivir nuestros lamentos - The Mast Journal\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/articles\\\/vivir-nuestros-lamentos\\\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/articles\\\/vivir-nuestros-lamentos\\\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2026\\\/05\\\/image-5.png\",\"datePublished\":\"2026-05-15T12:56:42+00:00\",\"dateModified\":\"2026-05-15T14:03:09+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/articles\\\/vivir-nuestros-lamentos\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/articles\\\/vivir-nuestros-lamentos\\\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/articles\\\/vivir-nuestros-lamentos\\\/#primaryimage\",\"url\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2026\\\/05\\\/image-5.png\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2026\\\/05\\\/image-5.png\",\"width\":314,\"height\":202},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/articles\\\/vivir-nuestros-lamentos\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Home\",\"item\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Articles\",\"item\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/articles\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":3,\"name\":\"Vivir nuestros lamentos\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/\",\"name\":\"The Mast Journal\",\"description\":\"A Sisters of Mercy publication\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/#organization\",\"name\":\"The Mast Journal\",\"url\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2025\\\/03\\\/logo.png\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2025\\\/03\\\/logo.png\",\"width\":450,\"height\":185,\"caption\":\"The Mast Journal\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/themastjournal.org\\\/es\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\"}}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Vivir nuestros lamentos - The Mast Journal","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/vivir-nuestros-lamentos\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Vivir nuestros lamentos - The Mast Journal","og_description":"Dios es culpable. No hay otra forma de entender el car\u00e1cter de Dios que sea fiel a la Biblia y a nuestra experiencia vital.","og_url":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/vivir-nuestros-lamentos\/","og_site_name":"The Mast Journal","article_modified_time":"2026-05-15T14:03:09+00:00","og_image":[{"width":314,"height":202,"url":"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/image-5.png","type":"image\/png"}],"twitter_card":"summary_large_image","twitter_misc":{"Est. reading time":"1 minuto"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/vivir-nuestros-lamentos\/","url":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/vivir-nuestros-lamentos\/","name":"Vivir nuestros lamentos - The Mast Journal","isPartOf":{"@id":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/vivir-nuestros-lamentos\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/vivir-nuestros-lamentos\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/image-5.png","datePublished":"2026-05-15T12:56:42+00:00","dateModified":"2026-05-15T14:03:09+00:00","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/vivir-nuestros-lamentos\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/vivir-nuestros-lamentos\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/vivir-nuestros-lamentos\/#primaryimage","url":"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/image-5.png","contentUrl":"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/image-5.png","width":314,"height":202},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/articles\/vivir-nuestros-lamentos\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Home","item":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Articles","item":"https:\/\/themastjournal.org\/articles\/"},{"@type":"ListItem","position":3,"name":"Vivir nuestros lamentos"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/#website","url":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/","name":"The Mast Journal","description":"A Sisters of Mercy publication","publisher":{"@id":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/#organization","name":"The Mast Journal","url":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/logo.png","contentUrl":"https:\/\/themastjournal.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/logo.png","width":450,"height":185,"caption":"The Mast Journal"},"image":{"@id":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/#\/schema\/logo\/image\/"}}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/article\/1410","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/article"}],"about":[{"href":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/article"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/46"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1379"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1410"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1410"},{"taxonomy":"volume_number","embeddable":true,"href":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/volume_number?post=1410"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/themastjournal.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/ppma_author?post=1410"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}